¿Vida en otros mundos? (Parte 1 de 2)

Spread the love

Roberto Gallardo E.

Sin lugar a dudas muchos de nosotros hemos sentido humildad al ver una noche estrellada y darnos cuenta de lo insignificante que somos y preguntarnos: ¿seremos los únicos en este inmenso universo?

Esta pregunta ha sido debatida por miles de años desde los antiguos griegos hasta recientemente entre astrobiologos y astrónomos de la NASA. Y es que la lógica nos orilla a pensar que sería realmente imposible que fuéramos los únicos en este vasto universo.

Sin embargo, lo contrario es precisamente argumentado por Peter D. Ward y Donald Brownlee en su libro Rare Earth. Ward, un paleontólogo, y Brownlee, un astrónomo, concluyen que las posibilidades de que exista vida compleja e inteligente, como la que existe en la tierra, en otros lugares del universo son inexistentes. Aunque los autores admiten que probablemente vida microscópica (bacterias, etc.) es bastante común en el cosmos, vida compleja e inteligente es muy rara.

Ward y Brownlee mencionan que hay muchos factores que dan la pauta para permitir que vida compleja e inteligente exista (nota: los autores se refieren a vida como la conocemos nosotros ya que la única muestra que tenemos es nuestro propio planeta). Muchos de estos factores no están bajo nuestro control y son atribuidos meramente a la suerte, obvio sin considerar la intervención de un Dios.

Los factores son los siguientes:

(1) Un sol con una densidad tal que genere radiación y calor de manera mas o menos estable por miles de millones de años. De hecho, estrellas como nuestro sol son la minoría en el universo – 95% de las estrellas en el universo son menos densas que nuestro sol – ya que la gran mayoría son estrellas denominadas red dwarfs que generan mucho menos calor y radiación que nuestro sol).

(2) El planeta debe estar a la distancia perfecta del astro (o en el llamado habitable zone – con un astro de menor densidad esta zona se encuentra mucho mas cerca de la estrella causando que el planeta le de la misma cara al astro todo el tiempo) considerando que la generación de calor y radiación aumenta conforme el astro envejece. Por ejemplo, el sol era 30% menos brillante hace 4 mil millones de años.

Así mismo, la ubicación del sol dentro de la galaxia debe estar justo en un área donde no haya una alta concentración de estrellas ya que zonas con un alta concentración de estrellas tienden a ser estrellas “viejas” y con un bajo índice de elementos pesados como carbono, oxígeno, o hierro (ver factor 4) sin mencionar que entre mas concentración de estrellas exista, las posibilidades aumentan de ser afectados por rayos gamma y/o supernovas.

(3) El planeta debe tener una atmósfera que ayude a regular la temperatura del planeta para que no caiga en extremos y pueda existir agua en estado líquido. También, la atmósfera protege al planeta generando fricción y desbaratando meteoros o asteroides de un tamaño tal que causaría daños al planeta mas no al grado de la extinción.

(4) El planeta debe tener un campo magnético que brinde protección a la atmósfera del “viento” solar (este campo magnético es generado por elementos pesados como hierro que existen en el centro de la tierra – hasta ahora la mayoría de planetas descubiertos son gigantes gaseosos como Júpiter).

(5) Deben existir planetas “escudo” como Júpiter o Saturno a una distancia perfecta y con órbitas circulares (ya que de otro modo terminan por “expulsar” del sistema solar a los planetas mas pequeños) para proteger al planeta de extinciones debidas a impactos de cometas o asteroides más grandes.

(6) La rotación del planeta debe ser estable y no variar mucho (en nuestro caso la luna – que se aleja a una velocidad de 4 cm de nosotros por año – estabiliza el ángulo al cual rota la tierra). El caso de la luna es raro ya que la proporción del tamaño de la luna, así como su distancia, es ideal para estabilizar la rotación de la tierra.

(7) Placas tectónicas que funcionan como un termostato y regulan la temperatura (en nuestro caso movimientos tectónicos ocurren debido a la diferencia en viscosidad entre la corteza y el área debajo de la corteza y al inmenso calor irradiado desde el centro de la tierra que genera corrientes de convección). Placas tectónicas permitieron la formación de tierra y a su vez, el ciclo de generación y destrucción de tierra funcionan como termostato regulando la cantidad de CO2 en la atmósfera.

Estos son algunos de los factores principales mencionados por los autores.  Los autores argumentan que si incluimos estos factores a la famosa ecuación de Drake, el número de planetas con potencial de albergar vida compleja e inteligente se disminuyen a casi cero.

En primera instancia pareciera que la existencia del homo sapiens en este planeta ha sido debido a que hemos tenido mucha suerte o incluso “milagrosa”. Pero, ¿si somos los únicos? En la segunda parte analizaremos otra perspectiva cuyo argumento central es: sólo es cuestión de tiempo para confirmar que no somos los únicos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back To Top
Spread the love