Gabriel Leyva
Se ha hablado bastante últimamente sobre el rol que las redes sociales han tenido en recientes revoluciones alrededor del mundo, especialmente en el medio oriente. La idea es que las redes sociales como Facebook y Twitter permiten que la gente se organice alrededor de causas comunes en un escala masiva. Un líder revolucionario potencialmente podría acceder a toda la población con Internet a través de estos métodos. Esto ha creado la esperanza de una nueva era de libertad democrática gracias al poder de la tecnología. Pero el valor revolucionario de estas redes sociales ha sido sobreestimado, y es importante que entendamos cual es su verdadera función.
La idea comenzó en 2009 cuando hubo protestas sobre una elección supuestamente fraudulenta en Moldova. Los protestantes se organizaron a través de Twitter, por lo cual se los medios empezaron a llamar a este evento la revolución de Twitter. La siguiente instancia fue en Irán, donde también hubo protestas tras alegaciones de que el gobierno había arreglado las elecciones. La juventud de Irán uso Facebook y Twitter para organizare y el resto del mundo pudo seguir lo que estaba pasando a pesar de los esfuerzos del gobierno para esconderlo. La organización de la insurrección en Tunicia que culmino con la expulsión del presidente Zine El Abidine también ha sido atribuida a Facebook . también ha sido atribuida al sitio de Internet Wikileaks, el cual trajo a la luz varios actos de corrupción cometidos por el gobierno de Tunicia. Mas recientemente esta el caso de la revolución en Egipto. Según algunos comentadores los protestantes usaban Facebook para programar protestas, Twitter para organizarse, y Youtube para enseñarle al mundo lo que estaba pasando.
Es fácil entender por que la idea de las redes sociales como herramienta revolucionaria ha ganado tanta tracción. Para los medios de comunicación la narrativa que esto presenta es muy atractiva. La nueva generación derrocando a la vieja guardia usando nueva tecnología que la dictadura corrupta no entiende es una historia con la que cualquiera se puede identificar y es fácil convenirla en buena televisión y noticias interesantes. Además de que es simple de reportar ya que no se necesita la presencia física de reporteros y camarógrafos en situaciones potencialmente riesgosas. Uno puede simplemente meterse a Internet y usar la información que se sube a Facebook y Twitter como fuente. A la gente que usa las redes sociales les da la idea de que al usar Facebook o Twitter no están procrastinando en el trabajo, están contribuyendo a una causa importante. Apoyar una causa a través del Internet no requiere a veces mas que un solo clic y es completamente insignificante dentro del gran esquema de las cosas, pero nos hace sentir bien.
Pero con un poco de análisis podemos ver por que las redes sociales no son un método muy efectivo para organizar desobediencia civil. Primero que nada la naturaleza abierta de estas hace que sea muy difícil organizar algo en secreto. Si uno crea un evento en Facebook anunciando una protesta contra el gobierno, es muy posible que algún informante o agente del gobierno en cuestión se entere. Con esta información, el estado puede estar preparado para la protesta y ya tener policías y fuerzas armadas listas para suprimirla. Claro que es posible crear un evento privado, pero para mantener el secreto se necesita un grupo pequeño de personas, lo cual limita severamente la efectividad de la red social como método de organización. Además la información personal en Facebook no es exactamente privada. Si las compañías usan nuestra información en Facebook para tratar de vendernos productos, que tan difícil puede ser para un gobierno usar esta información para capturar disidentes?
Así mismo, si los revolucionarios usan Twitter para organizarse, cualquiera puede hacerse pasar por protestante y usar Twitter para esparcir mala información y mentiras. Pero no es necesario que esto sea perpetrado por el estado, cualquiera puede causar confusión con información incorrecta ya sea por diversión o por hacerse pasar como parte del movimiento sin realmente serlo. Y ni siquiera tiene que haber intenciones maliciosas para que algo así ocurra. Debido a la naturaleza de Twitter, es muy comun que mentiras o datos poco confiables se esparzan por terceros sin que estos se den cuenta. Esto fue lo que paso en Irán, donde gran parte de los “tweets” eran hechos por personas que habían cambiado su información para decir que Vivian en Irán.
Otro problema es que la infraestructura del Internet puede ser fácil de sabotear dependiendo de cómo estén localizadas las líneas de comunicación. En el caso de Irán, no hay muchas “tuberías” de Internet y hay tan solo unos cuantos lugares donde se concentra. Esto permitió que el gobierno de Irán pudiera interferir con la funcionalidad del Internet, alentando su uso. Otros medios mas comunes de organización como mensajes de texto o a través de contacto real son mas complicados de sabotear. En un país mas desarrollado es mucho mas difícil hacer algo así ya que las líneas están mucho mas distribuidas, pero en los países donde hay mas posibilidad de insurrección y revolución es mas probable que estas estén mas localizadas y por lo tanto vulnerables.
En general la idea de usar redes sociales para derrocar a un gobierno depende de la fantasía de que un estado conservador y anti democrático esta tan atrapado en su tradicionalismo que se vuelve incapaz de usar la tecnología a su favor, pero este simplemente no es cierto. Otra razón por la cual algo así no es posible es que las redes sociales no son tan populares en países en desarrollo como nos gustaría pensar. Por ejemplo, se estima que en Irán tan solo había alrededor de 1000 usuarios de Twitter durante las protestas del 2010.
Pero esto no significa que las redes sociales no puedan jugar un papel importante en una revolución. Aunque su efectividad como herramienta de organización es limitada, si son muy útiles para crear conciencia en la comunidad internacional. Vivimos en una era en la que cualquier evento importante puede ser filmado con un teléfono celular y luego ser subido a Internet para que todo el mundo lo pueda ver, y por lo tanto se ha vuelto considerablemente mas difícil que los gobiernos escondan sus atrocidades. Las redes sociales han contribuido a la creación de una verdadera comunidad global, y eso si tiene mucho valor. A pesar de que expresar apoyo por alguna revolución a miles de kilómetros de distancia a través de Facebook o Twitter es algo frívolo, este tipo de acciones nos dejan ver lo lejos que hemos llegado. Tal vez la revolución no será televisada como dice la canción de Scott-Heron, pero puede que si sea twitteada.
