Muerte de la educación preescolar

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En la revista Scientific American Mind de noviembre y diciembre de 2011, en un escrito de Paul Tullis se muestran estudios recientes que los niños inscritos en escolaridades muy rígidas, antes de los 7 años y sujetos al sistema de educación tradicional, en donde los niños tienen que escuchar y repetir o aprender lo que el maestro o el libro les implica, es mucho menos eficiente que el sólo darle oportunidad a los niños de que jueguen con los objetos didácticos y que entre ellos platiquen de un juego determinado.

Por ejemplo si el niño quiere aprender el reino animal y uno le enseña las características de dicho animal y de donde viene y cuál es su anatomía, aprenderá menos que si le damos un animal de juguete donde el niño juegue y aprenda con el mismo y dentro de un juego se mencionan las partes y orígenes de ese espécimen biológico.

La experiencia y trascendencia de este estudio, hecho en kindergártenes en Los Ángeles y Nueva York llegó a la conclusión de que los niños aprenden mejor dentro de un ambiente de juego y que en las escuelas preescolares tienen que utilizar ese recurso, poniendo énfasis no en la vida académica estricta sino en la característica natural del niño para jugar. Lo anterior es a todos los niños de menos de 7 años, porque posteriormente se forma una característica distinta en donde el juego se complementa con el ansia y curiosidad del conocimiento.

La importancia de todo esto obliga a replantear los sistemas educativos preescolares, porque los resultados numéricos del estudio aquí descrito, fueron contundentes en cuanto a la eficiencia y aprovechamiento del conocimiento a través del juego en lugar del conocimiento a través de los métodos didácticos tradicionales.

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