La política exterior de México como cualquier país débil latinoamericano, que tuvo su independencia de una gran metrópoli, ha sido caracterizada y diseñada específicamente para la defensa de los intereses nacionales internos.; por consecuencia dicha política ha sido siempre la preservación y afirmación de la soberanía nacional. El concepto de soberanía ha ido cambiando interna e internacionalmente hablando, pues ha cobrado –en la praxis– diversas interpretaciones. Podemos decir que en los primeros años de la vida independiente, nuestro país se encontraba ante una España que no estaba dispuesta a ceder su antigua colonia, por lo que México se vio forzado a sobrevivir como país independiente.
El concepto de soberanía de aquel entonces, significó supervivencia. Más tarde, nuestro joven país se vio directamente amenazado por el expansionismo americano resultando victima de éste en varias ocasiones; la preocupación primordial era entonces, preservar intacto del territorio nacional, entonces soberanía pasó a identificarse con integridad territorial. Si bien la preocupación por la independencia nunca dejo de ser un temor real, como mas tarde vino a demostrar la intervención francesa de 1862.
Años más tarde cuando las regiones deshabitadas del país se fueron poblando y las grandes potencias pasaron de un expansionismo territorial a otro de tipo económico, la preocupación principal era evitar que lo económico se convirtiera en pretexto para ejercer la intrusión política externa. Así, la soberanía, vino a ser sinónimo de autodeterminación y de no intervención.
La política exterior mexicana se valió de distintas tácticas para enfrentarse a todos los problemas que la misma práctica planteaba. En los inicios de su vida independiente, el joven México busco el reconocimiento y el acercamiento con EEUU y Gran Bretaña con el fin de evitar una posible reconquista española. No se puede decir que se haya tenido éxito en los objetivos en materia de política exterior por razones que quedaban fuera de la decisión y el poder del país, sin embargo las amenazas externas de aquella época eran más fáciles de identificar; al menos la política exterior tenia más posibilidades de canalizarse hacia los intereses nacionales. Sin duda alguna, con la Revolución, se inicio en el país una nueva etapa de diplomacia mexicana y a finales de los años 70, la política exterior sufrió un nuevo cambio a fin de ajustarse a las dinámicas nacionales influenciadas por los cambios y desajustes del sistema internacional, por lo que se hizo más dinámica y comprometida con causas que demandaban los países en desarrollo.
No cabe duda de que aun cuando esta nueva política no ha dejado de padecer ingenuidad, debilidad, y nada de realismo, constituye el cambio nacional más significativo en materia internacional de las últimas tres décadas puesto que sacó al país de su aislamiento.
Esperemos que con este próximo cambio de sexenio no se deje de lado la importancia de llevar la política exterior mexicana hacia un rumbo nuevo, un camino con bases estructurales económicas en donde descanse la capacidad de negociación a largo plazo para ejercer una política exterior diplomática y más independiente, obviamente acorde con el interés nacional básico.

