Sin autor conocido
Hoy choqué con un extraño cuando caminaba. Discúlpeme, le dije.
Él me contestó: – No, discúlpeme Usted, no lo miré cuando venía.
Ambos fuimos muy amables, continuamos nuestro camino y nos dijimos adiós.
Pero al llegar a casa fue otra historia. Esa misma tarde leía unos papeles, cuando, mi hija se paró junto a mí sin que yo me diera cuenta. Cuando me di vuelta casi la tumbo.
¡Quítate de aquí porque me estorbas! -le grité-
Ella se fue con su corazoncito destrozado. No me di cuenta de lo fuerte que le grité. En la noche, cuando me acosté, empecé a pensar:
-Cuando hablé con un extraño fui muy cortés, pero con mi criatura fui muy grosero.
Me levanté para ir a su cuarto y encontré en el piso un dibujo que me quería mostrar y que se lo tumbé de las manos, ahí estaba en el suelo, la niña ya no lo alcanzó a recoger.
Era en verdad un dibujo muy bello, estaba pintada la familia, claro que los trazos no eran perfectos, pero mi hija tiene apenas seis años, sin embargo había colores y corazones, y ahí estaba yo, con saco y corbata, agarrando de la mano a una niña que me veía hacia arriba sonriendo, esa era ella.
Me sentí el ser más insignificante de la Tierra. Y las lágrimas comenzaron a salir de mis ojos, lentamente fui al cuarto de mi hija y me arrodillé al borde de su cama: despierta cariño, despierta chiquita… ¿Me perdonas?
Ella se sonrío y dijo: Si papacito, ¿Ya viste mi dibujo? ¿Es hermoso, verdad?
De nuevo le dije; -Hija discúlpame por haberte gritado, no debí hacerlo.
Ella me contesto: No te preocupes… te quiero de cualquier manera.
-Y yo a ti corazón y me encantó tu dibujo.
¿Por qué no tratamos a nuestros seres queridos con la misma cortesía que a los desconocidos?
Si hoy nos morimos, en el trabajo nos pueden reemplazar fácilmente en un par días. Pero en la familia no será igual, y menos si hay reproches, recuerdos y deudas sin saldar.

