
Ismael Vidales
El Ateneo de la Juventud Mexicana fue una asociación civil formada por jóvenes –y no tan jóvenes- intelectuales mexicanos que tenía como propósito erradicar la forma de ver y pensar la cultura, especialmente la que se sustentaba en el positivismo, para ofrecer un nuevo sustento a la educación y al desarrollo del país tomando como semillas de cambio las humanidades impulsadas por personajes como Antonio Caso, José Vasconcelos, Alfonso Reyes y Diego Rivera, por mencionar algunos.
Se integró básicamente por estudiantes o egresados del nivel superior, hartos del viejo régimen porfirista y del grupo de intelectuales (los científicos) que hacían presencia en diferentes ámbitos de la vida cultural ya que como Alfonso Reyes decía: “El porfiriato daba síntomas de caducidad y la paz proclamada por el régimen también envejecía”.
Estos jóvenes apenas contaban con incipientes publicaciones de artículos, poemas o ensayos, pero comenzaron a sembrar nuevas inquietudes, metas, rumbos e ideales en la educación, las artes y la cultura, creando centros dedicados a impartir y dar importancia a los temas humanísticos, culturales y artísticos. Estos jóvenes fundaron en 1909, -como bien lo ha documentado la investigadora Susana Quintanilla, en su libro: “Nosotros. La juventud del Ateneo de México”, «La historia intelectual mexicana del siglo XX comienza»- una revista de escasos números y poca circulación titulada “Nosotros”.
Los ateneístas llamaban al gobierno a «dotar» a la educación de México de una visión más amplia que rechazara el determinismo biológico, el racismo y que encontrará una solución a los problemas causados por los ajustes sociales generados por los grandes procesos de cambio que en México se estaban generando, como la industrialización y la urbanización.
La creación del Ateneo de la Juventud Mexicana iba en contra de una educación oficial científica y positiva establecida en el porfiriato, la cual había alejado de las aulas el cultivo de las humanidades. Ellos crearon la Universidad Popular Mexicana que prácticamente era ellos mismos dando charlas en los sindicatos, salones y parques; y centros dedicados al arte, y finalmente lograron que las humanidades volvieran al currículo escolar. Además el Ateneo, que luego se llamaría Ateneo de México, propuso la libertad de cátedra y de pensamiento a fin de reafirmar los valores culturales, éticos y estéticos en México y lograr que emergiera una nueva realidad social y política, dejando a un lado el nacionalismo que devino en una pasión por otras culturas como la francesa, alemana y norteamericana; así Ateneo, logró la reivindicación del humanismo sin perder, sino acrecentar, el amor a nuestra Patria.
Decía Antonio Caso: «Volved los ojos al suelo de México, a los recursos de México, a los hombres de México… A los que somos en verdad».
El Ateneo de la Juventud llegó a tener cerca de cien miembros y vivió hasta 1914.
