Sociedad organizada vs Delincuencia organizada

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Alfonso García Alanís

La sociedad nuevoleonesa asentada en tierras áridas, con climas extremos y alejada del centro, domicilio de los poderes federales, siempre y con dedicación y esfuerzo, había logrado progreso familiar, cultural, educativo y económico.

De un tiempo acá hemos sentido que se ha aflojado la disciplina, las buenas costumbres, los valores, el civismo ciudadano y, sobre todo, la solidaridad de la comunidad.

Normalmente, el ser humano piensa que lo malo que le acontece es culpa de los demás: del gobierno, los vecinos, los maestros, la corrupción, los policías, los ninis, los medios de comunicación, las sectas religiosas, los Estados Unidos, los españoles y no sé cuantos más. La verdad es que no hay mejor maestro para los menores que sus padres, mejor policía que uno mismo en el cuidado de su seguridad, que los mexicanos entregados al trabajo, para sacar a México adelante.

DEMOS A LA FAMILIA

EL LUGAR QUE LE CORRESPONDE

La patria potestad que ejercemos los padres con los hijos genera derechos y obligaciones. La educación (principios, valores) corresponde a los padres. La enseñanza (gramática, física, etcétera) a los maestros. El preocuparse y ocuparse de los hijos; valorar a la familia como la célula de la sociedad; el matrimonio entre hombre y mujer como base de dicha célula social; el trabajo diario y honesto como fundamento del progreso; el amor a México como la única patria que es nuestra, y el respeto y cuidado de nuestros mayores; el apoyo a las autoridades que elegimos, y en general el bien ser y actuar de quienes integramos la comunidad es lo que puede proporcionar los elementos que modifiquen la inseguridad que padecemos -¿por qué no decirlo?- por descuido o flojera de nosotros. Tenemos que actuar en consecuencia.

¿Qué de bueno pueden obtener los muchachos (jóvenes de ambos sexos) cuando salen de la casa a las 12 de la noche para divertirse en la oscuridad de los “antros” y no sé que otros lugares? Y, en su caso, regresar a las 6 de la mañana (si es que no dicen que dormirán con los amigos), sin que sus padres, en la mayoría de los casos, sepan con quién andan ni el lugar de esparcimiento donde están. Y a esto habrá que añadir la inseguridad que existe en esta sociedad, venida a menos en mucho por culpa nuestra.

Y digo por culpa nuestra (reconozco y acepto la enfermedad como principio de la cura), porque valoramos más los bienes materiales (dinero, casas, autos, joyas, ropa) que lo realmente valioso, que es la familia, la seguridad, el trabajo, la salud física, nuestra patria. Cambiemos de forma de ser y pronto veremos que la tranquilidad regresa a Nuevo León.

Fomentemos la amistad y las buenas relaciones con nuestros vecinos. La conseja popular dice que es mejor tener un buen vecino que un buen hermano, porque al vecino lo tenemos cerca las 24 horas del día y al hermano lo vemos más esporádicamente.

 

LOS VALORES

Muchas personas confunden la educación en los valores (amistad, honestidad, respeto a los demás) con una educación moral o religiosa. Esto no es así; tal punto de vista obedece al prejuicio y a la ignorancia. Educar en los valores es buscar que la persona -niño, joven o adulto- aprenda a descubrir el significado de lo que conoce y hace para darle su justo lugar en su vida personal y social; es decir, la persona debe conocer lo que es su cuerpo, cómo funciona; conocer lo que es la economía y sus leyes.

Pero lo importante es que llegue a respetar su cuerpo y los de los demás; que cuide su salud y no atente contra la integridad de sus semejantes; lo importante no es conocer las leyes económicas, sino que éstas las pueda aprovechar para crear riqueza que sirva para satisfacer necesidades humanas y no al consumismo.

Como sociedad, debemos -empezando con los vecinos, el barrio, la colonia- convocar a foros regionales para superar la crisis que estamos viviendo. México no se ha acabado con los recientes sucesos; los mexicanos que creemos en nuestro país y que tenemos fe en nosotros mismos, sabemos que, rescatando la unidad de la comunidad, podemos avanzar con tenacidad y mayor coraje en la inseguridad; en lo económico dentro de un modelo de una economía de mercado con responsabilidad social; en la sociedad, con un nuevo pacto que congregue a todos los sectores alrededor del logro del bien común.

Debemos seguir avanzando con rapidez en la política, con democracia participativa; todos buscando el beneficio de México y no los intereses creados; no las luchas de li-berales y conservadores de antaño que en la actualidad se siguen dando entre los diversos partidos políticos (PAN, PRI, PRD).

Quienes atentan hoy en día contra la unidad del pueblo mexicano y a favor de la violencia, atentan contra la posibilidad de salir de la crisis. En esto participamos ustedes y yo en forma directa o indirecta, cuando no cumplimos con vigilar, cuidar y educar a los hijos; tener comunicación y buenas relaciones con nuestros vecinos; hacer el bien en nuestro barrio o colonia y otros que formen la cultura de la solidaridad social.

Si el gobierno hace su parte y pone un centro de atención inmediata en colonias donde proliferan los pandilleros y gente marginada, ayudará mucho a desterrar la inseguridad que cada vez es mayor. En estos centros de atención inmediata habría, las 24 horas del día, patrullas con policías de barrio; médico, farmacia, comedor, peluquero, regaderas para baño, talleres de oficios varios, justicia de barandilla, camioneta para reparar alumbrado público y todo esto con cobros simbólicos para algunos servicios ($5.00 médico, comida, corte de cabello).

Hay quienes quieren hundirnos en la confusión, en una mayor pobreza y dependencia de otros países. Hoy se requiere de mucho más que discursos para preservar y lograr crear los empleos productivos que México necesita.

Se requiere mucho más que de palabras para que puedan sobrevivir miles de empresas pequeñas y medianas (las que generan el mayor número de plazas de trabajo); se requiere que los juicios laborales no duren más de 90 días (plazo establecido por la Ley Federal de Trabajo vigente), y no cargarle al patrón los salarios caídos, por no ser su culpa que las juntas de conciliación, así como abogados y líderes sin escrúpulos alarguen los asuntos en perjuicio de trabajadores y empleadores.

 

COMPROMISO CON MÉXICO

Se necesitan cambios importantes en nosotros y en el gobierno en turno. Urgen propuestas inteligentes y creativas (en lugar de los continuos pleitos entre los partidos políticos). Exijamos ir más allá de la condena a nuestro gobernador y nuestro alcalde (a quienes elegimos), de la queja estéril; renovemos nuestro compromiso con México (no hablemos mal de nuestro país. Es el único que tenemos). Estemos conscientes que usted y yo somos la esperanza de las nuevas generaciones y convirtamos nuestra frustración en poderoso acicate para enfocarnos en las soluciones y no en los problemas que nos aquejan.

No propongo dejar en la impunidad a todos los responsables de éstas y otras crisis que hemos padecido; es mejor exigir que la justicia, conforme a derecho, determine quiénes son merecedores de castigo, pues es fácil fabricar culpables, levantar falsos en medio de la crisis generalizada. Busquemos construir un país donde impere la ley, no las pasiones.

La mayoría del pueblo mexicano: obreros, campesinos, empresarios, maestros, amas de casa, autoridades, han puesto su parte y se han sacrificado. Son otros -y éstos son minoría- los que no han cumplido con su deber; y hay otros más que, por intereses personales o de grupos políticos, nos están empujando a esta crisis.

 

UNIDAD ANTE LA CRISIS

Unámonos como sociedad y no echemos por la borda los esfuerzos y sacrificios que hicieron nuestros padres; no podemos hacerles el  juego a los delincuentes y tampoco a los que pretenden capitalizar a su favor la crisis. Apoyemos a nuestro presidente, a nuestro gobernador, a nuestro alcalde y a otros funcionarios que, en su momento, hacen su mejor esfuerzo para salir de este fango. Recordemos que hay más funcionarios públicos buenos que malos.

Ante la situación existente, las reacciones desde el disgusto hasta la impotencia han sido generalizadas; lo peor es caer en la desesperación (toque de queda, suspensión de garantías individuales, estado fallido) y en el inmovilismo que ésta produce, porque esto conduce a la violencia sin freno, al estancamiento y al cinismo.

La desesperación llega cuando ya no se tiene fundamento para seguir luchando en la vida; la esperanza se fundamenta en la fe, en la confianza cierta en algo o en alguien. ¿En qué podemos hoy basar nuestra esperanza para seguir nuestro camino?

FE EN NOSOTROS, EN MÉXICO

Y EN LOS VALORES

En primer lugar, debemos tener fe en nosotros mismos, en el México que queremos lograr; en ocuparnos de los hijos que le vamos a dejar a México, y, en resumen, debemos fijarnos metas en las que podamos creer, y tener líderes para conseguirlas.

En segundo lugar, nuestra esperanza debe basarse en tener fe en los valores del ser humano, en la posibilidad de cambio para bien y en la solidaridad de la comunidad (Hay más gente buena que mala).

Por otro lado, nuestra esperanza se debe alimentar en las oportunidades que podemos encontrar a nuestro alrededor (vecinos, barrio, colonia, trabajo y otros), con el mismo realismo que podemos identificar los problemas y obstáculos.

México ya no es el mismo de hace 15 ó 20 años, social, política y económicamente; la mentalidad de los mexicanos, en su mayoría, ha cambiado; y nos mostramos más exigentes de nuestros derechos, aunque, desafortunadamente, menos responsables en el cumplimiento de nuestros deberes cívicos (no se respetan los símbolos pa-        trios, se critica a México y sus autoridades; los alumnos no respetan a sus maestros; los menores no respetan a sus mayores, y otros). La propia experiencia de las últimas décadas nos ha mostrado el fracaso de diferentes modelos económicos y políticos, por la carencia de un profundo sentido humanista.

 

PREVENCIÓN DEL DELITO

Monterrey y su área metropolitana es, por su progreso, atractiva para mucha gente de todas partes de la repu-blica, tanto de la ciudad como del campo, y extranjeros de varias nacionalidades (personas más buenas que malas). Debemos estar muy conscientes de esta gran migración y solidarizarnos con la gente de bien y prevenir los delitos (no hay mejor vigilante de la seguridad que nosotros mismos) uniéndonos contra los delincuentes, ayudándonos en caso de emergencia, denunciando ante el ejército y la marina a los sospechosos (por ser hoy por hoy las autoridades confiables que reprimen a los delincuentes).

La enseñanza, desde la preparatoria, debe ser con el plan escuela-empresa (práctica) en una proporción del 40 por ciento teoría y el 60 por ciento práctica. Al final, el trabajo seguro lo tiene el profesionista que sabe aplicar sus conocimientos teórico-prácticos en su especialidad.

Los médicos egresados de la Facultad de Medicina y Hospital Universitario de la UANL son cotizados como triple A por hospitales nacionales y extranjeros. Este ejemplo debe aplicarse a todas las profesiones de universidades públicas y privadas. Las licenciaturas, maestrías y doctorados sin práctica completa no sirven de casi nada.

Por otro lado, la mayoría de los organismos intermedios y colegios de profesionistas han dejado de cumplir con su misión ante la comunidad, espacio que han tomado algunos de los medios de comunicación (cuyos comentaristas opinan y se convierten en ministerios públicos, jueces y otros más, presionando a las autoridades. so pretexto de que la sociedad quiere saber) que comunican y venden noticias regularmente amarillistas que parecieran tener más seguidores que los editorialistas profesionales y tratan asuntos que alimentan nuestros conocimientos. Cuando hay un accidente automovilístico se paran más de cien curiosos, y lo que causan son más accidentes.

 

HORARIOS ESCALONADOS

Si la comunidad se pone de acuerdo en que la entrada a las fábricas sea a las 7:00 a.m.; a los lugares de enseñanza a las 8:00a.m., y a los comercios y oficinas a las 9:00a.m., también las salidas serían escalonadas, y mejoraría mucho la vialidad en nuestra región. Este solo ejemplo debe servir para hacer muchas otras cosas que, sin mayor costo, beneficien a la comunidad.

La sociedad organizada, más temprano que tarde, acabará con la delincuencia organizada. Estamos convencidos de que la respuesta a la crisis de seguridad, social, política y económica por el México que queremos construir, no es sólo de carácter técnico; está en un liderazgo moral que vertebre (una) a la sociedad, para conseguir el país que deseamos; para lograr un desarrollo sostenible, una economía de mercado con responsabilidad social y una democracia participativa.

 

 

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