Oportunidades de vida. Desarrollo integral, redes de apoyo y terapia psicosocial

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Francisco Javier Rodríguez Lara

México participó, gracias a la labor del equipo coordinado por la destacada investigadora del Instituto Nacional de Psiquiatría, María Elena Medina Mora, en un estudio internacional que seguía criterios rigurosos para detectar la prevalencia de trastornos mentales en la comunidad, y si en los casos detectados se reportaba o no que asistían a tratamiento especializado. En México se encontró que un 12 por ciento de la población se quejaba de algún trastorno mental en el año dado. Eso significa que si contamos con tres millones de personas en nuestra área (de acuerdo con el último censo en Nuevo León) en estos momentos deben estar sufriendo estos trastornos alrededor de 480 mil de nuestros habitantes. Al considerar por diagnósticos, los más frecuente-mente encontrados fueron:

a) La fobia específica (miedo a un objeto, animal o situación determinada con extrema ansiedad y evitación de ella) en el cuatro por ciento de la población; para nosotros serían doce mil personas.

b) Trastornos de depresión mayor (tristeza, culpa, baja autoestima, desesperanza, ideas negativas, deseos de morir, o ideas suicidas, entre otros síntomas) en 3.7 por ciento de la población (11 mil cien);

c) Trastornos por abuso de alcohol y drogas 2.2 por ciento (6 mil 600).

SERVICIOS DE SALUD INSUFICIENTES

Considerando a todos, se observó que, de acuerdo a la gravedad, se podrían limitar los casos a 3.7 por ciento, de los que sólo habían tenido acceso a los servicios de salud mental el 24 por ciento de los casos. Si consideramos los 480 mil de Nuevo León, esto significaría que habría entre nosotros once mil cien casos graves (de todas las patologías) de los que sólo podrían haber acudido a servicios de salud mental 2 mil 662 personas. Nuestro departamento atendió entre 1999 y 2004, a un total de 9 mil, 300 pacientes, de los que pudimos documentar, y en el último año, alrededor de 3 mil 500. Éstos asistieron a los servicios de consulta externa y hospitalización. Sin embargo, los casos graves, que son los que hospitalizamos, no pasan de 120 a 150 por año, a pesar de que se reciben un promedio de 500 consultas de urgencias por mes. En números aproximados, se refieren a internamiento para otros hospitales, por nuestra falta de espacio, alrededor de un 50 por ciento, mismos que deben de estar absorbiendo el IMSS, la Secretaría de Salud en NL y hospitales privados. El otro 50 por ciento sigue su trata-miento como externo en nuestros servicios. Estos números varían según los meses del año, pero sirven para redondear las necesidades. ¿Por qué? Porque el enfermo duda mucho en asistir a solicitar consulta psiquiátrica, y la familia, cuando ya no duda, batalla a tal grado para traer al enfermo, que muchos, al no encontrar espacio, ya no regresan, pues quieren respuestas de tratamiento inmediatas, y al no obtenerlas y batallar incluso para sacar la cita, se sienten inconformes con la atención, y con razón o sin ella, se van a otros centros o con otros médicos.

SIGUE VIVA LA ESPERANZA

El reto sigue presionándonos, y esperamos cada día ser mejores. Convocamos a nuestras autoridades, a nuestros colegas, a la sociedad civil, a que transmitamos que debemos ser auxiliados en estas tareas, pues es responsabilidad de todos que nos superemos. Ojalá que el próximo estudio epidemiológico encuentre que en NL hay servicios médicos de salud mental para todos, sin demoras, sin listas de espera, y con suficiente personal profesional para brindar la atención.

Si bien estos son números aproximados, nos podemos dar una idea de la inmensa necesidad de recursos huma-nos capacitados y profesionales para la promoción de la salud mental que ambicionamos. Tenemos casos para rehabilitar en números superiores a la capacidad de tratar y mucho más de rehabilitar.

Los tratamientos de salud psicosocial han mostrado ser eficaces pero no han mostrado formalidad y rigor para poder ser instruidos. La eficiencia se dará cuando estén documentados en estudios con detalles que sigan metodologías que permitan compararlos y replicarlos para decir que son útiles. Esto no lo ha podido aún documentar la literatura por no poder mantener estudios con el rigor requerido; estos tratamientos dependen de los grados de experiencia de quien los aplica y esto da la variabilidad mayor a los protocolos. Por añadidura, pocos podemos presumir que sabemos trabajar en terapias integrales de desarrollo a la salud psicosocial.

Nuestra experiencia nos permitió asumir el reto de-mostrando su eficacia en cuanto a observar variables como disminución y remisión y alivio de los síntomas, pero al egreso de estos casos la capacidad de apoyo psicosocial se pierde por no disponer de un centro de apoyo a la rehabilitación de estos pacientes. Las asociaciones de servicio a los desprotegidos no quieren tener pacientes psiquiátricos en procesos de desarrollo y terapia de integración psicosocial.

FALTAN INSTITUCIONES AUTOSUFICIENTES

Se pierde lo logrado al toparnos con la fría realidad de no contar con instituciones autónomas que puedan sostener su cuidado, facilitar su apoyo a lo legal y a lo familiar, a lo económico, académico, y ocupacional que es lo mínimo necesario para rehabilitar. Estos centros tienen en cierta forma razón. No saben tratar a estos casos y entran en conflicto fácilmente con ellos, pues requieren el personal especializado de tercer nivel para esos menesteres.

Requerimos de su apoyo para poder abrir una unidad de seguimiento y cierre de estos tratamientos. No debe hacerse dentro del hospital ni del área médica; debe hacerse en casas de “medio camino” donde se consolide la autonomía y desarrollo de nuestros menores con tutores terapéuticos… Nosotros los podemos integrar al trata-miento ambulatorio, pero no podemos sostener estas casas; se requiere de un presupuesto especial y beca para estos pacientes.

Puede apoyarnos en este sueño de muchos menores y adolescentes, e incluso adultos, que queda trunco después de devolverles la fe para seguir viviendo. Comuníquese y apóyenos.

 

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