El Teniente Santos

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Ismael Vidales Delgado

Soy el teniente Santos, éste es mi nombre, porque hay también quien se apellida Santos, pero yo así me llamo, así se llamaba también mi padre, que en paz descanse. Mi madre, también ya murió, se llama María de Jesús, pero la gente, le decía de cariño “Chuchis”,  era una humilde campesina de y mi padre era un minero que no “tuvo escuela” -como él decía-  pero ambos eran gente buena, de gran corazón y muy inteligentes.

Cuando yo tenía apenas tres años, emigraron en busca de trabajo a un real minero, animados por un tío de mi padre. En ese real estudié, junto con mis hermanos, ambos menores y nacidos en el real minero. Atendían la escuela el maestro y su esposa, ambos generosos y serviciales, no sólo enseñaban, sino que asesoraban a los mineros en asuntos laborales, sindicales, de salud y prácticamente en todo.

El mayordomo del mineral era un hombre bondadoso, lo recuerdo montando un hermoso caballo y usando un casco de cazador en vez de sombrero, con bigotes retorcidos y muy colorado; él nos obsequiaba en la Navidad juguetes y naranjas, ropa y dulces.

Una vez varios niños nos enfermamos de viruela, entonces el paramédico de la empresa nos curó a todos, no era un doctor titulado, pero sabía tanto como si lo fuera; en otra ocasión surgieron brotes de paludismo y de tifoidea, y también curó a los enfermos; casi nadie se le moría, era muy acertado en sus diagnósticos, pero yo creo que más  bien era su amor con el que nos curaba.

Un día llegó el mayordomo a la escuela y acompañado del maestro y la maestra nos dijo: Avísenle a sus papás que la Compañía va a dar este año cinco becas para los niños que terminen la escuela. Llenos de gozo avisamos, luego el maestro llamó a los papás de los que terminaban sexto y así llegué al Colegio Militar en la capital del país, así llegué a ser  el teniente Santos, pero también mi compañero Juan estudió canto en Bellas Artes, Yolanda estudió para maestra, Pedro estudió radio y Nicanor estudió medicina.

Todos nos titulamos, nos casamos y tenemos hijos. Ahora ya murieron mis padres y toda la gente que nos ayudó, el real minero ya no existe, yo vivo en el sur del país y tengo cuatro hijos. No he vuelto a ver a mis compañeros, pero siempre recuerdo lo felices que fuimos en nuestra niñez.

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