Bendita calculadora

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calculadora

LCC. Elisa Mayela González Rodríguez.

Cuando se observa a un alumno en el aula manejando una calculadora de bolsillo para realizar operaciones aritméticas, a fin de resolver cierto problema encargado por el maestro de Matemáticas se puede decir que está adecuándose a la tecnología y que, es una manera de corroborar el resultado obtenido con la ventaja del ahorro de tiempo en el procedimiento desarrollado. Pero cuando un estudiante tiene la calculadora encima de su pupitre, en el momento en que está presentando un examen de Español argumentando el sentirse más seguro con dicho dispositivo a la vista, ya es de preocuparse.

La historia de los inicios de esta apreciada herramienta es bastante larga, experimentando a través de los años como tantos inventos  una serie de cambios, sin embargo, resumiendo a la calculadora electrónica de bolsillo, su origen se remonta en Japón a inicios de la década de los setenta, fabricada por Casio, por lo que el primer modelo con estas características fue el Casio CM-602, mini electronic calculator, sus funciones eran más que básicas, utilizaba cuatro pilas doble AA y tenía conexión alterna (Scabuzzo, 2008ª, citado por De Caso, 2011).

Y es que la calculadora ha sido y es un instrumento de gran importancia y utilidad no solo en el entorno educativo sino en diversos ambientes: en la casa, oficina, negocio, supermercado, y por supuesto como se mencionó antes en el salón de clases donde las instituciones escolares la han incorporado para la enseñanza en las materias de Ciencias Exactas, siendo aquí donde se aborda una situación de dependencia significativamente marcada por parte del alumnado que al manejar dicho dispositivo desde Niveles Básicos como Primaria y/o Secundaria, ha generado una interferencia en el aprendizaje ya que al momento de resolver problemas matemáticos sin calculadora se les dificulta sobremanera, desde una suma o multiplicación  hasta fracciones o ecuaciones numéricas, esto debido a la seguridad que les brinda el uso de este aparato reafirmando su autoestima al tener la certeza de que desarrollaron correctamente el problema, así logran buenas calificaciones y por consecuencia una mayor motivación para seguir estudiando.

De acuerdo a lo anterior es importante que los docentes implementen medidas, no para erradicar del aula el uso de la calculadora desde luego, sino para ayudar al alumno a que ejercite y desarrolle su capacidad de razonamiento a fin de que sea capaz de solucionar problemas matemáticos sin necesidad de utilizar obligatoriamente dicho recurso para todas las operaciones implicadas, es decir, que este dispositivo sea un complemento que agilice el trabajo y apoye en la comprobación de los resultados obtenidos por el aprendiz y no que sea un sustituto de su pensamiento y mucho menos un objeto generador de autoestima, ya que ésta debe surgir en el estudiante por sí mismo al desarrollar adecuadamente sus habilidades y destrezas como propósito primordial en el contexto educativo.

 

Referencias Bibliográficas

De Caso, G. (2011). Breve repaso histórico de la computación hogareña en la Argentina. Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología y Sociedad, 6 (18).                       Recuperado de http://www.redalyc.org/pdf/924/92422639006.pdf

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