Jorge Pedraza Salinas
Enrico Caruso, el gran tenor italiano considerado el mejor del mundo de todos los tiempos, estuvo en México en el año de 1919. Del 22 de septiembre al dos de noviembre de ese año, ofreció seis funciones en el Teatro Iris y en la Plaza El Toreo de la Colonia Condesa en la ciudad de México. Fue esta la única ocasión en que este gran cantante estuvo en México.
De regreso a la ciudad de Nueva York, Caruso se detuvo a descansar en la ciudad de Saltillo, del miércoles 19 al sábado 22 de noviembre de ese año de 1919, tiempo durante el cual convivió con los saltillenses esta gloria de la ópera mundial.
Enrico Caruso, quien nació en Nápoles hace 140 años, el 25 de febrero de 1873 y falleció 2 de agosto de 1921, fue uno de los tenores más famosos de la historia de la ópera. Fue también el cantante más popular en cualquier género durante los primeros veinte años del siglo XX y pionero de la música grabada.
Caruso cantó en muchas de las más importantes salas de ópera del mundo, incluyendo La Scala de Milán y el Convent Garden de Londres. Además fue el primer tenor del Metropolitan Opera en Nueva York durante diecisiete años. El director Arturo Toscanini, dirigió algunas de las óperas donde Caruso cantó en el Metropolitan, el repertorio de Caruso era de unas sesenta óperas, casi todas cantadas en italiano, aunque también cantaba en francés y en inglés.
Fue el primer vocalista en grabar muchas canciones. Durante su carrera realizó cerca de 260 grabaciones y ganó millones de dólares con la venta de sus discos.
Hizo su debut el 16 de noviembre de 1894 en L’Amico Francesco de Morelli en el Teatro Nuovo de Nápoles. Continuó cantando en pequeños teatros del sur de Italia y estudiando con el director Vincenzo Lombardi hasta 1897. En mayo de ese año apareció en Palermo en La Gioconda y obtuvo su primer éxito verdadero.
Caruso debutó en Buenos Aires en 1899 y cantó El Elixir de Amor en el Teatro San Carlo de Nápoles, en 1901. Durante la segunda década del siglo XX también cantó en España, Alemania, Austria y Francia. Pero el teatro en el que actuó más a menudo fue el Metropolitan, donde fue contratado en forma continua desde 1902 hasta 1920. Su última actuación en público fue en La Juive de Halevy en el Metropolitan el 24 de diciembre de 1920. Murió de pleuresía.
La excepcional atracción de su voz estuvo, de hecho, basada en una fusión de características de barítono y de tenor que le permitían pasar fácilmente de tonos suaves y cuidadosos a otros impetuosos y apasionados.
Las cualidades de la voz de Caruso le permitieron abordar el repertorio lírico italiano y francés (Fausto, Los Pescadores de Perlas, Manon, Manon Lescaut, La Boheme y Tosca) tan bien como las óperas más livianas del siglo XIX como El Elixir de Amor o Martha. Además, fue un notable intérprete de Verdi y de grand-opera (Rigoletto, Un Baile de Máscaras, La Fuerza del Destino, Aída, La Judía, La Africana, Sansón y Dalila). Desde entonces surgió la leyenda de Caruso, considerado el más grande tenor del sigloXX.
El repertorio de Caruso era de unas sesenta óperas, casi todas cantadas en italiano, aunque también cantaba en francés y en inglés (con un fuerte acento italiano). En 1902 grabó el primer disco con un millón de ejemplares.
A la ciudad de México llegó el 22 de septiembre de 1919. Aquello fue todo un acontecimiento. En la Capital mexicana habría de permanecer hasta el dos de noviembre (día de difuntos). Durante ese tiempo ofreció seis funciones en el Teatro Iris, en donde las entradas costaban 20 pesos y en la Plaza El Toreo de la Colonia Condesa, donde ahora está El Palacio de Hierro. En este último sitio, el costo de las entradas era de seis pesos.
Durante su estancia en la ciudad de México paseó por toda la ciudad. Incluso estuvo en Xochimilco. En aquel entonces era Presidente de la República, don Venustiano Carranza.
