Horacio Salazar
Amiga lectora; amigo lector: ustedes disculparán la efusión personal, pero ando como niño con juguete nuevo, y no podía ser de otro modo: este martes por la tarde llegó a mi oficina un paquete de FedEx que contenía, ¡viva!, el primer ejemplar de El ombligo de Edipo, bajo el sello de Editorial Debate, parte del acervo de Random House Mondadori. Para no andar con cuentos largos, se trata de un libro que contiene diez ensayos históricos sobre la ciencia, la sociedad, la curiosidad y esos menjurjes.
Francamente no me toca a mí decirlo, pero es un libro que escribí y reescribí con cuidado y mucho cariño, que cumple decentemente su papel y sobre todo que pone de relieve algunos mensajes que me parecen apropiados.
Desde mi remota adolescencia, cuando disfruté las diarreas verbales de Isaac Asimov, para pasar luego a las delicias de Carl Sagan y luego a las erudiciones deslumbrantes de Stephen Jay Gould, me convertí plenamente al disfrute de la ciencia.
Como muchos otros, descubrí poco a poco que el mundo tiene mucho de inteligible, que las cosas están relacionadas y eslabonadas, y que la mayor parte de los miedos son hijos de la ignorancia. Me prometí entonces, hace más años de los que quisiera tener, que haría mi parte por compartir ese gozo del descubrimiento entre quien se dejara.
Y por eso desde entonces una ruta natural de mis propias diarreas verbales ha sido la divulgación de la ciencia, quizás no tanto vista como gusto (Martín Bonfil) o como cultura (Carlos López Beltrán), sino más bien como la llave a una perspectiva organizada de la realidad.
El ombligo de Edipo se inscribe plenamente en el cumplimiento de esa promesa interna. Es un libro escrito para leerse con gusto, para entender a la ciencia no como un proceso de torre de marfil sino como una tarea humana, con todo lo que ello tiene de excelso y de rastrero, pero sobre todo con lo que tiene de social.
Ojalá este libro, que pronto estará en librerías de todo el país, ayude aunque sea mínimamente a esa tarea tan necesaria de nuestra comunidad científica: la de poner a la ciencia en el sitio que le corresponde: el de motor del desarrollo.
Como todo escritor, tengo en el morral mucho más qué contar. Pero sólo lo haré si en verdad aportan algo. Así que les pido, amigos y amigas, que me ayuden en la tarea de enjuiciar los méritos que este libro pudiera tener. Gracias.

