Por Luis Eugenio Todd
En gran parte del mundo detecto y siento una crisis de educación, y nuestro país, México, no es una excepción.
La importancia de la educación en el conocimiento y en el proceso de desarrollo es prioritaria para el régimen actual; sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos que hacemos, no logramos acelerar el paso a la velocidad que requiere la modernización, y ahora, por supuesto, la necesidad tecnológica que es urgente en la libre comercialización.
En estos tiempos de comercios integrados y de una comunicación que cruza las fronteras, las geografías se van adelgazando y en su lugar aparecen los procesos de identidad que dependen de la educación fundamental y de las culturas regionales que son en nuestro país un mosaico diverso y muy rico en vitalidad étnica y costumbrista.
Dado que el conocimiento se puede definir como aquel conjunto de información, almacenada en el cerebro, mediante la experiencia o encuentro del ser humano con el medio ambiente y la naturaleza y que es en síntesis el aprendizaje, o por medio de la introspección o reflexión, que se obtiene por el mismo sujeto en sus procesos y estados mentales, y meditando sobre ese tema y visitando algunas universidades en el extranjero, nos hemos dado cuenta de que el secreto está en la información, estructura que, puesta al acceso de las grandes mayorías educativas de la Nación, producirá, según nosotros, el factor potenciador para que el conocimiento, la educación se incorporen a la modernidad y en esa forma logremos integrar los dos factores de la ecuación, para así terminar con la crisis.
Educación para la libertad que el hombre busca en su propia esencia natural. Educación para el desarrollo comercial, que requiere nueva tecnología y una mística científica que nos permita entrar a la competitividad.
También educación para entender la problemática social y generar así la solidaridad.
Para lograr los deseos anteriores, necesitamos compartir información moderna entre nosotros mismos. Nuevos métodos de informática que hagan que la escuela mexicana no se quede atrás de los avances de la ciencia y la tecnología a nivel internacional. Es decir, entre todas las instituciones mexicanas; pero también compartir información con instituciones extranjeras, porque esto es indispensable, ya que la ciencia está descrita y la informática no tiene geografía.
Por ello debemos analizar las mejores prácticas en educación en países como Finlandia, en donde se le da gran importancia a la figura del maestro y también donde se aprecie el conocimiento como es el caso de Singapur.
En Monterrey tenemos muchas universidades, y yo creo que es un buen momento para crear un consejo de información interuniversitaria que nos permita compartir lo poco que tenemos y hacerlo bajo la tesis de que lo público y privado se convierte todo en público cuando hay servicio popular y cuando no hay interés primordial en ganar dinero.
Actualmente, en Nuevo León estamos en una fase de aumentar el conocimiento y de hacer grande nuestra identidad, porque los cambios importantes de México en muchos aspectos siempre han empezado aquí, y esto no es nuevo, es bien conocido nacionalmente.
Urge, entonces, que nuestras universidades se pongan de acuerdo y que los llamados sectores privado y público creen un centro de información compartida de excelencia. Sólo así, en todos los aspectos, podremos entrar a la modernidad.
Para concluir, agregamos el siguiente decálogo sobre la educación que México necesita:
1.- Educación individualizada (cada quien debe ser lo que puede ser, no lo que el sistema quiere que sea). En un país heterogéneo y pluriétnico no es posible homogeneizar el proceso.
2.- La descentralización administrativa, que es síntoma de confianza y genera cultura regional, gestión social y participación estatal y municipal, disminuyendo la macrocefalia.
3.- Un sindicalismo no corporativo y que genere una cogestión en los objetivos académicos demandando sus derechos políticos a través de la Secretaría de Gobernación y no en el frágil campo de la educación.
4.- Una evaluación individualizada y no sólo estadística, que nos muestre dónde estamos y a dónde vamos, de acuerdo con el concepto de que “no hay malos estudiantes sino malos sistemas”, pues un buen sistema debe encontrarle a cada quien para qué es útil.
5.- Un currículo básico que le dé alta prioridad a saber pensar a través de la enseñanza de las matemáticas y a saber comprender a través de la lectoescritura.
6.- Incorporación de las nuevas tecnologías educativas y la informática, dándole primaria atención en la enseñanza de ellas al magisterio y no solamente a los instrumentos didácticos.
7.- Hacia una Universidad Normal para dignificar al magisterio, que incluya: ciencias básicas, investigación educativa, departamentalización y/o investigación e integrar las diferentes áreas con un concepto moderno para generar licenciaturas, maestrías y doctorados.
8.- Una educación media superior con objetivos claros y formación para el trabajo, dignificando al llamado “técnico medio”.
9.- Una nueva universidad que integre las nuevas corrientes del pensamiento a la formación profesional y que les dé un papel importante a la investigación, a la innovación y a la competitividad, características de la época actual. Lo anterior para generar universitarios humanistas y no profesionales con monetarismo ilustrado.
10.- Un apoyo real a la ciencia y a la tecnología tanto la básica como la aplicada y a la transferencia e innovación tecnológica, sacando los cerebros de la universidad para integrarlos a la realidad productiva y generando ciudades del conocimiento.
