Una reunión inolvidable

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catonfuente

Jorge Pedraza Salinas

No cabe duda. Cuando una persona muere, su imagen, su figura, crece. La gente con la que convivió se olvida de los aspectos negativos que pudo tener el difunto y magnifica sus atributos, sus bondades y sus rasgos humanitarios.

Tal vez a usted le ha tocado asistir a algún sepelio en el cual el orador habla en torno a la figura del desaparecido y expresa elogiosos conceptos:

Por ejemplo:

Nuestro amigo, el señor Fulano de Tal (aquí va el nombre), fue un hijo ejemplar, esposo amantísimo y padre insuperable. Confluían en él todas las virtudes. Era trabajador, honesto, amigo de la verdad y la justicia. Fue un gran promotor de las causas nobles y justas. Era, además, bondadoso, generoso y respetuoso. De inteligencia singular, se preocupaba más por los demás que por él mismo. No tengo palabras para poder describir todos sus aciertos. Se nos ha adelantado en el camino sólo para abrirnos las puertas de la eternidad. Su ausencia nos ha dejado un gran vacío. Para sus familiares y amigos, será difícil poder aceptar su partida. Sin embargo, el tiempo –que es sabio en eso de curar las heridas– habrá de darnos a todos la resignación y a él la gloria. ¡Descanse en paz!

Al escuchar las palabras anteriores, la incrédula mujer que había estado atenta a lo dicho en honor de su marido, le dice al menor de sus hijos:

–A ver, hijo, Asómate al cajón a ver si ese que está ahí es tu papá. Yo creo que nos equivocamos de muerto. Es que han dicho tantas cosas tan bonitas de él, que es casi seguro que se trata de otro.

Algo similar le sucedió el otro día a Armando Fuentes Aguirre, nuestro buen amigo periodista, a quien también se le conoce como «Catón el Censor».

Y es que Miguel Sabido, dramaturgo y comunicólogo, acudió hasta la ciudad de Saltillo, Coahuila, para acompañar a Catón en la celebración del primer aniversario de Radio Concierto XH-ALA, 97.7 FM, una estación de radio creada y costeada por este ser humano excepcional que es Armando Fuentes Aguirre.

Fueron tantos –y tan merecidos– los elogios de Sabido hacia Catón, que éste con modestia dijo no merecerlos. Y con su humor característico nos contó una anécdota parecida a la que hemos narrado al principio.

Nos pusimos de acuerdo varios amigos, entre ellos el propio Miguel Sabido, Eulalio González «Piporro», Monseñor Aureliano Tapia Méndez, Antonio Coello, Pepe Cárdenas Cavazos y un servidor y nos trasladamos a Saltillo, para acompañar a Catón en su festejo.

El clima era agradable y el ambiente mejor.

Como dijera El Piporro en el trayecto a Saltillo, Miguel Sabido es un personaje tan conocido a nivel nacional, que POR SABIDO se calla. Es autor de obras de teatro como «Crónica de Juana La Loca».

Ha contribuido a cambiar la imagen de la televisión, a la cual se le llegó a llamar «Caja idiota». Y la televisión no tiene la culpa de que se le califique así debido al uso que algunas gentes le dan.

Sin embargo, Sabido considera que la televisión es un importante medio para difundir los valores y fomentar las relaciones humanas.

Aprovechando el viaje, Sabido dictó una conferencia en Saltillo, precisamente en los estudios de la radiodifusora (Radio Concierto) de Catón. En su plática habló de los esfuerzos realizados en la década de los 60 y 70 –en los cuales él participó– para promover la alfabetización entre los adultos.

«Era increíble –aseguró– ver el interés despertado por los programas de televisión entre el público que deseaba superarse. Un buen día se anunció que serían entregadas las cartillas de alfabetización y fue tal la cantidad de gente que se acercó a las televisoras, que hubo necesidad de imprimir más ejemplares».

Sabido ha conseguido interesar al público en cuestiones educativas y culturales. Con Monterrey ha tenido una importante relación. Nosotros recordamos programas especiales dirigidos por él, como aquel que se realizó en el año de 1989, en ocasión del centenario del natalicio de Don Alfonso Reyes.

En el campo de la historia, son suyas produccciones como «El Carruaje», «Senda de Gloria» y «La Constitución». Para la elaboración de esta serie de programas, fue necesario conocer a fondo las épocas históricas y los personajes que abarcan estas filmaciones.

En su opinión, la radio, la televisión y el Internet demuestran cada día su importancia en la creación de un mundo nuevo y tienen un efecto social.

Dentro de su plática, Miguel Sabido tuvo una serie de elogios para la labor periodística que realiza Catón a través de columnas como «Mirador», «De Política y Cosas Peores» y «La otra Historia de México», que se difunden en diarios de todo el país y del extranjero.

Fue entonces cuando Catón agradeció a Sabido sus palabras y a los demás su presencia.

Concluyó la ceremonia y hubo necesidad de retirarnos. En la sede de la radiodifusora –casa que perteneció a los padres de Catón– se lee lo siguiente:

«En esta casa vivieron don Mariano Fuentes y su esposa doña Carmen Aguirre de Fuentes. Varón ejemplar él; mujer de letras ella y gran dama de teatro saltillense, pasaron por la vida haciendo el bien. Quien tal hace no pasa: queda, como ellos en el recuerdo y en la gratitud. Saltillo rinde homenaje a su memoria. (1897-1970), (1903-1993).»

Después vino la cena. En el restaurante que está frente a la Alameda, la gente identifica a «El Piporro» y le pide autógrafos. Él nos comenta: «No entiendo. Primero me dicen qué bien está y luego se despiden diciendo «por favor, cuídese».

En otro momento de la charla, «El Piporro» afirma: «De joven hacía papeles de viejo (se refería a Ahí viene Martín Corona, con Pedro Infante). Ahora hago papeles de joven. Me preocupa al paso que voy, pues será difícil hacer papeles de niño prodigio».

Alguien le pregunta a Lalo González si no teme perder la voz y él inmediatamente responde: «Si pierdo la voz, ¿usted cree que alguien se atreva a usarla?

Noche de amigos y de buena charla. La cena concluye y hay que regresar a Monterrey. El camino nos llevará cerca de una hora. La noche avanza. El trayecto se hace corto gracias a la plática con el Padre Tapia y «El Piporro». Ojalá hubiera muchas reuniones como ésta.

El día de hoy (miércoles 5 de noviembre), más de una década después, gracias a la invitación de Catón, habremos de reunirnos de nuevo en la casa que fue de sus padres en Saltillo. Ahí estarán Pepe Cárdenas, Catón y otros amigos. Lamentablemente ya no podrán acompañarnos ni el Padre Tapia ni Piporro. Se encuentran ya en la región más transparente del aire. Sin embargo, su espíritu y el grato recuerdo de su memoria sí estarán presentes.

 

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