¿Son todos apáticos?

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Tomado del libro «Los adolescentes preguntan» de Ismael Vidales

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Profesor ¿Qué les pasa a los jóvenes que parecen invadidos por una plaga de apatía? Tengo un hijo en tercero de secundaria y tanto él como sus compañeros parecen ajenos a lo que pasa a su alrededor. Las indicaciones de los maestros, apenas las toman en cuenta, las sugerencias o mandatos de los padres, a veces las ignoran olímpicamente. He platicado con las mamás de los compañeros de mi hijo, también con los maestros y todos opinan lo mismo quisiéramos ver a estos muchachos más entusiasmados con grandes planes e ideales, o aunque sea con planes no tan grandes pero ilusionados por hacer algo de provecho como adquirir cualquier aprendizaje extra ¿Cómo podemos tomar esto y qué se puede hacer?

Sanjuanita.

 

Estoy parcialmente de acuerdo con usted, pero antes de otro comentario, quisiera contarle de lo que encontró el arqueólogo Champolión en sus excavaciones. Este egiptólogo desenterró una piedra en la tumba de Tutankamon, célebre faraón egipcio, y al descifrar las inscripciones, palabras más o palabras menos, datadas miles de años antes de Cristo, se podía leer “la juventud está perdida, invadida por la apatía y el desinterés no se interesan en nada. Todo lo critican, ponen en duda el valor del trabajo y la autoridad y pareciera que ha perdido el deseo de vivir”.

Efectivamente, de las edades de la vida, se podría decir que la adolescencia es la ingrata, ninguna otra etapa ha recibido tanta atención, estudio, conferencias, programas, dinero, cariño… Y ninguna es tan grosera y ofensiva con  la sociedad, la autoridad y la familia como ellos. Pero afortunadamente, no son todos. Sin embargo, tiene usted razón, los índices serios nos muestran hoy a unos adolescentes más alejados de la familia, no comprometidos con la patria, lejanos del trabajo, inmersos en los vicios sexuales y adicciones, violentos contra todo, alérgicos al matrimonio. Pero esos mismos indicadores estadísticos nos muestran un sistema familiar y otro escolar distantes y deteriorados porque ambos casos, el consumismo, la necesidad de satisfacer las necesidades más por “el que dirán” que por su valor real han obligado a los padres y a los maestros a disminuir el tiempo y la calidad de éste, que se dedica a los niños y a los adolescentes.

Como no podemos cambiar todo el sistema social, lo único que se me ocurre decir es que la familia debe salvaguardar sus valores fundamentales y la escuela cumplir casi con heroísmo sus funciones educativas, más que las instructivas y ambos unirse en una cruzada a favor de los niños y adolescentes… Y algo más, hablar mucho con los niños y adolescentes sobre cuánto se les quiere, cuánto se sufre para sobrevivir en este mundo de adversidades, cuán importante es la unión y la comprensión, pero ante todo, lograr la convicción de que el amor lo vence todo.

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