Debut mundial de Placido Domingo

Spread the love

Jorge Pedraza

En Monterrey, hace 50 años

Este año se ha cumplido medio siglo del debut profesional mundial de Plácido Domingo. Y fue precisamente en la ciudad de Monterrey. El diccionario enciclopédico Espasa-Calpe, editado en Madrid y que circula a nivel internacional, consigna el hecho así: “Plácido Domingo tuvo su debut mundial en Monterrey (México) con La Traviata, en el año de 1961” El 19 de mayo de ese año en Monterrey Plácido Domingo interpretó el papel de Alfredo en ‘La Traviata’,  de Verdi».

Hoy en día, Plácido Domingo es una de las figuras más importantes de la música en el mundo y no olvida a la tierra que lo recibió a él y a sus padres. Los primeros aplausos que Plácido escuchó en nuestra tierra le han servido de impulso y se han multiplicado a través del tiempo los países que visita.

Placido nació en Madrid en el año de 1941. Tenía 20 años apenas cuando debutó en Monterrey. Inició su carrera como barítono, pero cambió a tenor, después de que el cantante chileno C. Morelli le advirtió que su cuerda propia era la de tenor. En 1969, ocho años después de su debut en Monterrey, el joven tenor hizo su primera intervención en la Scala de Milán. Y de entonces a la fecha se mantiene en un prominente lugar en el mundo de la música.

Pero volvamos al momento del debut de Plácido Domingo. Transcurría el año de 1961, último del periodo gubernamental de ese gran hombre que tanto impulsó la cultura en el Estado. Me refiero, por supuesto, al maestro Raúl Rangel Frías.

Monterrey vivía entonces un importante momento de su historia. Jorge Rangel Guerra recuerda así la época: “En una cena que se le ofreció al maestro Anton Guadagano en el Museo del Obispado, el entonces rector, arquitecto Joaquín A. Mora nos dijo: “¿Por qué no montan La Bohéme y La Traviata? Tenemos la orquesta, tenemos solistas, creo que sería factible hacerlo”. No nos lo dijo dos veces, el maestro David García, director de la orquesta, ya fallecido, dirigiéndose a mi, dijo: “Usted puede hacer el Rodolfo y el Alfredo, y Lucila Sabella puede cantar La Traviata”.

Vinieron luego los ensayos, la escenografía, el diseño del vestuario. Hacer ópera siempre ha constituido un gran esfuerzo. Se invitó a algunos cantantes de la ciudad de México, entre ellos a María del Socorro Sala, Beatriz Anzar, Alicia Aguilar y Plácido Domingo. Plácido haría el papel de Alfredo en La Traviata.

MONTERREY EN EL AÑO 1961

Las funciones se llevaron a cabo los días 17, 19 y 21 de mayo de aquel año de 1961 en el Teatro María Teresa Montoya. Plácido alternó el papel de Alfredo Germont con Jorge Rangel Guerra. La actuación de Plácido fue el 19 de mayo. En esta ocasión –recuerda Rangel Guerra- Plácido Domingo, que sólo había hecho partes secundarias en las temporadas de ópera de Monterrey, aunque tenía, a pesar de su juventud, una vasta experiencia cantando con sus padres, doña Pepita Embil y don Plácido Domingo en las temporadas de zarzuela y opereta que ellos montaban, tuvo su primera oportunidad de hacer un estelar en nuestra Compañía de Ópera Universitaria.

En diario El Porvenir del 21 de mayo de 1961 se publicó una nota con este título: “Triunfan Alicia Aguilar y Plácido Domingo en La Traviata”. En uno de los párrafos de esta información se señala lo siguiente: “en cuanto a Alicia Aguilar sólo hay que lamentar que la gran actriz y bella mujer tenga cierto efecto en la emisión del sonido que le resta belleza a su voz…Plácido Domingo estuvo perfecto. Su voz redonda y pareja en todos sus registros llenaba el ámbito magníficamente. Además como tiene muy buena presencia, se roba la admiración del público, sobre todo del bello sexo”.

A partir de ese momento, Plácido iniciaba una gran carrera artística que lo ha colocado en un primerísimo lugar. En todos los sitios donde se presenta, los teatros se llenan y es, hoy por hoy,  el mejor tenor del mundo.

EN LA CIUDAD POR SEGUNDA VEZ

Precedido de una gran fama, habría de regresar a Monterrey para presentarse la noche del 30 de abril de 1989 en el auditorio “Luis Elizondo”. Jorge Rangel Guerra considera que esa noche pasaría a la historia como una de las más hermosas e inolvidables. Plácido demostró una vez más que es el mejor tenor del mundo y que su calidad humana sólo es comparable a su categoría artística.

Plácido –agrega Jorge–  se encuentra prácticamente en los cuernos de la luna. Ya no es posible subir más alto. Su voz de oro no ha perdido ni un ápice de la belleza de su esplendor. Al escucharlo,  uno se sumerge en un mar de belleza y beatitud, pues transmite esa tranquilidad del que sabe hacerlo bien.

Esa noche, Plácido actuó en compañía de la mezzosoprano Martha Félix  y el barítono norteamericano Richard Gratton. Se interpretaron joyas musicales de Verdi y de Puccini. Plácido concluyó su actuación con dos romanzas de zarzuela:

El público, puesto de pie, ovacionó al artista, quien le pidió a su madre, Pepita Embil, que subiera al foro. Ella recordó emocionada a su esposo Plácido, ya fallecido. El tenor invitó a los asistentes a corear la música que interpretaba Pepita en los viejos tiempos. Fue aquella una noche inolvidable.

Hasta ahora nos hemos referido a la presencia de Plácido Domingo en Monterrey en dos ocasiones. Una de ellas fue su debut mundial profesional, el 19 de mayo de 1961.

UNA PLAZA CON SU NOMBRE

Esto que les vamos a contar ahora sucedió el 26 de diciembre de l994. El famoso cantante estuvo en Monterrey en una tercera ocasión para participar en la inauguración del Parque que lleva su nombre en la Colonia Colinas de San Jerónimo. Sólo estuvo en la ciudad poco más de tres horas; sin embargo, ese corto tiempo fue suficiente para dejar un grato recuerdo de su inolvidable visita.

La noticia de la visita sólo la conocían previamente unas cuantas personas. En las páginas de los diarios locales no se había publicado. Ese mismo día –el 26 de diciembre de 1994– corrió por la ciudad la versión de que Plácido estaría en Monterrey. Algunos pensaron que había que esperar dos días más –28 de diciembre– para hacer bromas con motivo del Día de los Inocentes. Por fortuna, la información era correcta.

Plácido llegó a la ciudad y de inmediato se dirigió al Parque ubicado en Enrique Granados y Chopin, en Colinas de San Jerónimo, en el vehículo que lo llevó del Aeropuerto hasta ese lugar.

En el Parque lo esperaban los vecinos de dicha Colonia. Previamente se habían instalado sillas, toldos y un equipo de sonido. La noche estaba fría, pero nadie se retiró a sus hogares. Ahí estaban –estábamos– en espera del cantante. No había sido necesario viajar a Nueva York o Milán para escucharlo. Plácido se encontraba en Monterrey representando su mejor papel: su propia vida.

Generoso como es él, saludó a casi todos los que estábamos ahí. Firmó numerosos autógrafos. Dirigió unas palabras. Evidentemente estaba emocionado y se mostraba alegre. Sus primeras frases fueron para agradecer a nombre suyo y de sus hijos Pepe y Álvaro (quienes lo acompañaban), el haber sido recibidos con un cariño extraordinario.

Después, manifestó su emoción por estar en Monterrey, «lugar que me trae muchos recuerdos, ya que mis padres –Pepita Embil y Plácido Domingo– venían muchísimo a cantar. También mi debut, mi primera parte importante fue en Alfredo de «La Traviata», que lo canté aquí».

En l969, ocho años después de su debut en Monterrey, el joven tenor hizo su primera intervención en la Scala de Milán. Y desde entonces a la fecha, se mantiene en un prominente lugar en el mundo de la música.

EL MEJOR REGALO: SU VOZ

Pero regresemos a Monterrey, a esa inolvidable noche del 26 de diciembre de l994, en que Plácido nos hizo el mejor regalo de Navidad: Escucharlo cantar en nuestro barrio y estrechar su mano.

Personas de todas las edades –niños, jóvenes y adultos– lo saludaron y lo escucharon. De los niños, dijo que son «los dueños del Parque, la alegría para una Nación». Y luego recomendó la sensibilización artística desde la niñez para ingresar al mundo de la cultura —«poquito a poco»–, ese mundo del cual forman parte los grandes hombres cuyos nombres figuran en las calles de la Colonia Colinas de San Jerónimo, «para que empiecen a saber de ellos».

Y estando a unos pasos de la Calle que lleva el nombre del compositor italiano Guisseppi Verdi, Plácido propuso aprovechar el momento para brindar con «La Traviata». A falta de copas y vino, nos regaló su voz, con la cual llenó el Parque que lleva su nombre.

Después, se despidió de los asistentes al acto. Cuando ya estaba a bordo del vehículo que lo trasladaría de regreso al Aeropuerto, abrió de nuevo la puerta y nos brindó otra sorpresa: Nos regaló otra interpretación. Lleva por título «Lejos de ti» y es de Manuel M. Ponce, ese magnífico compositor mexicano cuyo nombre figura también en las calles de la Colonia Colinas de San Jerónimo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back To Top
Spread the love