(Tomado del libro Literary Anecdotes, de Robert Hendrickson. Traducción Félix Ramos)
Esquilo es uno de los pocos grandes escritores que fue también héroe de guerra. El padre de la tragedia griega luchó como soldado en la guerra contra Persia. Vio acción en Maratón, Artemisa, Salamina y Platea. Su hermano Cinegiro, que luchó a su lado en Maratón, fue muerto cuando intentaba una acción heroica. Los atenienses reverenciaban a Esquilo tanto como héroe de guerra, como por ser un gran autor trágico, y colocaron efigies de los hermanos en la pintura que servía como el Memorial Nacional de la batalla en la Stoa Poecile (Porche pintado). En su epitafio, probablemente escrito por él mismo, el poeta es representado durante su lucha en Maratón.
Se dice que Esquilo actuaba en una de sus propias obras, cuando se hizo una referencia a Démeter, la diosa de la agricultura, y el público lo acusó de revelar los secretos de la “tierra madre”, que tenía el poder de hacer que la tierra se volviera estéril. El público se levantó airado, maldiciendo al poeta y cargando contra él. Esquilo pudo salvarse únicamente porque se refugió en el sitio de la orquesta, en el altar de Dioniso, el cual incluso la furiosa multitud respetaba como un santuario inviolable. Más tarde, al ser juzgado por su crimen, Esquilo argumentó no saber que lo que se había dicho era secreto, y fue absuelto, muy probablemente por su heroísmo como soldado en la batalla de Maratón.
Aunque procedía de una familia noble, luchó con bravura por su país, y era respetado por su dignidad, sublimidad y elocuencia, Esquilo tuvo una muerte más bien vulgar, muy alejada de los temas de grandeza que elegía para sus obras.
Cuenta la leyenda que el gran poeta griego murió cuando un águila dejó caer una tortuga sobre su calva cabeza. Tal vez la tomó como una roca y dejó caer al quelonio para abrir su caparazón y poder alimentarse de sus entrañas.
