Para qué sirve la evaluación

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Por Ismael Vidales Delgado

Entre 1999 y 2003 me desempeñaba como Director General de Educación Normal y Actualización del Magisterio en la SEP, el ámbito de mi competencia era el de las escuelas normales del país y los jardines de niños, primarias y secundarias anexas.

En una de estas escuelas, cuya identidad no revelaré, por razones obvias. Un buen día, se me informó que una alumna sería expulsada porque había reprobado cuatro materias y de acuerdo con el Reglamento Oficial, no había otra alternativa.

Observé que la alumna llevaba el apellido de un líder magisterial sumamente violento que prácticamente cada semana daba de qué hablar en la capital y en la prensa, así que recomendé a la revisión del caso. Se me argumentó que el caso estaba analizado amplia y cuidadosamente y que no se daría marcha a atrás. Llegó el día, el padre de la alumna fue citado en la escuela para hacerle entrega de su hija y del expediente respectivo.

El líder, estuvo muy correcto, atento y respetuosamente solicitó que le fuesen entregados los exámenes que había reprobado su hija, petición que fue atendida de inmediato.

Expediente en mano, se trasladó de inmediato a una oficina de la UNAM especializada en didáctica y pedagogía y solicitó una evaluación técnica de los exámenes. La evaluación puso en evidencia a los autores o las autoras de dichos exámenes, pues el dictamen era en el sentido de que tales instrumentos adolecían de infinidad de defectos técnico-pedagógicos que hacían imposible su validez para evaluar y recordaba a la autoridad de la escuela que la evaluación no debió sustentarse únicamente en los exámenes escritos que fueron utilizados para justificar la expulsión.

Con dicho dictamen técnico, el padre de la jovencita obtuvo fácilmente una Recomendación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos para que su hija fuese reintegrada a la escuela, donde concluyó satisfactoriamente sus estudios ese mismo año.

Esta práctica probadamente ineficaz se aplica hoy por la SEP para el ingreso, permanencia, promoción y reconocimiento a los maestros. ¡La evaluación es punitiva por antonomasia! Imagine, estimable lectora, que por la mañana se arregla lo mejor posible para ir a un desayuno con sus amigas, ya en la puerta su esposo la mira de arriba abajo y sin más le pregunta ¿Así te vas a ir? Esa evaluación aparentemente ingenua, le echó a perder el día. O usted, amigo lector, se esmera por entregar su informe de trabajo lo mejor posible en tiempo y forma, y su jefe le dice: déjalo con la secre, a ver si tengo tiempo de verlo este mes.

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