Jacinto y un perro aparecido

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Ismael Vidales Delgado

Jacinto era un niño muy pobre que soñaba con tener dinero suficiente para comprar muchos dulces, un yo-yo, un trompo y unos huaraches nuevos.

Un día salió a caminar al monte y cansado de caminar, se sentó debajo de un enorme árbol que daba excelente sombra.

Al poco rato le dio sueño y tendió su sarape sobre la hierba y se acostó a dormir. De repente sintió que el sarape se movía como si hubiera algo debajo, sudando de  miedo y con el corazón latiendo de prisa, levantó una punta del sarape para ver que había debajo y descubrió a un perro muy fino con un collar de oro en el cuello.

El perro sabía hablar y le dijo: Jacinto, yo se que sufres mucho porque eres muy pobre y se cuánta hambre tienes; yo soy un perro que viaja por mundos diferentes al tuyo y siempre llevo felicidad a los niños buenos como tu, que a pesar de sus grandes necesidades no roban ni toman lo que no es suyo.

Esta vez, te dejo mi collar, llévalo a tus padres y diles que vendan un eslabón, con eso les bastará para comer bien un año, y como mi cadena tiene muchos eslabones, ya nunca tendrás hambre, sólo que alguna vez gastes más de un eslabón en el año o tomes lo que no es tuyo.

Jacinto abrazó al perro y le preguntó ¿cómo te llamas? Pero el perro había desaparecido y sólo alcanzó a decirle con todo su corazón ¡Adiós amigo!

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