Prueba de sangre podría identificar cáncer de mama

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MEC. Gisela Aguilar Martínez

El avance de la ciencia ha permitido el seguimiento de biomarcadores para detectar el riesgo de sufrir cáncer de mama en personas sanas. Con este método se permitirá realizar un seguimiento más exhaustivo de aquellas personas con mayor probabilidad de desarrollar un tumor, y así mejorar el tratamiento de la enfermedad en caso de que aparezca.

Esta técnica es poco invasiva y podría usarse de forma habitual como cribado molecular en pacientes con mayor índice de riesgo.

Datos estadísticos muestran que una de cada ocho mujeres desarrollará un cáncer de mama a lo largo de su vida. Para mejorar el tratamiento y las ratios de supervivencia de esta enfermedad es crucial detectarla lo antes posible, incluso mucho antes de que aparezcan los primeros síntomas o de que el tumor se observe en una prueba diagnóstica. Y eso podría realizarse con un sencillo análisis de sangre, según los resultados de numerosas investigaciones científicas. Los científicos dieron con cinco biomarcadores que permiten conocer el riesgo exacto de contraer esta enfermedad. De este modo podría llevarse a cabo un seguimiento más exhaustivo que permita anticipar el diagnóstico, lo que a la larga se traduciría en una mejora considerable del pronóstico y el tratamiento.

Se descubrio que las sustancias que mejor predecían el riesgo de desarrollar células cancerosas eran unas determinadas expresiones de microARN, moléculas presentes en fluidos corporales, como la sangre, la saliva o la orina, encargadas de desactivar algunos genes e impedir que se expresen algunas proteínas en las células. Se explica que la comparación de estas moléculas entre mujeres sanas y enfermas permite obtener una firma molecular basada en estos biomarcadores que es capaz distinguir claramente entre estos dos grupos de personas en función del riesgo.

Para llevar a cabo el estudio, los investigadores obtuvieron tejido tumoral y sano, además de muestras de suero de 96 pacientes con cáncer de mama, que compararon con el de 92 pacientes sanas. En todas ellas se analizaron hasta 30 marcadores de microARN que en estudios previos se había observado que eran capaces de diferenciar tejido normal y tejido tumoral. De entre todos los biomarcadores que se estudiaron se identificaron cinco (miR-125b, miR-29c, miR-16, miR-1260 y miR-451) que, según sus niveles de expresión génica, permitían saber si una muestra de suero determinada pertenecía a una paciente del grupo de control o a una con cáncer.

Los mismos investigadores validaron posteriormente los resultados con muestras de otro grupo de 20 pacientes con cáncer de mama y 60 mujeres sanas. En esa segunda prueba, explica la doctora, todas las pacientes con cáncer de mama verificaron la firma molecular que predice el riesgo de contraer la enfermedad. En otras palabras, no hay falsos negativos.

De entre todos los biomarcadores uno era el más sospechoso: miR-16. Como sucede con todos los microRNAs, miR-16 se encarga de silenciar varios genes y, por lo tanto, impedir que se formen las proteínas correspondientes. En este caso, miR-16 controla la proteína CD44, la cual que está directamente relacionada con un tipo de cáncer de mama muy agresivo. Se descubrió que unos niveles de miR-16 demasiado bajos se traducían en una expresión de CD44 elevada, lo que sugería un riesgo alto de contraer este agresivo cáncer de mama.

Para llevar a cabo el estudio, los investigadores obtuvieron tejido tumoral y sano, además de muestras de suero de 96 pacientes con cáncer de mama, que compararon con el de 92 pacientes sanas. En todas ellas se analizaron hasta 30 marcadores de microARN que en estudios previos se había observado que eran capaces de diferenciar tejido normal y tejido tumoral.

Los mismos investigadores validaron posteriormente los resultados con muestras de otro grupo de 20 pacientes con cáncer de mama y 60 mujeres sanas. En esa segunda prueba, explica la doctora, todas las pacientes con cáncer de mama verificaron la firma molecular que predice el riesgo de contraer la enfermedad. En otras palabras, no hay falsos negativos.

En este caso, las personas con más probabilidad de desarrollar la enfermedad podrían someterse a seguimientos más exhaustivos mediante ecografías, una práctica diagnóstica que resulta mucho menos agresiva y que supone un menor nivel de radiación que las mamografías. Por así decirlo, sería como trazar un hilo de sospecha que permita adelantarse al diagnóstico, ganando un preciado tiempo en la lucha contra una enfermedad contra la que cada día contamos con más y mejores armas.

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