Jorge Pedraza Salinas
Pancho Villa es, sin duda alguna, uno de los personajes más interesantes de la Historia de México. Sin embargo, su imagen no es la misma para todos. Para unos es el caudillo que luchó en la Revolución por los ideales democráticos que enarboló don Francisco I. Madero, es el ser humano querido y respetado por el pueblo ya que luchó por las causas nobles y justas. Para otros, en cambio, es el bandolero, el asesino, el que violentó la Ley.
Pero ¿quién fue, quién es en realidad Francisco Villa?
Abordar este tema siempre ha sido y será de interés. Lo recordamos en esta ocasión en el aniversario de su asesinato, el cual ocurrió el 20 de julio de 1923 en Hidalgo del Parral, Chihuahua. En estos días se cumplieron 88 años de este trágico suceso.
Pancho Villa es un personaje que despierta la polémica. Para algunos, insisto, es un bárbaro, un asesino, un hombre que nunca se detuvo, sin importar el costo, para conseguir sus propósitos. Para otros, en cambio, es un ser humano con gran personalidad, con noble corazón y con un gran cariño por su Patria.
VILLA CABALGA A TRAVÉS DEL TIEMPO
Este singular revolucionario, ha llamado la atención de propios y extraños, de nacionales y extranjeros y su «figura seguirá cabalgando a través del tiempo, mientras persista la desigualdad social en todos los pueblos del mundo».
Cada vez que se habla de Villa, el personaje vuelve a cabalgar y de nuevo se une la Historia con la tradición, el relato con la leyenda, los testimonios de los protagonistas con la ficción.
Es necesario conocer bien la figura y el entorno en que se movía el inquieto guerrillero. Conocer la Historia. Conocer bien a los personajes, principales y secundarios, que le rodeaban. Hay que hurgar en el armario de cada uno de ellos. Hay quienes han creído comprenderlo. Pero no cabe duda que con Francisco Villa es difícil no tomar partido.
A través de los años hemos escuchado hablar de los dorados de Villa, de la niñez de Francisco Villa, de la toma de Ciudad Juárez, de sus relaciones con Madero, del Triunfo de Madero y la caída de Díaz, de la División del Norte, de Francisco Villa como reformador social.
Otros capítulos en la vida de Pancho Villa, son: La ruta y el ataque a Columbus, Francisco Villa en pie de lucha, Francisco Villa vence el desierto de Mapimí, El tratado de paz en Sabinas, Coahuila, Adiós a las armas, Francisco Villa y los acontecimientos políticos, La muerte de Francisco Villa y los últimos momentos de su vida.
Son muchas las facetas de la vida de este personaje revolucionario. Hay quienes lo llaman «luchador romántico» e intentan valorar su verdadera imagen.
Así, lo recordamos desde muy joven, cuando a los 17 años se ve precisado a ejercer la justicia por mano propia sin contemplaciones y logra herir al cacique que abusó de su familia. Desde entonces fue perseguido.
Encuentra en la Revolución un motivo para luchar por un ideal y se convierte en rebelde que apoya a Francisco I. Madero en contra de Porfirio Díaz.
Villa tenía una gran simpatía y conquistó el corazón de los mexicanos, sobre todo de las clases más necesitadas.
Cuando Madero llega a la Presidencia de la República el 6 de noviembre de 1911, lo apoya. Villa no pretende ni busca puesto público alguno. Se retira a la vida privada. Cree entonces que ya ha cumplido con la Patria. Sin embargo, su lealtad y su patriotismo, lo llevan, una vez más, a luchar a favor de la Revolución y en contra de quienes él consideró que estaban desviando la idea original de Madero.
Su nombre verdadero era el de Doroteo Arango, pero él lo cambió por el de Francisco Villa. Con este último nombre luchó en la Revolución y tuvo una participación sobresaliente. Personaje controvertido de nuestra historia, el tiempo le ha otorgado el sitio que le corresponde.
Su nombre – el que él escogió – fue inscrito con letras de oro en el Congreso de la Unión y sus restos descansan en el Monumento a la Revolución en la Capital de la República.
VILLA EN MONTERREY
Francisco Villa figura también en la Historia de Monterrey. La capital nuevoleonesa lo recibió el 13 de marzo de 1915, hace 96 años. Ese día en que el Centauro del Norte llegó a esta ciudad, ha sido descrito como un día “lleno de radiante claridad” y con “un cielo intensamente azul”.
Las actitudes de los regiomontanos eran contradictorias. En algunos había júbilo, alegría y optimismo, mientras que en otros había preocupación y temor. Lo cierto es que su llegada causó gran expectación.
Vayamos a ese momento:
“En la Estación del Ferrocarril ‘Unión’ vense hacinadas numerosas personas que estaban impacientes por conocer el Centauro del Norte… Por fin vióse no lejos surgir por las paralelas la nariz de la locomotora, y a poco se fueron dibujando en el firmamento una cadena de nubecillas de un humo negroso que despedían los fogones de los trenes que entre agudos silbatos y el nítido estridor de sus campanas anunciaban la llegada a Monterrey, de las bravías huestes villistas.
“Era el 13 de marzo de 1915, Villa desciende ahora del carro que le sirve como Cuartel General Móvil. El júbilo de la gente que va a recibirlo se desborda. Su figura señera maciza como la de un roble se confunde en el calor de la simpatía”.
Hay voces y gritos. La gente está contenta. Los generales Felipe Ángeles y Raúl Madero son los encargados de darle la bienvenida oficial. Ambos fueron gobernadores de Nuevo León. Las tropas villistas se acomodaban en diversos sitios de la ciudad. Incluso ocuparon el Gran Hotel Ancira.
De inmediato, Villa tomó una serie de medidas. La primera fue la de perseguir a los adversarios. En efecto, las fuerzas carrancistas se encontraban en el municipio de Los Ramones y hasta allá fueron los villistas. La persecución se prolongó hasta los municipios de Los Herreras y Cerralvo. Con esta acción, la gente de Villa se anotó un triunfo y consiguió material de batalla que los contrarios dejaron abandonado.
Desde Monterrey, Villa estuvo al tanto de lo que sucedía en otros lugares. Giró instrucciones a fin de que en las batallas contra los carrancistas realizadas en poblados fronterizos, no se causara daño a las poblaciones norteamericanas, ya que esto le ocasionaba problemas con el gobierno de los vecinos del Norte. En Monterrey recibió informes de la derrota que sufrieron sus seguidores en Guadalajara y se enteró de los avances de Álvaro Obregón.
Villa se entrevistó en Monterrey con un grupo de empresarios que acudieron a darle la bienvenida. En esa entrevista, se le informó acerca del banquete que se estaba preparando en su honor, a lo cual el jefe de la División del Norte les preguntó cuánto pensaban gastar en ese evento. La respuesta fue que serían unos 30 mil pesos.
El militar consideró que no era necesario hacer ese gasto, pues había otras necesidades más importantes. De inmediato giró instrucciones al Gral. Raúl Madero para recibir el dinero mencionado y gastarlo en maíz y frijol, para que fueran repartidos entre las familias regiomontanas de escasos recursos.
Estando en Monterrey, Villa tuvo la idea de solicitar el apoyo económico de los principales empresarios. Fue así como se elaboró una lista de 135 “colaboradores”, quienes deberían brindar una aportación de un millón de pesos para la causa de Villa. Sin embargo, lo anterior no se cumplió totalmente, debido a que Villa salió repentinamente de Monterrey, el 24 de marzo de 1915.
Así concluyó un episodio más en la historia de nuestra ciudad y de México.
