Se requiere sentir la ciencia para entenderla

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Juan Lauro Aguirre Villafaña

La propuesta normal de cualquier libro de ciencias naturales es la de ayudar a entender estas disciplinas. Pero, me pregunto: ¿Cómo es posible entender algo, cualquier cosa, sin antes sentirlo? ¿Cómo es posible generar abstracciones mentales sin que estas provengan de nuestras experiencias sensoriales? Sencillamente no es posible. En principio todas esas disciplinas son experimentales antes que teóricas. Nuestra propia vida es un proceso experimental.

Por otra parte, absolutamente todas las personas que sobresalen en alguna disciplina lo hacen porque sienten esa disciplina de forma muy especial. Los buenos Físicos, sean experimentales o teóricos, sienten la física y eso les permite imaginar cómo se podrían sentir ciertos fenómenos, Albert Einstein, entre muchos otros experimentos pensados desarrolló una parte de su teoría de la relatividad especial imaginando qué sentiría si viajara montado en un rayo de luz. Solamente después de sentir e imaginar se puede teorizar. Los buenos Químicos, sean experimentales o sean teóricos, sienten la química y eso les permite imaginar cómo podrían ocurrir ciertas reacciones o estructuras moleculares, Augusto Kekulé propuso la estructura del benceno como un anillo de 6 átomos de carbono imaginando una serpiente que se muerde su cola. Solamente después de sentir e imaginar se puede sintetizar nuevas moléculas. Etc.

Entonces: ¿Por qué  la propuesta normal es la entender esas disciplinas en lugar de sentirlas?

Puedo pensar en varias razones pero siento que todas ellas están equivocadas:

–          Porque entender es un verbo que pretende significar lo mismo para todas las personas, mientras que cada persona siente de manera individual. Parecería que entender algo es más tangible que sentir ese algo.

–          Siguiendo la línea anterior, se podría decir que se entiende algo, por ejemplo una cierta ecuación, si se demuestran ciertas capacidades de operar dicha ecuación. Entonces, estas demostraciones serían la prueba tangible del entendimiento.

–          Por lo anterior, supuestamente, el entendimiento se convierte en aprendizaje, y con esto se logra estructurar el programa de una clase, de un curso y de una carrera.

Los argumentos por los que siento que las razones anteriores están equivocadas son:

–          En primer lugar, por definición nuestros sentidos son capaces de sentir solamente  lo tangible. O sea que lo tangible es lo que sentimos y el proceso que llamamos entendimiento es una construcción mental basada en la experiencia sensorial.

–          Sin embargo, por razones provenientes de la revolución industrial, es más eficiente entender algo, por ejemplo la ecuación mencionada, si un maestro capacita a todos los alumnos en forma homogénea a operar de cierta forma dicha ecuación y simultáneamente establece la forma, usualmente un examen, para calificar el grado del aprendizaje. Si el maestro no posee, o posee pero no muestra ante sus alumnos, las actitudes y emociones provenientes de sus experiencias sensoriales con los fenómenos que está enseñando, en realidad lo que está enseñando son solamente técnicas operativas.

–          Considero que es por este distanciamiento pedagógico entre el mundo de los sentidos y el mundo de la abstracción por lo que el aprendizaje de una clase, de una materia o de una carrera profesional no generan en el alumno el cambio de comportamiento pretendido, aunque sus calificaciones fueron excelentes.

¿Cómo es posible aprender a sentir la ciencia? ¿Acaso no es cierto que los cinco sentidos de nuestro cuerpo aprenden cómo sentir; cómo ver, cómo oír, cómo oler, cómo gustar y cómo tocar, sin necesidad de que les enseñemos cómo hacerlo?

La respuesta, creo yo, es en parte si y en parte no. En parte si porque, con excepción de las personas que nacen con algún problema sensorial congénito o lo adquieren posteriormente, como la ceguera, la sordera, la anosmia o sea la pérdida total del olfato, la agusia o sea la pérdida total del sentido del gusto, o la anafia, o sea la pérdida total del sentido del tacto, que a diferencia de los otros cuatro no está localizado en la cabeza sino que está disperso en todo el cuerpo dado que sus sensores (de presión, de temperatura, de dolor y de otros tipos) se encuentran distribuidos en la piel, los sentidos trabajan en forma espontanea, o sea que no tenemos que pedirle a la vista que vea, ni al oído que oiga, ni a la nariz que huela, ni a la lengua que pruebe, ni a la piel que toque, pero si tenemos que pedirle al cerebro que piense.

Sin embargo, dado que el cerebro tiene una capacidad limitada para procesar la información que le llega de los sentidos, tiene que seleccionar la información más útil para procesarla. Ahora la pregunta obligada es: ¿más útil para qué? Y la respuesta correcta, creo yo, es: por cerca de un millón de años para seguir con vida y en los últimos pocos siglos, o cuando mucho en los últimos pocos milenios, para vivir con más calidad. Por esta razón nuestro cerebro todavía no se adapta a seleccionar la información que recibe de acuerdo a los intereses del hombre moderno que como lo establecí anteriormente creo que es la de mejorar su calidad de vida. Por conclusión debemos aprender a ayudarle a nuestro cerebro a seleccionar la información que recibe continuamente para procesarla de acuerdo a nuestros intereses. Debemos pues aprender a enfocar nuestra atención. Dado que la atención es la intención deliberada de procesar cierto tipo o ciertos tipos de información, por ejemplo debemos aprender a oír, no porque no oímos bien sino porque no ponemos atención a lo que oímos. Durante un millón de años nuestro cerebro procesó todos los ruidos extraños porque de ello dependía no ser acatado por un animal o por un enemigo, en la actualidad seguimos sobre-reaccionando a esos ruidos y aún no está muy generalizado el placer de la buena música, ni el placer de disfrutar el sonido generado por el mejor instrumento musical que existe, que es el de la voz humana, ni el placer de distinguir en un experimento de acústica el cambio en la frecuencia del sonido, para esto último se requiere poner mucha más atención. Por esta misma razón se dice que no es lo mismo ver que observar porque esto último se refiere a poner atención, mucha atención, a lo que vemos, incluso tomar nota o documentar lo que vemos, para posteriormente analizar nuestras observaciones.

Pero: ¿cómo aprender a disfrutar las sensaciones provenientes de nuestro entorno natural?

La respuesta a esta pregunta no es nada trivialSi ponemos atención al observar algo hermoso como un bello paisaje, para los hombres una bella mujer, para las mujeres un bello hombre, seguramente lo disfrutaremos. Si ponemos atención al oír alguna música, canción, melodía o poesía hermosa, seguramente lo disfrutaremos. Si ponemos atención al degustar un platillo o una bebida sabrosa, seguramente lo disfrutaremos. Si ponemos atención al oler un perfume agradable, seguramente lo disfrutaremos. Si ponemos atención al tocar la piel de un bebé, seguramente lo disfrutaremos.

¿Cómo disfrutar la percepción atenta de un fenómeno natural?

Lo que está por emerger aquí es la sensación multisensorial,  emocional e intelectual del descubrimiento. Sin ningún deseo de menospreciar las sensaciones anteriores, en realidad no se pueden comparar con la sensación del descubrimiento que proviene de la observación atenta de los fenómenos naturales. No estoy hablando de los grandes descubrimientos que constituyen los avances científicos aclamados por todo el mundo, estoy hablando de los pequeños triunfos eminentemente  personales que hacen que una persona se convenza a si misma de su capacidad para sentir el orden inherente que existe en la naturaleza.

Ninguna calificación resultante de presentar un examen perfecto es comparable, ni es tan duradera, como una sensación de descubrimiento. Es lo que los psicólogos denominan un imprinting dado que se establece un lazo permanente entre el individuo y aquello que le causo dicho sensación. Dicho de otra manera, con una sola sensación de descubrimiento de un fenómeno natural, la persona que la experimenta se liga permanentemente a las ciencias naturales, o sea que se convierte en un científico, amateur y posiblemente profesional, pero un científico, o una científica.

 

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