Borges, ciudadano del mundo

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Jorge Pedraza Salinas

A medida que iba perdiendo la vista, su visión del mundo y de la humanidad era cada vez más clara y profunda. Había nacido cuando el siglo XIX se despedía: el 24 de agosto de l899. En este mes de agosto de 2011 se cumplen 112 años del natalicio de Jorge Luis Borges, ese gran argentino que se convirtió en ciudadano del mundo.

Su figura, como la de Alfonso Reyes, crece con el paso de los años y aunque no hayan logrado conseguir el Premio Nobel de Literatura, su obra perdura en el tiempo.

El Premio Nobel de Literatura, considerado el más importante a nivel internacional, se ha otorgado a personajes como Bjornson, Mommsen, Heyse, Gjeellerup, Spitteler, Echegaray, Carducci, Seferis, Reymont, Karlfeldt, Sillanpää, Eucken, H. E. Martinson, E. Johnson, Laxness, Quasimodo y Bunin, entre otros. Por otra parte, entre los escritores que figuraron como candidatos al Premio, pero no lo consiguieron, mencionaremos –además de Borges y Alfonso Reyes– a Bertolt Brecht, Mark Twain, Henry James, Máximo Gorki, Paul Valéry, H. G. Wells, Somerset Maugham, Anton Chejov, Leòn Tolstoi, Henrik Ibsen, Rainer María Rilke, Marcel Proust, Benedetto Croce, Virginia Woolf y George Meredith.

Pero volvamos a Borges. Este ilustre escritor que recorrió los caminos de Francia, Italia, Suiza, en fin los caminos del mundo, hizo de Buenos Aires, su ciudad natal –como Reyes con Monterrey–, fuente de inspiración. Incursiona en la poesía, en el ensayo, en la crítica y en la narrativa. Entre sus obras figuran: «Ficciones», «El Aleph», «Cuadernos de Bustos Domecq», «Historia de la eternidad», «Historia universal de la infamia», etc.

LA HISTORIA DEL ESPIRITU

A Borges le gustaba –como a Reyes– recordar a Paul Valéry, quien escribió: «La Historia de la literatura no debería ser la historia de los autores y de los accidentes de su carrera o de la carrera de sus obras, sino la Historia del Espíritu como productor o consumidor de literatura. Esa historia podría llevarse a término sin mencionar un solo escritor». Borges era un apasionado de la lectura. Su relación con los libros y las bibliotecas, lo llevó a ser dueño de un saber enciclopédico. De sus textos, recordamos «La biblioteca de Babel», un lugar en donde se guardan y se conservan los libros de todo el mundo y de todos los tiempos. Otro de los temas en sus libros, es el de los laberintos como símbolo del espacio complejo y cerrado que contiene la vida misma. También, por supuesto, el tiempo y la eternidad adquieren una gran importancia en su obra.

CURIOSO DESTINO

A Borges le gustaban las tardes de oro de junio. Un día de junio se nos fue. Tiempo atrás había escrito su poema «Junio, l968», en el cual nos habla –una vez más– del regiomontano Alfonso Reyes: «Y a Reyes –dice en ese texto– no le desagradará ciertamente/ la cercanía de Virgilio».

He aquí otra parte del poema: El hombre, que está ciego,/ sabe que ya no podrá descifrar/ los hermosos volúmenes que maneja/ y que no le ayudarán a escribir/ el libro que lo justificará ante los otros,/ pero en la tarde que es acaso de oro/ sonríe ante el curioso destino/ y siente esa felicidad peculiar/ de las viejas cosas queridas.

Lamentablemente, a Borges le sucede lo que a Reyes y a muchos otros grandes escritores: la gran mayoría no los lee, a pesar de la grandeza de sus obras.

A propósito de los libros de Borges que le envió a don Alfonso Reyes y que se localizan en la Capilla Alfonsina, hemos de comentar una anécdota. Se refiere a “El tamaño de mi esperanza” y es ésta:

En 1971, cuando recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Oxford, durante una tertulia que se ofreció en su honor, alguien recordó la existencia de El tamaño de mi esperanza y Borges intentó negarlo. Al día siguiente alguien le llamó por teléfono para informarle que a unas cuantas cuadras podía encontrar el libro en la Biblioteca Bodleiana.

–“Estoy perdido –le dijo a María Kodama–, ¿qué vamos a hacer?”

Ese libro, como muchos otros de Borges, se encuentra en la Biblioteca Universitaria Capilla Alfonsina, en la UANL.

UN LIBRO DE 50 MIL DÓLARES

En noviembre del año 2003 apareció en la prensa nacional e internacional la noticia relativa a la venta de un libro de Jorge Luis Borges, considerado sumamente raro, ya que sólo se editaron 300 ejemplares del mismo. Según la nota publicada en “El Universal” (19 de noviembre de 2003), el libro era “Fervor de Buenos Aires” y su precio de subasta en Londres era de 50 mil dólares.

Este libro, como otros del escritor argentino, se encuentra en la Capilla Alfonsina de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Fue editado en el año de 1923 y tiene la siguiente dedicatoria:

“A Alfonso Reyes, hombre de docta perspicacia. Jorge Luis Borges”.

Hay otros libros de Borges en la Capilla Alfonsina de la UANL, que también son verdaderas joyas. Están, por ejemplo, Evaristo Carriego, Historia Universal de la Infamia, Luna de Enfrente, Otras Inquisiciones, Las Kennigar, Historia de la Eternidad, Discusión, El Idioma de los Argentinos, El Tamaño de mi Esperanza y otros, así como las Revistas Sur y El Hogar, en donde se pueden encontrar numerosos textos, todos ellos dedicados por su autor al regiomontano ilustre.

Lo cierto es que ese gran escritor que fue Borges sentía una gran admiración por nuestro Alfonso Reyes. Aunque había una diferencia de diez años de edad (Reyes había nacido en 1889 y Borges en 1899), hubo entre ellos una amistad que se prolongó a través del tiempo y la distancia. De ello ha quedado constancia también en la correspondencia que guarda celosamente Alicia Reyes, nieta del ilustre humanista regiomontano.

En innumerables textos y entrevistas, Borges reconoció en Alfonso Reyes al maestro. Uno de los mayores elogios, lo hizo cuando dijo: “Para mí el mejor prosista de la lengua española de éste y del otro lado del Atlántico sigue siendo el mexicano Alfonso Reyes. Tengo recuerdos muy gratos de su amistad, de su bondad… Para mí fue un escritor ejemplar, y su obra, una gran obra. Si tuviera que decir quien ha manejado mejor la prosa española, en cualquier época, sin excluir a los clásicos, yo dría inmediatamente: Alfonso Reyes”.

En 1986, al conocerse enfermo de cáncer, estableció su residencia en Ginebra, ciudad a la que lo unía un profundo amor. El 26 de abril de ese año se casó con María Kodama. Falleció el 14 de junio de 1986 –hace XXV años–, a los 86 años. Sus restos descansan en el cementerio de Plain Palais.

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