La sonrisa de Chip Kidd

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Gabriel Contreras

“Para averiguar la edad aproximada de una persona, basta con pedirle su Email. Si tiene un Hotmail o un Yahoo, esa es una persona mayor”.

Así lo planteaba ingeniosamente el músico Fernando Rojas en su muro de Facebook hace unas semanas. Ja. Otra manera de averiguarlo, sería pedirle que nombre a un actor famoso, el primero que le venga a la mente. Si el interrogado menciona a Bogart o a Paul Newman, esa persona… vaya… quizás ya ha fallecido y no se ha dado cuenta.

Pero hay otras formas de interpretar a la gente basándose en datos breves, así lo hacían Freud, Levi Strauss, Sherlock Holmes, y Malcolm Gladwell…

Ellos, los tres, entre muchos otros hermeneutas, han ido edificando el arte de la deducción basándose en pistas, síntomas, gestos, palabras sueltas o juegos de palabras, para dejar al descubierto las intenciones, los instintos o las aversiones de criminales, los locos y la gente común.

El arte de interpretar y de comunicar sutilmente también existe en el mundo del diseño, y uno de sus principales exponentes en estos momentoses Chip Kidd. Es neoyorkino, cómico, homosexual, irreverente, y un apasionado de los libros y los cómics.

En días recientes, Chip Kidd se ha hecho notar a través de un libro titulado “Juzga esto, la importancia de las primeras impresiones”… editado por Urano en su colección Empresa Activa (2016).

En este libro, Chip kidd plantea una disyuntiva excelente para el trabajo y la mirada del diseñador. Según Kidd, vivimos en una atmósfera de mensajes que se debate entre la claridad y el misterio. Así, según el predominio de uno de esos componentes, los mensajes adquieren uno u otro valor, uno u otro sentido para quien los descodifica.

Haciendo de su producto algo muy especial, Kidd nos entrega un libro gamificado.

Kiddestructura su libro a base de juegos o ejercicios e lectura, a través de los cuales plantea problemas al lector cada vez que se contrastan la página derecha y la página izquierda.

Cada página encierra un enigma, y cada intento del lector es solo un intento, entre muchas otras posibles hipótesis.

El ingenio, el talento y la malicia de Kidd, se suman en este libro a un ingrediente magnífico y potente: la visión estética.

Mientras recorremos los juegos y enigmas de Kidd, establecemos contacto con su mirada imaginativa, su capacidad de enfrentar retos creativos, y su don de abordar todo, incluso el mundo del crimen y la repostería, siempre con una sonrisa.

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