Ismael Vidales
Se cuenta que cuando los persas fueron vencidos en la batalla de Maratón, Miliciades, el vencedor ateniense, envió a uno de sus soldados para que comunicara la grata noticia a su pueblo; el soldado corrió algo así como cuarenta kilómetros, tan de prisa y sin reposo, que cayó muerto al final de la jornada.
Es quizá este ejemplo la mejor forma de ilustrar la mística del correo y la ética de sus empleados, mismas características que prevalecen en todo el mundo hoy en día.
Bien podemos afirmar que el correo se inició llevando noticias de viva voz y que desde el principio, los portadores de noticias, hoy empleados postales, han tenido siempre un alto sentido del deber.
El correo cumple una función altamente humana y social, ya que trabaja con una mística de servicio que obliga a los servidores postales a vencer los más variados peligros y las más hostiles variaciones del tiempo, para llevar la pieza que se les ha encomendado.
El correo ha evolucionado muchísimo, pero no ha variado su mística de servicio y de responsabilidad; y sobre el particular existen infinidad de ejemplos que ilustran magníficamente la función del correo o servicio postal.
El servicio postal que en un principio se valió de hombres fuertes y veloces, recurrió luego a cabalgaduras y jinetes, después a los carruajes, para llegar en la actualidad a abarcar los puntos más distantes del planeta con los más variados medios de transporte.
Históricamente el correo ha tenido varias formas de operar, entre las que se pueden señalar; el uso de la linterna y el quitasol con que los chinos vestían a sus carteros; los expertos jinetes usados por Carlomagno en las rutas de la Galia, Alemania, Italia y norte de España; el tonel usado para trasponer el canal de Panamá antes de que pudieran hacerlo los barcos; el empleo de las diligencias usadas en el territorio de los Estados Unidos.
Grandes avances se han operado en los servicios postales, entre los que destacan; la lista de correos, el timbre postal, el servicio de registrado, el de paquetería y el apartado postal.
El primer servicio postal establecido en América empezó a operar en Boston (EUA) en 1639 y era del señor Richard Fairbank. En 1864 empezó a funcionar el coche-correo ferroviario que era una verdadera oficina de correos sobre ruedas.
Por otra parte, se atribuye al inglés Sir Rowland Hill la creación del timbre postal.
Los servicios postales se han unificado mundialmente, ya que desde 1862 se estableció la Unión Postal General que luego cambió su nombre por el de Unión Universal.
Lo de postal proviene de la voz italiana “posta” que significa estación, y era mediante el establecimiento de “postas” o estaciones como principió a funcionar el correo.
Antes de la llegada de los españoles a México, ya funcionaba el correo mediante hombre veloces y fuertes que recorrían grandes distancias en corto tiempo. Así se cuenta que Moctezuma recibía pescado fresco del Golfo de México para algunos de sus desayunos.
En 1580 el virrey don Martín Enríquez de Almanza reorganizó el correo, creando el cargo de Correo Mayor y nombrando titular del mismo a don Martín de Olivares. El cargo era hereditario y podía ser vendido.
En 1771 el virrey don Antonio María de Bucareli y Urzúa incorporó los servicios postales de México a la Legislación de la Nueva España.
En 1856 se inició el uso de timbres postal en México y en 1878 México se registró como miembro de la Unión Postal Universal (UPU) que más tarde formaría parte de la ONU.
El 12 de noviembre ha sido designado en México “Día del Cartero”.
