América Latina, víctima del populismo

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Cinthya Araiza

Si bien es cierto que América Latina ha pasado por un sin número de transiciones de carácter económico, político y social que no necesariamente van ad hoc con el sistema a nivel internacional. Cabe destacar sin embrago, que de cierta forma las oligárquicas como sistemas o regímenes, han imperado desde mucho antes del siglo XX.

Las revelaciones en contra de las élites y de los intereses individuales característicos de las oligarquías, dieron pie a diversas inconformidades sociales y a raíz del “multiclasismo” y el interés por modernizar al Estado; la ciudadanía ha logrado dar una nueva forma al sistema tan característico de los años treinta y cuarenta, me refiero al populismo histórico e incluyente, que no obstante, iba acompañado de beneficios materiales y apoyo sindicales. Tal pareciera ser que sería el régimen perfecto para una sociedad latinoamericana tan lastimada por un pasado excluyente.

Desde el sentido político-ideológico, se define al populismo como un fenómeno característico de la transición de una “sociedad tradicional” a una “sociedad moderna” en los países sub desarrollados. En Europa, la integración de las clases populares se dio paulatinamente mediante reformas y por medio de su participación en partidos políticos liberales u obreros, mientras que en América Latina se dio mediante prácticas políticas “degradadas” que dan lugar al populismo. La movilización de las masas se da tempranamente y choca con estructuras políticas que aún no están preparadas para integrarse, por lo que surgen formas populistas que constituyen una desviación al modelo considerado como normal o convencional. La visión marxista, postula al populismo como una estrategia de dominación para evitar que se movilicen las masas populares de manera autónoma ante el fracaso del sistema político oligárquico. (Viguera, 1993).

Sin embrago, ya era de esperarse que comenzaran a surgir quejas debido al estancamiento del sistema, de partidos y a las constantes huelgas, así como también actitudes de carácter  “oligárquico” de ciertas clases sobre todo, del emergente sector privado.

Surgió entonces, un nuevo sistema que se dio a raíz de una diferenciación social en donde los nuevos tecnócratas eran los protagonistas de dicho sistema al que se le dio el nombre de Burocrático-autoritarios, dando la bienvenida a los nuevos sectores militares y burguesías civiles que llevarían a la entrada de una coalición golpista para intervenir en todo asunto dentro del estado, con medidas represivas pero con el fin de poner un alto a las constantes crisis económicas.

A pesar de que la mayoría de los países en nuestra región han pasado por todas estas transiciones anteriormente señaladas, cada país tiene rasgos que los caracterizan y los hacen tan diferentes. Si se habla de algún rasgo en común  que han tenido todos los países latinoamericanos, seria la búsqueda o intento de todos por llegar a una democracia en su forma más perfecta, esto es, que cuente con una buena calidad de instituciones políticas, que tenga capacidad para responder a las diversas demandas sociales así como también la capacidad de expansionismo económico, sin embargo esto resulta utópico, pues de haberse articulado estos rasgos, no se habría recurrido al fenómeno del populismo histórico y en su versión más nueva, el neopopulismo. Este último es víctima de políticas neoliberales que caracterizan a una democracia representativa pero con matices autoritarias.

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