¡Estamos en manos de psicópatas!

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Por Ismael Vidales Delgado

El biólogo holandés Frans de Waal en su libro “Primates y Filósofos. La evolución de la moral del simio a hombre”, afirma que hay evidencias científicas de la existencia de empatía, reciprocidad y sentido de justicia en las comunidades de chimpancés y que, la ética y la moral están basadas en estos componentes emocionales, dicho de otra manera: los monos tienen rudimentos de ética, algo de lo que carece la clase política que cada día se esmera más en mostrar su fuerte tendencia a la corrupción y la impunidad, que son la base de todos sus delitos, muchos de ellos de lesa humanidad.

Por eso me pregunto ¿estamos gobernados por psicópatas? El psicópata, es una persona disfuncional que carece de aparato de censura, empatía, remordimientos y ética.

Noticias recientes informan que científicos ingleses han estudiado grupos de psicópatas que cumplen condenas en prisión por delitos graves. Los resultados de sus investigaciones revelan que los grupos con mayor tendencia a la psicopatía son: los políticos, los policías, los hombres de negocios, y los religiosos. ¿Y saben por qué? Porque la mayoría de estas personas aman el poder, manipulan a otros, son capaces de hacer verdaderas indecencias, se aferran al poder y la fama como verdaderos desequilibrados mentales, y mienten de manera deliberada. El ejercicio del poder los ha obnubilando, por eso pueden cometer cualquier tipo de abusos y tropelías sin que ello les represente algún problema moral o de conciencia, es decir, son unos psicópatas.

El investigador norteamericano Harold D. Lasswell reconocido como uno de los fundadores de la psicología política, estudió en 1930 a un amplio grupo de políticos, los resultados los publicó en su libro “Psicopatología y política” en el que deja claro que algunos políticos, cuando adquieren el poder, actúan de manera desquiciada, personas aparentemente normales se transforman con el poder y muestran una faceta de déspotas y dictadores. El poder los convierte en verdaderos monstruos, insaciables de riqueza, de aduladores, y necesitados, hasta lo enfermizo, de servidores incondicionales.

Como ciudadanos, debiésemos impedir la acumulación de poder en personas o grupos para evitar la proliferación de monstruos enfermos de poder y lo que esto conlleva. Lo podemos hacer a través de los valores de la democracia real, el establecimiento de un Estado de Derecho, la Cultura de la Legalidad y el desarrollo de contrapoderes políticos eficaces que limiten la prolongación en el poder, es decir de la reelección. Aunque en abono a lo que nos han hecho en los días recientes, podríamos comenzar por escupirlos a la cara cuando los veamos en la calle.

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