(Tomado de Le Monde. Traducción de Félix Ramos Gamiño)
A la pregunta: “¿Tiene usted confianza en que los científicos digan la verdad sobre los resultados y las consecuencias de sus trabajos?”, una minoría de franceses ha contestado de manera afirmativa. Se trata de la más notable –y la más inquietante- enseñanza de la encuesta Ipsos, realizada por la revista La Recherche y para Le Monde, en torno a las relaciones entre los franceses y la ciencia. Sus resultados serían presentados el jueves 16 de junio en el marco del foro “Ciencia, investigación y sociedad”, organizado por ambas publicaciones en El Colegio de Francia.
Los organismos genéticamente modificados (OGM) y la energía nuclear son los campos de investigación en los que más desvalorizada está la palabra de los científicos: sólo uno de cada cuatro encuestados les concede crédito.
En el caso del clima, la confianza se impone sobre la sospecha, pero por muy escaso margen. En estos tres campos, los franceses se muestran particularmente conscientes de los problemas, lo que hace su opinión más significativa.
En otros campos –nanotecnología, neurociencias o células madre- en los cuales se dicen mal informados, prevalece la confianza sobre la desconfianza, pero aun así apenas sobre la barra del 50 por ciento. De todos los temas citados, el de las nuevas energías es el único en que hay convicción respecto de la sinceridad de los investigadores.
Esta incredulidad pudiera parecer paradójica. En efecto, al mismo tiempo, tres cuartas partes de los encuestados estimaron que “la ciencia y la tecnología brindan soluciones a los problemas de actualidad”. Piensan, de manera masiva, que ambas permitirán, algún día, curar las grandes enfermedades del siglo –sida, cáncer, Alzheimer-, así como, para la mayor parte, prevenir las catástrofes naturales, resolver los problemas de hambre y de acceso al agua en todo el mundo; y, para más de la mitad, aportar una solución al problema del calentamiento global.
Por otra parte, los ciudadanos tienen gran confianza en la comunidad científica “para que explique asuntos tales como las implicaciones de la investigación y los debates que se pueden suscitar”. En este punto, el plebiscito favorece a los investigadores en 92 por ciento; a CNRS, el principal organismo público de investigación, en 86 por ciento; a los médicos, en 84 por ciento; a los maestros, en 65 por ciento; a los periodistas científicos, en 64 por ciento; a los organismos de preservación del medio ambiente, en 63 por ciento; a los comités de ética, en 60 por ciento. A la inversa, los delegados especializados en temas científicos y, más aún, el gobierno, quedan totalmente desacreditados, con marcadores escandalosos de 26 y 18 por ciento.
“Más allá de una actitud muy positiva en el caso de la ciencia en general; desde el momento en que se abordan temas concretos, el grado de confianza se vuelve extremadamente variable”, comenta Brice Teinturier, director general delegado de Ipsos. “La confianza ya no se otorga de manera espontánea. Depende del nivel de información y de los riesgos percibidos”. Es el caso de la energía nuclear, cuyos peligros han quedado demostrados, o de los OGM, cuyos beneficios no han sido debidamente establecidos. Así, casi uno de cada dos franceses (43 por ciento), considera que la ciencia y la tecnología, producen más daños que beneficios, y poco más de uno de cada dos (56 por ciento) cree que, gracias a ellas, las generaciones venideras tendrán una vida mejor.
Da la impresión –aun cuando la pregunta no haya sido planteada de manera explícita- de que la tasa de confianza es la más baja en lo referente a los dominios y la independencia de los investigadores, dada su relación con el poder político y la industria. Vuelve a ser el caso de la energía nuclear o de los OGM. Así, en lo que respecta a la encuesta sobre la seguridad de las centrales, demandada por el gobierno después de la tragedia de Fukushima, el 72 por ciento de los franceses piensa que “los científicos no podrán trabajar de manera independiente” y que “sus resultados serán cuestionables”.
Sin embargo, observa Brice Teinturier, “si bien existe una profunda separación” en la relación de los franceses y la ciencia, el divorcio no se ha consumado. Sigue siendo grande su apetito por el conocimiento. El 93 por ciento de ellos juzgan “importante conocer los asuntos científicos, a fin de comprender las evoluciones de la sociedad”, y 80 por ciento consideran que los ciudadanos son insuficientemente “informados y consultados” sobre estos expedientes.
Después de la actualidad internacional, la actualidad científica va a la cabeza de sus centros de interés, a la par con los asuntos culturales y muy por arriba de la política, la economía o el deporte.
Señal de esta madurez es el hecho de que casi nueve de cada diez franceses consideran –pese a las campañas climático-escépticas, que “el hombre tiene un importante impacto en el calentamiento global. Falta que los investigadores se pregunten sobre la forma de remediar la grave sospecha que pesa sobre su objetividad en torno a los temas sensibles y controversiales. La pregunta compete a la sociedad entera.
Pierre Le Hir. Artículo aparecido en la edición de 16.06.11

