La biblioteca de alejandría

Spread the love

La Biblioteca de Alejandría, sin duda alguna la más famosa de la historia, albergaba una cantidad desconocida de obras antiguas. Su destrucción por el fuego significó la pérdida irrecuperable de una parte sustancial de la historia intelectual del mundo. 

(Tomado del libro: The Fascinating Book of History, de Armchair Digest. Traducción de Félix Ramos Gamiño). 

LOS INICIOS BIBLIOTECARIOS

kinophilia.blogspot.com
kinophilia.blogspot.com

Las ciudades de la antigua Mesopotamia (e. g, Uruk, Nínive, Babilonia), y de Egipto (e. g. Tebas, Menfis) habían cultivado archivos y bibliotecas desde la Edad de Bronce, pero la idea de una biblioteca tan grande como la de Alejandría no ocurrió en la cultura griega, sino hasta la época Helenística, cuando las conquistas de Alejandro Magno pusieron tanto a Grecia como a esas antiguas civilizaciones bajo el dominio de Macedonia. Las bibliotecas griegas previas fueron propiedad individual. La más grande de ellas perteneció a Aristóteles (384-322 a. C.), cuya obra y escuela (el Liceo) en Atenas, fueron sostenidas por Alejandro. 

Cuando Alejandro murió de manera repentina en 323 a. C., sus generales dividieron su imperio en dinastías regionales. Las dinastías helenísticas compitieron entre sí durante tres siglos, (hasta que cada una fue conquistada, en su oportunidad, por Roma o por Persia). Cada dinastía ambicionaba dominio cultural, por lo que invitaban a famosos artistas, escritores e intelectuales, a vivir y trabajar en sus ciudades capitales. El general de Alejandro, Ptolomeo, que controlaba Egipto, decidió desarrollar una colección del saber mundial (la biblioteca), y un centro de investigación (el Museion, Museo o “Templo de las Musas”), donde los sabios, subsidiados, pudieran estudiar y añadir sus investigaciones a la colección. Es muy posible que esta idea haya sido de Phaleron (350-280 a. C.), asesor de Ptolomeo y ex gobernador de Atenas, quien había sido alumno en el Liceo, pero el gran proyecto se convirtió en una de las grandes metas de la dinastía de los Ptolomeos. Bajo el régimen del tercer Ptolomeo, se construyeron el Museo, una biblioteca real y una “hija” más pequeña, en el Templo de Serapis (el Serapeum), al tiempo que Alejandría crecía y se convertía en la capital intelectual y comercial del mundo helenístico. 

Egipto y Alejandría ofrecían a la dinastía de los Ptolomeos grandes ventajas para la realización de sus metas. Egipto no solo era inmensamente rico, lo que le daba facilidades para la compra de materiales y para llevar sabios a Alejandría, sino que también era el más importante productor de papiro, una caña de pantano, que era golpeada, hasta convertirla en una superficie plana, que después se hacía rollos para escribir y copiar. Alejandría era también el centro comercial del Mediterráneo, y por su puerto pasaban mercancías e información de todo el mundo.

BIBLIOMANÍA: TANTOS ROLLOS, TAN POCO TIEMPO

La adquisición de materiales para el museo y las bibliotecas se convirtió en una obsesión para los Ptolomeos. Aunque al principio enfocaron su atención en las obras griegas y egipcias, su interés incluía también la traducción de otras tradiciones al griego. Entre los esfuerzos más importantes en este sentido se encuentra la producción del Septuagint, una versión griega de las escrituras hebreas. Aparte de emplear agentes para recorrer los más importantes mercados de libros, y para buscar copias de obras aún no presentes en la biblioteca, a todos los barcos que llegaban a Alejandría se les exigía declarar todos los rollos que llevaran a bordo. Si eran de interés, los rollos eran confiscados y copiados, y a los propietarios se les entregaban las copias y una compensación. Es posible que Ptolomeo III (285-222 a. C.) haya adquirido en esta forma la colección estatal oficial de Atenas de las obras de Esquilo, Sófocles y Eurípides, mediante el depósito, como garantía, de 15 talentos de plata, mientras hacía que se copiaran las obras, para después renunciar al tesoro, con tal de conservar los originales. Sea esto verdad o no, nos da una idea del valor que concedía a la adquisición de obras importantes, y de los recursos que tenía a su disposición para lograrlo.

Los esfuerzos de Alejandría eran alimentados por una feroz competencia con el reino helenístico de Pérgamo (el moderno Bérgamo, Turquía), que creó su propia biblioteca. Cada biblioteca buscaba proclamar nuevos descubrimientos y producir nuevas ediciones, lo que las conducía a veces a la adquisición de falsificaciones y a bochornos ocasionales. Finalmente, Alejandría trató de boicotear a su rival mediante el corte de las exportaciones de papiro, pero Pérgamo perfeccionó un método para hacer material de escritura de las pieles de animales, (ahora llamado pergamino, del latín pergamina) y continuó incrementando sus colecciones. Empero, llegó el momento en que Alejandría tomó la ventaja, cuando el general romano Marco Antonio conquistó Pérgamo y regaló la biblioteca de la ciudad a su amante, la reina ptolemaica Cleopatra.

Los cálculos en cuanto al número de volúmenes con que contaba la Biblioteca de Alejandría van desde 200,000 hasta 700,000. Los cálculos resultan complicados, porque no queda claro si el número se refiere a obras o rollos. Algunos rollos contenían una obra; algunos, varias obras, y los trabajos extensos, como la Ilíada, ocupaban varios rollos. Con el paso del tiempo, evolucionó un complejo sistema de catalogación, que culminó en un estudio bibliográfico de las colecciones de la biblioteca, llamado los Pinakes. El estudio fue compilado por el gran sabio y poeta helenístico Calímaco de Cyrene (305-240 a. C.). Desgraciadamente, en la actualidad solo existen fragmentos de esta importante obra.

INCENDIO DE LA CASA

La Biblioteca Real y sus obras fueron incendiadas accidentalmente el año 48 a. C., cuando César, (que se había puesto del lado de Cleopatra en su reclamo del trono contra su hermano), trató de abrirse paso mediante el fuego, a fin de no quedar atrapado en el puerto por fuerzas enemigas. Pérdidas adicionales ocurrieron tal vez en el año 271 de nuestra era, cuando el emperador Aureliano destruyó parte del Museo, mientras recapturaba  Alejandría de las fuerzas de la reina Zenobia. La Biblioteca ”hija”, el Serapeum, fue finalmente destruida por los cristianos en la época del emperador Teodosio, casi en las postrimerías del siglo IV.

Pero, para entonces, muchos de los contenidos (como los contenidos de otras grandes bibliotecas cívicas de la antigüedad, habían decaído o habían caído en otras manos, con lo que la herencia clásica quedó diseminada y fragmentada durante siglos. Mucho tiempo después, los cristianos culparon del incendio de la biblioteca a los conquistadores musulmanes. Aunque esto dio pie para una buena historia, los legendarios contenidos de la biblioteca habían desaparecido desde hacía ya muchos años.

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back To Top
Spread the love