Octavio Paz en Monterrey

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Jorge Pedraza Salinas

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Al cumplir los 80 años –hace dos décadas–, el poeta Octavio Paz reflexionaba así:

–Ochenta años… No los he vivido todos. La vida no solamente es plenitud: son fallas, fracasos, angustias, desesperaciones. La plenitud es instantánea. Es un don, una gracia. Pero no es eterna. Estamos hechos de tiempo, y el tiempo tiene muchas caídas, muchos vericuetos, muchos momentos de ausencia, de angustia. La vida es una aventura.

Octavio Paz, cuyo centenario recordamos en estos días –31 de marzo–, estuvo en Monterrey por lo menos en tres ocasiones. En 1955, participó en eventos de la Escuela de Verano y de los Cursos de Invierno de la entonces Universidad de Nuevo León. Por lo que respecta a estos últimos, dictó una serie de conferencias, la primera de ellas el 14 de febrero sobre el tema: “La creación poética”. 

Ocupaba la Rectoría por aquel entonces el siempre añorado maestro don Raúl Rangel Frías, a quien cupo el honor de presentar al poeta ante el expectante auditorio universitario.

Expresó Paz en esa ocasión que “el poema es tan antiguo como la existencia misma del hombre. Apenas habla y hace poemas. A lo largo de la historia del hombre, la poesía parece acompañarlo siempre. Si no es fácil conocerla, sí lo es reconocerla. Sin mostrarse se revela. Es una presencia antigua que regresa siempre y siempre se fuga.

PERSISTENCIA DE LA POESÍA

“Esta persistencia de la poesía, –agregó–, no ha dejado de inquietar a los filósofos. Para algunos de ellos, la poesía ha sido una de las expresiones más altas del hombre. Para Homero, la poesía es una educadora del alma. Hesíodo la considera como reveladora del origen del hombre. Platón piensa que es una actividad peligrosa que hay que desterrar de la ciudad. Éste mismo dice que la poesía es de rango inferior, porque la considera como una copia de la copia de la idea, porque la misión de la poesía es imitar lo que ven los ojos, que no es sino una copia de una copia de las ideas, de las esencias. Estas últimas opiniones o conceptos de la poesía contienen ideas contradictorias.

“Y según el concepto moderno, la poesía es obra de seres soñadores que no afectan a las cosas ni el destino de los hombres, Pero, a pesar de juicios tan distintos, claramente percibimos, en la poesía, algo extraordinario: su persistencia. El poema es un fenómeno que se manifiesta en toda sociedad humana. Y aun en aquéllas en que se le ha juzgado como algo inútil, la poesía se ha dejado sentir en mil formas. No sería ahora ocioso preguntar si hay un decir poético, algo que solamente la poesía pueda decir; si tiene un valor tan importante o carece de significación. Así como hay un decir de los filósofos, de los físicos, de los matemáticos, etc…, así debemos saber si lo que dice el poeta con imágenes y motivos se puede expresar de otra forma. Recordemos entonces los distintos conceptos de la poesía, del poema.

“Bécquer ha dicho que poesía es la mujer amada. Si confrontamos este concepto con el de Platón, vendría un conflicto irreductible. Aristóteles expresa que es una reproducción imitativa de la naturaleza. Freud, en su Psicoanálisis, alude a la poesía como una expresión sublimada de los deseos de los sueños del hombre, que de otro modo se expresaría en neurosis. Para Marx, sólo es una superestructura.

“Si intentáramos armonizar todas estas concepciones contradictorias, produciríamos un fantasma. Serían muchas ideas, y es muy posible que todas ellas sean ciertas parcialmente, ya que corresponden a una experiencia de la poesía. Puesto que cada sistema tiene sus características, si los uniésemos en uno solo, el método ecléctico estaría condenado al fracaso.

“Todos ellos han partido de una experiencia personal. Nuestro análisis, en consecuencia, partirá, como el de ellos, del poema. El poema es la forma de cristalización de la poesía. Y al preguntarle al poema por el ser de la poesía, ¿no confundiríamos arbitrariamente poesía y poema? Ya Aristóteles decía que nada hay de común, excepto la métrica, entre Homero y Empédocles; y por esto, con justicia, se llama poeta al primero y fisiólogo al segundo. No todo poema o, para ser exactos, no toda obra constituida bajo las leyes del metro contiene poesía. ¿Pero esas obras métricas, nos preguntamos, son verdaderos poemas o artefactos retóricos? Un soneto no es un poema, sino una forma literaria, excepto cuando ese mecanismo retórico –estrofas, metro y rimas—ha sido tocado por la poesía. Por otra parte, hay poesía sin poemas.

“Ortega y Gasset nos dice que no debemos abusar del lenguaje; que nada autoriza a señalar con el mismo nombre a los poemas homéricos, los Upanishad, los sonetos de Quevedo, las fábulas de Iriarte y el Cántico Espiritual. Esta diversidad se ofrece a primera vista como hija de la Historia. Cada lengua y cada nación engendran la poesía que el momento y su genio particular les dicta. El hombre es un ser histórico, pero es algo más. Ese algo más le permite tener conciencia de su historicidad, y así trascenderla. La historia nos esclarece el sentido general de una tendencia hasta desentrañar el porqué y el cómo de un poema. Pero nunca podrá decirnos qué es un poema. En realidad, solamente constituye un auxiliar de la literatura. Como toda creación, el poema trasciende lo histórico. De aquí que la historia no pueda darnos la clave para penetrar en el centro del poema. En cambio, la poesía sí nos abre las puertas de la comprensión histórica. Es el testimonio de una época, y al propio tiempo es algo más: algo irreductible, solitario y único.

“López Velarde y Alfonso Reyes viven la misma época, y en cambio su poesía es muy distinta. Existe la lucha interna de la personalidad. Además, las obras de cada creador tienen vida propia. Y aun en la obra de un mismo autor encontramos diversidades. Los poemas son obras hechas por los hombres y tienen su característica propia. No es una obra técnica capaz de repetición. Si perdemos una obra poética, lo perderemos todo. Los distintos estilos nacen y mueren, pero las obras las leemos trascendiendo su estilo, su lenguaje. En consecuencia, cada obra representa una totalidad singular que no se puede reducir a otra. Lo único que en común tiene toda obra poética y toda obra técnica es que son obras del hombre, creadas por él. Pero la obra técnica se mueve en la historia, mientras la creación poética parece, por lo contrario, estar fuera del tiempo. Entonces, sí es lícito preguntar al poema por el ser de la poesía, ya que Ortega y Gasset parece estar equivocado en su opinión historicista”.

Hasta aquí, parte de la conferencia dictada por Octavio Paz. Merece mención el hecho de que a partir de esa visita a Monterrey y de sus conferencias ante la comunidad universitaria, se fortaleció la relación ya existente entre Paz y Rangel Frías, y se estableció entre ellos un interesante intercambio epistolar.

SU AMISTAD CON RANGEL FRÍAS

Paz admiró la obra de Rangel Frías como rector y como gobernador. Esto último quedó plasmado en la carta que, desde París, dirigió a don Raúl el 8 de diciembre de 1961, recién terminado el mandato de éste al frente de los destinos de Nuevo León.

Dice la epístola:

“Muy querido Raúl:

“Gracias por tu carta del 22 de noviembre. No he recibido aún las dos publicaciones de que me hablas. Cuando me lleguen, las leeré con mucho interés. Tu obra como Gobernador ha sido, a mi juicio, ejemplar. Lo que has hecho por la Universidad de tu Estado, por sabido se calla.

“Recibí, hace unos días, tu Discurso Final, pronunciado ante los universitarios de Monterrey. Entre todo lo que dices, destaco una frase que me hace recordar nuestra juventud: Nuestros maestros son los jóvenes. Eso es lo que se olvida con mucha frecuencia en México –y en todas partes.

“Un abrazo afectuoso.

“Octavio Paz”.

 

El poeta volvió a Monterrey en 1994, para dictar una conferencia sobre «Cómo y por qué escribí El laberinto de la soledad, en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, con motivo de los 50 años de existencia de esa casa de cultura.

PRESENCIA PERURABLE

Por esas fechas, el suscrito había dicho: «todo indica que todavía tendremos Paz para rato. Esto nos da mucho gusto por él, por sus amigos, por su Patria y por nosotros. Ha llegado a este momento rodeado del reconocimiento de sus contemporáneos y con una obra de la que cualquier escritor, de cualquier época y de cualquier país podría sentirse orgulloso. Pero lo más importante de todo es que aún tiene mucho que aportar y el aliento para hacerlo».

Sin embargo, como dijera el Premio Nobel de Literatura 1990, la vida no es eterna. Paz falleció el 19 de abril de 1998, a las 22:35 horas, en la capital de la República. El mundo de las letras, el mundo de la cultura perdió a un gran ser humano. Su desaparición física, no por esperada –llevaba ya varios meses agobiado por el cáncer, que al fin cobró su cuota— deja de ser dolorosa. A Paz lo llora México y lo llora el mundo entero. Nos queda, sí, su obra y, a través de ella, su presencia perdurable.

 

 

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