Churubusco

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Batalla tras batalla

y derrota tras derrota;

doquiera el incendio brota,

doquiera el cañón estalla.

 

Silba fugaz la metralla.

En Palo Alto y las Angostura,

en Veracruz y en la altura

del heroico Churubusco,

y es el ataque tan brusco

que infunde al alma bravura.

 

Rumbo al Molino del Rey

camina el yanqui ambicioso,

queriendo voluntarioso

la fuerza imponer por ley,

pero en animosa grey

los soldados mexicanos,

con esfuerzos sobrehumanos,

que Anáhuac jamás olvida,

la feroz acometida

resisten cual espartanos!

 

Y allí el general Rincón,

lleno de indomable brío,

impertérrito y sombrío,

oye tronar el cañón.

 

Y llevando en su pendón

por lema: “Victoria o muerte”,

ni le preocupa la suerte

que le toque en el combate,

ni se humilla, ni se abate,

ni se rinde ante el más fuerte.

 

Y gritan con gran denuedo

los de “Independencia” y “Bravos”

¡No hay en Churubusco esclavos

del torpe y cobarde miedo!

 

El patriotismo, su credo,

los excita a la pelea,

hirviente la sangre humea,

los hurras llevan al viento

y se escucha el ronco acento

del cañón que centellea.

 

Mil héroes en este día

en el campo del honor,

por ti con bélico ardor

dan su vida.  ¡Patria Mía!

 

No quiso por suerte impía

coronarlos la victoria;

pero sus nombres la historia

guarda con amor profundo,

para que brille en el mundo

cual sol fulgente de gloria

Peñuñuri y Espinosa,

Méndez, Martínez de Castro,

y Anaya, el campeón, el astro

de aquella época luctuosa,

toda la gente afanosa

toma parte en la refriega,

y lucha, y se esfuerza, y brega

con tal desesperación,

¡que la heroica posición

se rinde, mas no se entrega!

 

No existe en la historia humana

otra página tan bella,

tan brillante, como aquella

de la historia mexicana.

 

Ya la hueste americana

llega al convento, y allí

a Twigs que en su frenesí

pide el parque.  “Si lo hubiera

-dice Anaya-, no estuviera

usted, General, aquí”.

 

¡Valiente respuesta! digna

de un general espartano

¿De qué pueblo americano

la historia otra igual consigna?

¿Qué patriota no se indigna

y se siente enardecer

en ira, si al recorrer

esta página inmortal,

en lucha tan desigual

ve mil héroes perecer?

 

¡Patriotas! en la confianza

de encontraros cuando muera,

allá en la radiante esfera

de la paz y la esperanza:

mientras brilla en lontananza

la luz de la eterna aurora,

mientras se acerca la hora

en que tenga que partir,

os viene mi alma a decir,

¡héroes santos! que os adora.

 

¡Churubusco! griego templo

donde heroico el patriotismo

de valor y de civismo

dio al mundo sublime ejemplo,

¡Churubusco, te contemplo,

y al pasar con alegría

cuántos héroes a porfía

aquí la memoria evoca

¡quisiera yo en ansia loca

morir por la patria mía!

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