La feminidad recobrada

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Nota.- Robert A. Johnson es un notable conferenciante y escritor de San Diego, ex alumno de Carlos Gustavo Jung,  autor de diversas obras en las que aborda el tema de lo femenino y lo masculino desde el punto de vista del respeto y la reivindicación de los derechos de la mujer.

Con el nombre de la feminidad recobrada nos cuenta una interesante historia del rey Arturo y la enigmática pregunta «¿Qué desean realmente las mujeres?». 

Siendo aún un muchacho, el rey Arturo fue sorprendido cazando en los bosques del reino vecino y fue hecho prisionero por su rey. Hubiera podido ser ejecutado inmediatamente, ya que la muerte era el castigo que se aplicaba por transgredir las leyes de propiedad. Pero el rey vecino se conmovió por la juventud y carácter encantador del joven Arturo, y le ofreció dejarle libre, si podía encontrar la respuesta a una pregunta muy difícil en el plazo de un año. La cuestión era; «¿Qué es lo que desea realmente una mujer?».

            Esta pregunta hubiera dejado perplejo al más sabio de los hombres y parecía imposible de superar por el joven. Pero era mejor que ser ahorcado, así que Arturo volvió a su hogar y empezó a preguntar a todas las personas con las que se encontraba. Rameras y monjas, princesas y reinas, sabios y bufones, todos fueron preguntados, pero nadie pudo dar una respuesta convincente. Todos estaban de acuerdo, sin embargo, en que existía una persona que podría saber la respuesta: la vieja bruja. El coste sería alto, ya que era un hecho conocido en todo el reino el que la vieja bruja pedía precios ruinosos por sus servicios.

            Se acercaba el último día del año y Arturo fue llevado finalmente a consultar a la vieja bruja. Esta estuvo de acuerdo en darle una respuesta que satisficiera al rey acusador, pero tenía que acordarse antes el precio. ¿Cuál era el precio? El matrimonio de la vieja bruja con Gawain, el más noble caballero de la Mesa Redonda, que era también el más antiguo y mejor amigo de Arturo. Éste miró horrorizado a la vieja bruja, que era fea, tenía un solo diente, exhalaba una aliento que hubiera enfermado a una cabra, hacia ruidos groseros y era jorobada. ¡Nunca se había visto algo mas repugnante! Arturo se amedrentó ante la perspectiva de tenerle que pedir al amigo de toda su vida que asumiera esta carga por él. Pero cuando Gawain se enteró del trato, estuvo de acuerdo en que no era algo excesivo hacerlo por su compañero y para preservar la Tabla Redonda.

            Se anunció la boda y la vieja bruja compartió su sabiduría infernal: ¿Qué desea realmente la mujer? Quiere el dominio de su propia vida. Todo el mundo supo al oír esto que era la gran sabiduría femenina la que había hablado y que Arturo se salvaría. Por supuesto, el rey acusador concedió a Arturo su libertad cuando oyó la respuesta.

            ¡Pero quedaba la boda! Toda la corte estaba presente y tan dividida como el mismo Arturo entre el alivio y la pena. Gawain estaba cortés, amable y respetuoso; la vieja bruja mostraba sus peores maneras: tragaba la comida sin hacer uso de los cubiertos y producía horribles ruidos y olores. En ninguna otra ocasión se había encontrado la corte de Arturo sometida a una tensión similar. Pero prevaleció la cortesía y se celebró la boda.

            Según la leyenda, la noche de bodas fue todavía peor y debemos correr un tupido velo de circunspección sobre los detalles, exceptuado un momento maravilloso. Cuando Gawain estaba preparado para el lecho matrimonial esperando a que la novia se uniese a él, ésta apareció como la doncella más encantadora que jamás hubiera podido desear un hombre. Lleno de asombro, Gawain le preguntó qué había sucedido. La doncella le contesto que como él había sido cortés con ella, le mostraría su parte repugnante la mitad del tiempo y su parte afable y bella la otra mitad. ¿Cuál de las dos escogería para el día, cuál para la noche? Es éste un cruel dilema para un hombre, y Gawain hizo un cálculo rápido. ¿Quería una doncella encantadora para mostrarla y que sus amigos pudieran verla durante el día, y tener a una repugnante bruja en la privacidad de su habitación durante la noche? ¿O quería una bruja repugnante durante el día y una adorable doncella en los momentos íntimos de su vida?

            Como Gawain era un hombre noble, le respondió que dejaría a la doncella escoger por sí misma. Al oír esto, la doncella le anunció que sería una fina damisela para él día y noche, puesto que le había respetado y otorgado el dominio sobre su propia vida.

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