Por Martín Bonfil Olivera
Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM
El próximo viernes por la tarde, como ya todos sabemos, llegará Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco, a México.
Los preparativos para su estancia en nuestro país han sido sonados y, en mi opinión, bastante exagerados. Y ha sido ya muy comentado y criticado el dispendio que representan.
Dos ejemplos. Uno, el del Gobierno de la Ciudad de México, al tapizar los espacios públicos de la capital con propaganda pagada con dinero público que da la bienvenida al Papa y le dice que “ésta es su casa”. Y al organizar una ceremonia masiva en el Zócalo para entregarle las llaves de la ciudad (que, según se comenta, normalmente se entregan en una ceremonia discreta en el Palacio de Gobierno). Por no hablar del cierre de calles y estaciones del Metro y Metrobús, la suspensión del paseo ciclista dominical sobre el Paseo de la Reforma (que se llama así, no “Avenida Paseo de la Reforma”) y el cierre de escuelas en el Centro Histórico.
Segundo ejemplo: el del Gobierno de Michoacán, que ha gastado encarísimos anuncios espectaculares, incluso en la Ciudad de México, anunciando que ese estado “recibe con el alma” al pontífice. Además,como reportó ayer Francisco García Davish en Milenio Diario, el uso de dinero del erario estatal para incluir el hashtag #PapaEnMorelia en la camiseta del equipo de futbol Monarcas, lo cual, además de violar la constitución, como todo uso de dinero público para promover eventos religiosos, contraviene también los códigos de ética de la Federación Mexicana de Futbol (Femexfut) y de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), que obligan a los equipos de futbol a “mantener una posición neutral ante asuntos de carácter religioso o político”.
Vivimos, hay que recordarlo, en un Estado laico establecido por nuestra Constitución. Dicho laicismo es indispensable, como el especialista en religión Roberto Blancarte se ha cansado de explicar en su columna de los martes en ese mismo diario, para garantizar el trato equitativo del Estado hacia las distintas religiones presentes en el país (que son muchas, aunque la iglesia católica quiera hacer parecer que es la única) y hacia la creciente población no religiosa (de la cual este columnista orgullosamente forma parte).
Se ha tratado de justificar el gasto y promoción de la vista papal argumentando que “se trata de una visita de Estado”. No es así: ya las autoridades eclesiásticas han aclarado que es una visita pastoral. En todo caso, a ningún otro jefe de Estado se le ha dado un trato y una promoción similar, como tampoco –por suerte– a ningún otro líder religioso que haya visitado nuestro país.
El Estado laico y la separación iglesia-Estado son indispensables para cualquier democracia verdadera. En el caso mexicano, se trata también de una necesidad producto de nuestra historia: no olvidemos la guerra civilemprendida de 1926 a 1929 por los cristeros contra el gobierno, en protesta por las reformas para quitarle a la iglesia católica su enorme poder político y económico, y que produjo unos 250 mil muertes (como comparación, la guerra contra el narco entablada durante el gobierno de Felipe Calderón ha producido, de 2007 a la fecha, 185 mil muertos, según reporte de SinEmbargo.com, 6 de febrero de 2016).
El pensamiento religioso, basado en la fe, ha estado siempre reñido con el pensamiento crítico, basado en la evidencia y el razonamiento lógico. La educación religiosa valora el creer en algo sin necesidad de evidencias; el pensamiento crítico enseña a exigir razones para creer en algo. Por ello, la enseñanza de la religión es un obstáculo para el desarrollo del pensamiento crítico que requiere un ciudadano en una democracia –donde se espera que tome decisiones razonadas basadas en evidencia confiable– y para el fomento del pensamiento científico. No en balde el artículo tercero constitucional prohíbe la enseñanza religiosa en las escuelas públicas y exige una enseñanza basada “en los resultados del progreso científico”.
La visita del Papa Pancho, como cariñosamente le llaman muchos, puede ser un agradable suceso social. Lo preocupante es que sirva para promover una forma de pensamiento que se contrapone al pensamiento crítico que tanta falta hace en nuestro país. Preocupa, sobre todo, que dicha promoción se haga con dinero público de un Estado que, se supone, debiera ser rigurosamente laico.
http://lacienciaporgusto.blogspot.mx/2016/02/papapancho-en-mexico.html

