Ismael Vidales Delgado
El 8 de enero de 1800 apareció un niño de 1.35 m de estatura, desnudo, con el cuerpo lleno de cicatrices. Parecía tener unos 12 años de edad. Ya antes, algunos cazadores de la provincia sur-central de Aveyron, Francia, lo habían visto desplazarse como un animal entre la maleza y buscar afanosamente algo para comer, quizá bellotas o raíces.
De hecho ya había sido atrapado unas dos veces, pero fue hasta el invierno de 1799-800 cuando fue ocurrió su captura definitiva. Las primeras observaciones indican que reaccionaba principalmente a los sonidos de ramas quebrándose o al ladrido de los perros, no había más respuestas relevantes a los estímulos del medio. Era casi insensible al frío o al calor extremo, comía sólo alimentos crudos y rasgaba cuanto tenía enfrente.
El muchacho era una especie de fenómeno que hacía viable un buen estudio acerca del impacto de la herencia y de la crianza (ambiente familiar) en la formación de la persona humana.
En un principio sus captores quisieron lincharlo, pero ante las opiniones humanitarias y científicas vertidas sobre el hallazgo del “niño salvaje de Aveyron”, éste fue enviado a una escuela de sordomudos en Paris, donde quedó a cargo del médico psiquiatra de 26 años Jean-Marc-Gaspard Itard, quien le llamó “Víctor” y describió como “un niño desagradablemente sucio…que mordía y rasguñaba a quienes se le acercaban, que no demostraba ningún afecto por quienes lo cuidaban, y quien era, en síntesis, indiferente a todo y atento a nada”.
Algunos otros observadores lo catalogaron como “idiota” incapaz de aprender. Itard por su parte consideraba que el desarrollo de Víctor se había limitado por el aislamiento y que tan sólo necesitaba que se le enseñaran las destrezas que requería cualquier otro niño de su edad en la sociedad.
Itard llevó a Víctor a vivir a su casa durante cinco años y trabajó con devoción sus teorías, llevando al muchacho primero a la discriminación sensorial mediante baños calientes y fricciones en seco; luego trabajó sus respuestas emocionales y la formación moral; el comportamiento social, el manejo del lenguaje y algunas habilidades del pensamiento. Todas estas experiencias científicas colocaron a Itard como un científico avanzado en la educación especial.
Los principales avances de Víctor fueron: el aprendizaje de los nombres de muchos objetos, leer y escribir frases simples, expresar deseos, obedecer órdenes e intercambiar algunas ideas. Demostró afecto especialmente para la señora Guérin, ama de casa de Itard, y también fue capaz de expresar orgullo, vergüenza, remordimiento y deseos de complacer a otra persona. En el lenguaje solamente pudo emitir algunos sonidos de vocales y consonantes, pero no aprendió a hablar.
Itard diría en su informe final “… nunca perdió su vivo anhelo por la libertad del campo abierto y su indiferencia a la mayoría de los placeres de la vida social”. Cuando el estudio terminó, Víctor ya no fue capaz de valerse por si mismo como lo había hecho en el bosque, por lo que fue confiado a la señora Guérin (a quien recompensaba puntualmente el gobierno francés por tan humanitario servicio) con quien vivió hasta su muerte en 1828 cuando tendría aproximadamente unos 40 años.
La historia de Víctor “El Niño Salvaje de Aveyron” es uno de los primeros estudios sistemáticos del desarrollo humano, en especial de la pubertad y adolescencia. Sin embargo, la ciencia todavía sigue investigando la relevancia de la herencia y la crianza en la construcción de la personalidad humana, entendida ésta de acuerdo con su origen griego “per sonare” que significa “sonar a través de” y hace alusión directa a las máscaras que utilizaban los actores griegos en sus representaciones teatrales, así por analogía, la personalidad es en síntesis, el conjunto de roles que asumimos los individuos en este gran escenario llamado mundo a fin de adaptarnos para vivir en armonía.
