Sin autor conocido
El día que ya esté viejo(a), que ya no sea el mismo, tenme paciencia y comprensión.
Cuando me manche la camisa con la comida, cuando no me pueda abrochar los zapatos, recuerda las veces que limpié tu cara porque la llenabas de sopa y de leche, las veces que no sólo te abroché los zapatos sino que te compré ropa nueva y me deleité en ponértela y ver lo hermoso(a) que lucías.
Si cuando platicas conmigo, repito y repito las mismas palabras y no sé cómo acabar una frase, pero tu bien lo adivinas, no me interrumpas, escúchame. Acuérdate de las noches que te contaba cuentos para que durmieras feliz, cuántas veces te conté la misma historia sin equivocarme sin fastidiarme nunca, siempre con gusto aunque me estuviera durmiendo antes que tu.
Cuando sin querer me orine, no me regañes ni te avergüences, no tengo la culpa, los niños y los viejos no sabemos avisar, son cosas del esfínter que no podemos controlar. Recuerda cuántas veces disfruté tus gracias, limpié tus heces y como si nada hubiera pasado seguimos jugando, porque tú eras feliz.
A veces no quiero bañarme, no me regañes, no es que me haya vuelto sucio o que me asuste el agua, es que tengo miedo caerme, ya no me sostengo en pie, no me puedo enjabonar y ya ves la otra noche cuando me resbalé: catorce puntadas en la cabeza y mucho dolor en la cadera, tenme paciencia, recuerda cuando te perseguía con la manguera o con la cubeta hasta alcanzarte, te bañaba a chorros, después a la regadera, nunca discutí tus extraños ritos incluso cuando me caí en el patio porque eras más veloz que yo.
No me mires con esa sonrisa burlona porque no se “chatear” ni “navegar”, acuérdate que yo te compré tu primera computadora, respeta mi máquina de escribir y no me digas cada rato ¿dónde le pongo esta mugre vieja? Simplemente déjala donde está, en ella llené el formato de crédito para tu primer equipo de cómputo y los pagarés de tu beca en la facultad.
Cuando platicamos y se me olvida que estábamos diciendo, dame un poco de tiempo para ver si me acuerdo, a veces logro retomar la idea, pero no te burles de mi, tal ni era importante lo que te iba a decir, simplemente tenía ganas de hablar contigo, hace tanto tiempo que no lo hacíamos.
A veces no quiero comer, no me insistas, yo se cuánto puedo y cuánto debo comer, si no te acuerdas, debes saber que hace muchos años que ya no tengo dientes y los que me mandaste poner con tu amigo el dentista me molestan mucho por eso ni los uso, es más lo que me lastiman, mejor déjame así, al rato como pueda, me preparo un atole, pero no te burles haciéndome ruido cuando quiebras las tostadas con tus dientes. Acuérdate, quien te enseñó a enjuagar la boca, a cepillar los dientes, a no hacer ruido al comer, a coger los cubiertos y bendecir a Dios.
Cuando me quedo parado, sin moverme, respirando hondo y con una mueca de dolor y cansancio en la cara, es que me duelen los huesos, se me acaba el aire, no puedo respirar, yo no tengo la culpa, son estos años de más que llevo a cuestas, aguántame un poco, dame tu mano déjame apoyarme, recuerda cuando eras niño(a) cómo te cargaba, dormido a veces, cansado otras, nunca te abandoné.
Hijo(a) mío, a como he podido tracé tu camino, lo estas recorriendo muy bien, sigue ahora en tu ruta, construye el tramo que te toca para tus que por ahí transiten mis nietos, yo tengo ahora otra tarea, pero no es la de reposar, tengo que irme porque estoy abriendo una brecha más difícil, en otro tiempo, en otro sitio, para que algún día la encuentres empedrada y fácil de transitar, esa es la ruta buena, la que te llevará con Dios.
Me voy hijo(a) mío(a), pero estaré esperándote a la vera del camino, porque allá donde habitaremos también necesitarás mi consejo y mi ayuda para empedrar el trecho que les toca a esos pequeñines que ahora sólo saben reír: mis nietos. Quiérelos mucho como yo a ti, abrázalos de mi parte y diles que su abuelo(a) siempre los amó.
-Tu papá (Tu mamá)

