Ismael Vidales
Juana de Asbaje, una de las más ilustres de las poetisas mexicanas mereció la designación de “Décima Musa”.
Nació en San Miguel Nepantla el 12 de noviembre de 1651. Sus padres fueron don Pedro Manuel de Asbaje y doña Isabel de Ramírez y Contillano.
Al trasladarse sus padres a Amecameca asistió a una escuela donde aprendió a leer y a escribir rápidamente. Su afición por la lectura le proporcionó una cultura muy superior a la que suelen poseer los alumnos más aventajados.
Al no permitírsele la entrada a la universidad por su condición de mujer, la niña se propuso adquirir por todos los medios a su alcance la sabiduría que tanto ansiaba; aprendió el latín, idioma que la puso en contacto con los clásicos, y el portugués.
Logró ser presentada al virrey don Antonio Sebastián de Toledo Molina y Salazar y a su esposa doña Leonor, a quienes impactó por su sabiduría, convirtiéndose en dama de honor de la virreina.
Cuando tenía casi 16 años ingresó como novicia en el convento de San José, llamado también “Santa Teresa la Antigua”. La austeridad de la vida conventual afectó su salud y debió pasar al convento de concepcionistas de San Jerónimo por consejo médico.
En este período Juana de Asbaje se destacó por su obra literaria de gran calidad, compuso comedias entre las que se cuentan “Los empeños de una casa”, “Amor es más laberinto”, y un buen número de poesías.
Don Manuel Fernández de Santa Cruz, obispo de Puebla, releyendo los sermones de don Antonio Viegra, cura portugués de gran renombre como orador, fijó su atención en uno que había pronunciado en Lisboa en 1650 y cuyo contenido le pareció merecer una crítica a fondo, la cual le encargó a Sor Juana. Esta la elaboró naciendo así “Crisis Sobre un Sermón”, que el obispo hizo imprimir con el título de “Carta Athenagórica” y en seguida escribió una carta a Sor Juana usando el seudónimo de Sor Filotea de la Cruz para amonestaba por el cultivo de las letras frívolas y la exhortaba a que se dedicara a los asuntos sagrados, para los que tanto talento poseía.
Sor Juana le contestó con otra carta que suele conocerse con el título de “La Respuesta”, en la cual dice que si no ha escrito más acerca de temas sagrados es sólo por respeto a los Evangelios.
En ese tiempo en el Virreinato hubo sequía, carestía, hambre y a continuación una peste tremenda que mató a miles. Esta atacó a Sor Juana quien murió el 17 de abril de 1695 casi a los 44 años de edad.
