Sin autor conocido
- No debo exigirle a una mujer que me ame, pero puedo dejar que me ame y amarla yo.
- Por más que me preocupe por los hijos, es posible que ellos ni se enteren de mis afanes.
- Lleva muchos años conseguir la confianza y bastan unos segundos para perderla.
- Lo más valioso no es lo que tengo en mi vida, sino a quién tengo en mi vida.
- Uno no es de donde nace, sino de donde más lo extrañan.
- No es bueno compararme con los demás, pues siempre salgo perdiendo.
- No es rico el que más dinero tiene, sino el que menos lo necesita.
- Siempre debo despedirme de los que amo con palabras de amor, puede ser la última vez que los vea.
- Basta un instante para herir a las personas que amamos; y una eternidad para sanar sus heridas.
- La verdadera sabiduría no tiene qué ver nada con los conocimientos, y menos con los cumpleaños.
- Mi familia siempre me espera, me lo dice esa luz que no se apaga hasta que yo he llegado.
- Siempre se cosecha lo que se siembra: de los chismes se cosechan intrigas, y del amor la felicidad.
- No tengo que cambiar de amigos, si no cambiar mi actitud ante ellos.
- Si protejo demasiado a mis hijos, les causo más heridas que beneficios.
- Los verdaderos amigos son como las señales fosforescentes en la carretera, brillan más cuando el horizonte está oscuro.
- Mi vida puede terminar en un instante y nada pudo hacer para evitarlo.
- Ningún éxito tiene sentido, cuando fracasas frente a ti mismo.
- Nunca haré nada tan bueno para que Dios me ame más, ni nada tan malo para que me aborrezca: El siempre está conmigo.

