Impacto de las estancias posdoctorales en el fortalecimiento de líneas de investigación

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Leticia M. Torres Guerra

Departamento de Ecomateriales y Energía Instituto de Ingeniería Civil / UANL

lettorres@yahoo.com

Para analizar la influencia de las estancias posdoctorales en las diversas instituciones de educación superior, en los centros públicos de investigación o en el sector productivo de nuestro país, podríamos empezar buscando reflexionar sobre lo siguiente:

¿Cuáles son los objetivos principales de realizar estancias posdoctorales?

¿Quiénes son los interesados en realizarlas?

¿A quiénes les podría interesar recibir a un doctor para que haga una estancia de este tipo?

¿Qué organismos y bajo que esquemas apoyan estas estancias?

En nuestro país los apoyos para las estancias posdoctorales básicamente son de dos tipos: las dirigidas principalmente a jóvenes doctores recién graduados, y las sabáticas o de consolidación, destinadas a doctores que tienen ya por lo menos seis años de ejercicio, y que están orientadas a fortalecer diversos programas de investigación. Unas y otras pueden aplicarse tanto en territorio nacional, como en el extranjero.

APOYOS DEL CONACYT

De acuerdo con datos del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, en el año 2008, el organismo apoyó 477 estancias posdoctorales y sabáticas nacionales, y 216 en el extranjero, para un total de 693; en el año 2009, el apoyo fue para 335 estancias posdoctorales y sabáticas nacionales, y para 307 en el extranjero, para un total de 742. Sin embargo, solamente se planea entregar un total de cien becas de este tipo para el presente año. Ahora bien, las estancias posdoctorales en nuestro país, regularmente las buscan los jóvenes recién egresados de un programa doctoral, a fin de continuar sus investigaciones, y, en muchos de los casos, mientras consiguen una “plaza” en alguna institución educativa.

CERO COMPROMISOS

Debe hacerse hincapié en que, aunque se obtengan buenos resultados, producto de la sinergia entre el grupo o el profesor que recibe al investigador visitante, y este mismo, generalmente no existe un plan y/o compromiso a más largo plazo. El investigador joven sabe que lo contrataron por un año, y no existe la obligación de contratarlo en definitiva. Cuando tiene suerte, en ocasiones puede negociar un segundo año.

De cualquier forma que sea y según mi punto de vista personal, las estancias posdoctorales apoyadas por el CONACYT o por la Secretaría de Educación Pública, a través del Programa de Mejoramiento del Profesorado (PROMEP), han venido a ser una especie de paliativo para el joven investigador que quiere incorporarse a la vida académica institucional científica y no encuentra trabajo. Y

es que no hay trabajo o existe un número muy limitado de este tipo de plazas disponibles para que desarrollen sus investigaciones los recién doctorados y se puedan incorporar a las Instituciones de Educación Superior o Centros de Investigación de manera definitiva. Así, la estancia posdoctoral se convierte en una especie de paracaídas mientras el solicitante encuentra trabajo.

SE IMPONE UN CAMBIO

Y me pregunto: ¿hasta dónde puede impactar esta situación, si el investigador está pensando solamente a un año? Éste es uno de los puntos sobre los cuales, creo yo, todos deberíamos reflexionar un poco más y proponer al CONACYT y a la misma Secretaría de Educación Pública, que se busquen esquemas diferentes o programas adicionales, paralelos o complementarios, para que la estancia posdoctoral no funcione solamente por un año, ni porque la persona no tiene trabajo, sino que la institución tenga también la posibilidad de que esta persona permanezca en dicha institución.

Es una pena que, hasta la fecha, la duración de las estancias sea solamente de un año porque es posible que, a la vuelta de un año, apenas estén empezando a surgir investigaciones interesantes, o posiblemente se está interesando ya algún estudiante o se está haciendo alguna propuesta importante de algo que está desarrollando ese joven investigador, y ya se le acabó su beca.

Y es que, en realidad, se trata de una beca, y no es considerada como una plaza de trabajo.

CONDICIONES DEL CONACYT

Respecto a las condiciones, los requisitos por parte del CONACYT para otorgar estos apoyos, consisten en que los aspirantes vayan con un grupo de investigadores o con un investigador que esté dentro de un programa de excelencia, de los llamados programas nacionales de posgrado reconocidos por el propio Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología como excelentes; es decir, que son programas de calidad. Supongo que es para fortalecerlos; pero yo me pregunto: ¿en qué los fortalecen si ya están fortalecidos?, porque ya los reconocieron como de calidad y en cambio se quedan sin esta opción los grupos incipientes que buscan emerger, ya que no tienen derecho a este tipo de apoyos. Evidentemente, creo que este tipo de requisitos pueden estar asociados con las limitaciones en el presupuesto. Somos prácticamente 16 mil 600 investigadores acreditados en el SNI, más los que se agreguen en septiembre, después de ser evaluados. Pues a muchos de nosotros nos vendría muy bien contar con la colaboración de un doctor recién graduado. Pero si consideramos a los investigadores consolidados, de los niveles más altos (2 y 3), para que cuenten con la colaboración no sólo de un posdoctorado, sino de dos o tres; en lugar de tener cinco o diez estudiantes de doctorado o de maestría, esto podría generar una buena sinergia entre el joven y el investigador consolidado, en la que ambos ganarían. El profesor consolidado podría empujarlos fuertemente, para que se fortalezcan las líneas de interés del joven doctor y al mismo tiempo se generarían productos de investigación de calidad en tiempos menores.

BECAS DEL CONACYT

En estas circunstancias, considero que si el mismo CONACYT, que otorga miles de becas anualmente –entre 16 mil y poco más de 18 mil en los años de 1995 a 2004, ya sea para nacionales o extranjeros- en todas las áreas de la investigación, podría proponer a los becarios que se encuentren en el último año de su posgrado que busquen asociarse con investigadores afines a sus líneas de investigación.

Podrían apoyarse en el banco del SNI y proponer varias opciones de colaboración. Tal vez, estos jóvenes doctores no buscarían la colaboración con un investigador que acaba de empezar (un candidato o un nivel uno); pero podrían pensar en un nivel dos o nivel tres para desarrollar sus investigaciones en conjunto. Habría que pensar también en que posiblemente les gustaría un poco más de permanencia y quedarse en la Institución receptora y no hacer una estancia de sólo un año.

Por otro lado, existen otros programas, tales como el de estancias de consolidación. Por ejemplo, aquí –en la Universidad Autónoma de Nuevo León- contamos con varios investigadores nivel tres, apoyados por CONACYT, que vienen y consolidan las líneas de investigación.

Este tipo de apoyos es muy adecuado para grupos de investigación de jóvenes doctores que van iniciando, pues estos profesores ya consolidados, que son los catalizadores para acelerar el fortalecimiento de las líneas de investigación y así coadyuvar a la consolidación de los programas de posgrado. El mecanismo es a través de estancias cortas del profesor consolidado, programadas de acuerdo a las necesidades del grupo y/o programa incipiente.

Los doctores ya consolidados también pueden hacer las llamadas estancias sabáticas. Lamentablemente, la mayor parte de los investigadores que tienen que hacer una estancia posdoctoral sabática buscan hacerlo en el extranjero, porque siempre estamos pensando en ser competitivos internacionalmente, en estar al día. No es común buscar ayudar a otros en el país, ni trabajo en equipo, ni multidisciplinario.

BECAS DE RETENCIÓN O REPATRIACIÓN

En mi caso particular, cuando me moví de la Facultad de Ciencias Químicas al Instituto de Ingeniería Civil de la UANL, aunque ya estaba consolidada, prácticamente tuve que partir de cero. Implementé un nuevo laboratorio de investigación científica y tecnológica, comprando equipo mayor, materiales, etcétera, además de hacer la planeación para la incorporación de jóvenes doctores a través de programas de becas de retención o de repatriación.

Eran jóvenes, pero yo no solicité apoyos a través de las estancias posdoctorales. ¿Por qué? Porque en éstas, nadie se compromete: ni los becarios, ni la institución. Yo los invité bajo el programa de retención o de repatriación, a fin de que la institución los contratara una vez que se acabara ese apoyo de parte del CONACYT, y con el objetivo de establecer un grupo de investigación.

Posteriormente apliqué al programa de consolidación y solicité tres doctores nivel 3, de diferentes áreas, para que vinieran y dieran cursos a los estudiantes de posgrado y que trabajaran con los investigadores más jóvenes que colaboran en mi grupo de investigación, y de esa manera se están consolidando sus investigaciones y los profesores también.

PROGRAMAS DE LARGO PLAZO

Yo creo que, idealmente, deberíamos pensar en programas mucho más sólidos, planeados a mediano y largo plazo, considerando esta gran gama de gente que se va a graduar y los diversos organismos que ofrecen estos apoyos; porque no solamente CONACYT apoya; también lo hace la SEP, entre otros. Y se titulan doctores no solamente en el país, sino también en el extranjero, quienes buscan regresar a nuestro país.

Desde mi punto de vista, debería haber planes muy claros, por áreas de investigación, para todos aquéllos a los que se les apoyó con una beca y que están por regresar.

INVESTIGADORES-TUTORES

La maestra Silvia Álvarez Bruneliere, del CONACYT, alguna vez proponía que cada uno de los investigadores del SIN fuera una especie de tutor de cada uno de esos estudiantes de posgrado, a fin de darles seguimiento y que se les fuera haciendo una planeación, un plan de vida. Eso sería lo ideal, pero ¿cómo sería el plan de vida profesional? No lo sé. Pero sí sé que existen en el país muchos grupos muy sólidos, ya bien establecidos; centros de gran prestigio, como el CINVESTAV, los centros CONACYT, las universidades de muchos de los estados, como la UANL y muchos otros lugares donde se hace investigación de calidad. CONACYT tiene toda esa información, por lo menos en lo que respecta a las becas que otorga el mismo organismo, y éste podría decir: “Muy bien. Yo ya los apoyé. Les di una beca, pero vamos ahora a elaborar un plan para cuando regresen, se incorporen a alguna Institución (tal vez en conjunto con la SEP); pero que no se incorporen nada más por un año”. Eso me parece que es nada más un mejoralito para un problema mayor que debe atenderse de manera integral.

ATRACTIVOS PARA LA ACADEMIA

Hasta la fecha, los apoyos de las estancias posdoctorales han resultado más atractivos, en un alto porcentaje, para la academia que para el sector productivo. Y es que en la industria, incluso en la industria grande, por lo menos la que yo conozco, no veo que sus directivos estén muy preocupados por estar buscando gente con alguna especialidad, como un doctor, y es porque no quieren desarrollar su propia tecnología, su propia investigación.

Probablemente pensarán: “si yo contrato a alguien con un nivel de ingeniería y le voy a pagar, ¿para qué contrato a alguien con un nivel de doctor si le voy a tener que pagar más, y el trabajo que haga lo puede realizar el ingeniero, y además, yo no tengo las condiciones para que ese doctor haga realmente investigación?” Y es que la industria no quiere o no tiene los recursos para desarrollar investigación, para hacer algo nuevo.

COMENTARIOS FINALES

Indudablemente se han hecho múltiples esfuerzos a través del CONACYT, de la SEP, de las Instituciones de Educación Superior y de Centros de Investigación para el desarrollo eficiente de la investigación en nuestro país. Pero es claro que falta mucho camino por recorrer.

Es fundamental que todos y cada uno de los actores en la cadena del desarrollo científico y tecnológico de México aportemos nuestras ideas y propuestas para lograr ser competitivos internacionalmente de manera sostenida.

Las estrategias y planes de desarrollo de la Ciencia y Tecnología del país deberían ser planeados a largo plazo, más allá de los sexenios. Es un factor indispensable, entre muchos, para el crecimiento constante y sostenido de la ciencia en México.

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