Cinthya Araiza
Para Estados Unidos, el siglo 18 fue época de reformas, se habían promulgado varias leyes que a escala nacional eran efectivas y sólo el gobierno nacional era capaz de garantizar su éxito. El congreso, había determinado cierta legislación de carácter progresista como lo fueron la Ley Pendelton de Servicio Social de 1883, La ley de Comercio Interestatal de 1887, La Ley Anti-trust de 1890, La Ley Erdman (para llevar a juicio las disputas obrero-patrón en los ferrocarriles) de 1898; sin embargo a dichas leyes les faltó eficiencia por dos razones: no profundizaban lo suficiente y no se hacían cumplir activamente.
Eran más bien un efecto visual, un adorno, pues eran más que nada gestos otorgados por el Congreso para callar a la opinión pública. Para ese entonces, el gobierno federal estaba en manos de los republicanos quienes con su filosofía laissez faire (dejar ser) eran indiferentes a las demandas sociales y económicas; en pocas palabras sólo daban pensiones (ó sueldos) y privilegios a ciertas clases de la sociedad.
A los primeros presidentes republicanos les falto visión y espíritu creador. El único presidente quien marcaría una diferencia, sería Cleveland un demócrata que logró ejecutar un programa de reformas para beneficio del pueblo pero sin mucho éxito ya que no dieron frutos pues su gobierno fue interrumpido y se regresó al mismo patrón. En realidad en los estados industriales (y los más importantes) como Washington, Pensilvania y Nueva York, estaban controlados por unos cuantos hombres de poder; así llegó una fuerte oleada de rebeliones en varios estados, indicando que las reformas no funcionaban y de la mano, llegó la guerra contra España, dejándolas aún más en el olvido. Para 1901, después de que el presidente en turno, McKinley fuera asesinado por un radical anarquista, la política estadounidense cambió por completo cuando llegó en su lugar un joven letrado de clase alta que ocuparía la presidencia. Era de familia acomodada, se había criado entre la gente rica del Este y se educó en Harvard; era “adecuadamente democrático” y tenía mucho interés por las reformas; un realista político, nacionalista ferviente y fiel republicano. A pesar de carecer de profundidad intelectual y falto de idealismo, Theodore Roosevelt era un líder notablemente estimable y poderoso; en él, el movimiento progresista halló un verdadero líder nacional. Un año bastó para que Roosevelt comprendiera por completo los cambios que se habían estado dando en los Estados Unidos y no deseaba revolucionar, ni mucho menos cambiar el sistema económico, sino salvar el que ya estaba al liberarlo de los abusos que habían crecido con él. Estaba decidido a demostrar que el gobierno era superior a los círculos de negocios y quería darle al hombre común y corriente un mayor trato justo, filosofía en la que basó su gobierno. Roosevelt creó un sentimiento público generado por el movimiento populista, por el impulso progresista que venía de los estados y por una banda de denunciadores quienes habían luchado tanto en contra de los corruptos representantes de algunas de las compañías más importantes de la época. “El gran desarrollo del industrialismo implica que debe aumentarse la vigilancia ejercida por el gobierno sobre la empresa de negocios” T.Roosevet. La vigilancia del gobierno sobre los ferrocarriles fue una de las realizaciones positivas del gobierno de Roosevelt; Se promulgó la ley de indemnización a los trabajadores, para los empleados del gobierno, leyes sobre el trabajo infantil, y una legislación para la aplicación de medidas y dispositivos de seguridad ferroviaria.
A pesar de su característico gobierno reformista, el logro más importante fue sin duda alguna la conservación de los recursos naturales. El amor de Roosevelt por la naturaleza hizo que se interesara en la conservación de ésta, sobre todo cuando al final del siglo, tres cuartas partes de los bosques habían desaparecido en el país, la riqueza mineral se había desaprovechado y la energía hidráulica había sido explotada para beneficio de unos cuantos. El presidente puso manos a la obra y luchó por salvar lo que quedaba. Roosevelt, mejor conocido por todos como Teddy, no sólo sería acreedor de un Premio Nobel de la Paz, sino que sería reelecto al regresar de un largo viaje a África. Sin duda alguna se convirtió en el primer héroe estadounidense por excelencia, el líder ideal que tanto necesitaba el país para enfrentar lo que vendría en 1914 cuando estalló la Primera Guerra Mundial.
