Sin autor conocido
Cierta noche el pobre Manuel le decía a su esposa, Matilde, ya no tenemos nada qué comer. Nadie me da trabajo y hoy intenté pedir limosna pero me dio vergüenza y mejor me volvía a casa. Matilde le dice, robemos sólo por esta vez algo de la cosecha del vecino, tiene tanto que ni lo notará. Hoy en la noche iremos, tu por lado y yo por el otro, algo conseguiremos para comer, mientras cambia nuestra situación.
Esperaron la oscuridad y cada cual entró con sigilo por el lado convenido, de pronto la mujer vio la sombra de un hombre y pensando que sería el dueño salió corriendo sin robar nada, a Manuel le pasó lo mismo, vio la sombra de una mujer y pensando que sería la dueña, abandonó la idea de robar, yéndose con las manos vacías.
Reposados ya en casa, comprendieron que se habían asustado con sus propias sombras, pero se felicitaron de no haber robado. Por la mañana, muy temprano, tocó su puerta el vecino llevándoles mucho más de lo que ellos pensaban robar.
-¿Cómo estás Manuel? -dijo el vecino. Mira les traigo unos elotitos, huevos y quesos para agradecerles que me hayan estado cuidando la milpa tú y tu mujer, para que no se metan animales y maltraten la siembra. Anoche los pude ver cuando entraban y salían. Yo la verdad, termino muy cansado y me quedo dormido. ¡Gracias amigo!
