Gabriel Contreras
La herencia industrial de Monterrey, un presente plagado de preguntas, y un futuro con las puertas abiertas de par en par, son facetas que se interrelacionan a través de un monstruo metálico matizado de Historia: el Museo Horno3.
En medio del Parque Fundidora, estableciendo con su imagen un punto de cruce entre pasado, presente y futuro, este edificio contundente y de bellísimo perfil, nos revela el por qué de su condición de patrimonio cultural nacional, y revela además una vocación ecológica y con miras a la sustentabilidad.
En pleno Siglo XXI, el Museo Horno3 nos cuenta con breves trazos el pasado minero y siderúrgico de Monterrey, transformando esa historia, compleja y dura, en unas cuantas metáforas, objetos sueltos y juegos interactivos. Vemos estufas, una camioneta, lingotes y tuberías, eso es la metonimia de un pueblo que se erige sobre la base del acero.
Sin embargo, alguna vez todo ese hierro al rojo vivo fue verdadero, no sólo teatro; alguna vez esto no fue escenografía, sino el centro productivo más importante de esta ciudad.
Pero tanto la narración como el documento están presentes en este libro viviente, que hoy nos habla de lo que fuimos para entender un poco lo que somos y seremos.
Martha Piñeiro es la responsable de relaciones con el público del Museo Horno3. Ella nos indica que fue el Ingeniero Luis López el iniciador del concepto de este museo.
A él se le ofreció la posibilidad de trabajar este espacio, a secas, nos cuenta la entrevistada, y poco a poco fue concibiendo la realización de un museo.
Así, aunque paradójicamente existió antes el guion museográfico que el museo propiamente dicho, las cosas caminaron bien y el proyecto prosperó en una realidad palpable y bien estructurada.
“Esto museo nos lleva más allá de la Historia de la Fundidora, nos revela muchos aspectos de la historia de México. Tenemos el espectáculo del Horno, que revela imágenes muy impactantes, pero tenemos también un paseo interpretativo, que nos muestra, a través de objetos y escenografías, como era la vida a lo largo del siglo XX en México”.
Pero esto es más que un museo convencional. Hay elementos de educación científica y tecnológica en su dinámica diaria.
Para ello “hay un departamento que desarrolla diplomados infantiles, cosa que se hace en conjunto con las universidades. Por ejemplo, tenemos el diplomado de robótica, que se ofrece en conjunto con la Universidad Regiomontana, y el de medicina, que se ofrece en colaboración con la UANL, y el de Desarrollo Sustentable, en colaboración con el Tec. Además, el Museo ofrece un diplomado en Arquitectura Sustentable en colaboración con la UdeM”.
El niño busca respuestas, dice Piñeiro, “y por eso nosotros le ofrecemos la posibilidad de obtener respuestas”, asegura con una sonrisa.
Armando Puente es el responsable de mantenimiento del Museo Horno3. Lo entrevistamos.
El nos dice que desde el momento de la construcción se tomó en cuenta la climatización sustentable del edificio, así como la posibilidad del techo verde, y el manejo equilibrado y ecológico de los domos y espacios de oficina.
“La carga térmica del edificio, tal y como está concebida, representa un gran ahorro en materia de electricidad, y ofrece al mismo tiempo confort. En este edificio se demuestra que es posible tener un espacio fresco sin necesidad de invertir grandes cantidades de energía”.
Ciencia, ecología, educación, sustentabilidad e Historia, todo unido en un solo espacio: el Museo Horno3.

