Inicio de la Guerra de Independencia de México en 1810

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Ismael Vidales

La Independencia de México fue alentada indirectamente por las ideas liberales francesas que empezaban a proliferar por todo el mundo y a las cuales no eran ajenos algunos criollos de la Nueva España.  Además, era estimulante el ejemplo de la Independencia de los Estados Unidos y se tenía conciencia de que España pasaba por serios problemas financieros y militares.

Pero, además, internamente las condiciones sociales, políticas y económicas eran ya insostenibles.  Los criollos habían desarrollado una fuerza potencial que reclamaba sus derechos en la dirección de las principales acciones de gobierno, de comercio y de cultura, y sin embargo, eran relegados sistemáticamente por los peninsulares.

Los indígenas y mestizos eran vejados hasta la ignominia y recibían tratos infrahumanos en su persona, familia y escasos bienes.

Todo esto se conjugó para que se iniciaran las conspiraciones contra la corona española, de las cuales la más importante fue la de Querétaro en la que participaron los esposos Domínguez (don Miguel y doña Josefa Ortiz) don Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Ignacio Aldama, Mariano Jiménez y otros más, que tenían planeado iniciar el movimiento de Independencia el primero de octubre de 1810; pero el tambor Juan Garrido los denunció al teniente Riaño, ante lo cual la Corregidora doña Josefa Ortiz de Domínguez no dudó en dar aviso a Hidalgo y los demás conspiradores que estaban en el curato de Dolores.  Al saber esta noticia, Hidalgo decidió en la madrugada del 15 de septiembre llamar a sus colaboradores e iniciar en la mañana del 16 el movimiento de Independencia.  Así, saliendo de Dolores se dirigieron a San Miguel el Grande, donde se les unió Allende que comandaba el Regimiento de la Reina y de ahí pasaron al pueblo de Atotonilco donde Hidalgo tomó el estandarte de la Virgen de Guadalupe como bandera y emblema de su movimiento independentista.

El ejército insurgente, mal armado y peor alimentado y vestido, fue de triunfo en triunfo  hasta el Monte de las Cruces; a partir de ese momento las derrotas fueron frecuentes, hasta que los insurgentes Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez fueron traicionados por Ignacio Elizondo que los hizo prender en Acatita de Baján (Coahuila).  Fueron trasladados a Chihuahua, siendo fusilados el 30 de julio de 1811 y decapitados para que sus cabezas fueran expuestas en jaulas colgadas en las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas (Guanajuato), para escarmiento de los seguidores de tan noble causa.

El movimiento no terminó ahí, pues el generalísimo don José María Morelos y Pavón se hizo cargo del mando, luego siguieron otros insignes luchadores como los Bravo y los Galeana.  Muchos murieron.  La idea pareció morir también, sin embargo, permanecía latente, y así las luchas revivieron en el Sur con don Vicente Guerrero, hasta que después de once años y once días de lucha,  el 27 de septiembre de 1821 las fuerzas insurgentes de Guerrero y las realistas de Iturbide firmaron el Plan de Iguala con el que se ponía fin a esta lucha de Independencia y, después del Abrazo de Acatempan, al frente del Ejército de las Tres Garantías entraron triunfalmente a la ciudad de México quedando así consumada la Independencia de México.

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