Roberto Emmanuele Mercadillo Caballero
A principios del siglo XX, la psicopatía era comúnmente denominada la “locura moral” en diversas instituciones psiquiátricas de México y del mundo. Tal denominación se entendía bien, dado que los pacientes que padecían algún tipo de psicopatía manifestaban diversas actitudes antisociales, tales como despreocupación por los sentimientos y seguridad de los demás, quebrantamiento constante de las reglas y las obligaciones sociales, y propensión a causar daño a otros para satisfacer deseos propios.
En la actualidad, la psicopatía se ubica en la categoría de Trastorno Antisocial de la Personalidad, que, según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM IV), se caracteriza por la ocurrencia de violaciones constantes de los derechos de los otros en al menos tres de los siguientes criterios:
(a) Fallas en acatar normas sociales y legales, que suelen conducir al arresto.
(b) Mentir y usar a otras personas en su beneficio.
(c) Impulsividad y fallas de planeación.
(d) Agresividad, asaltos y peleas violentas.
(e) Poco cuidado de la seguridad propia y ajena.
(f) Inestabilidad financiera.
(g) Falta de remordimiento.
Algunas manifestaciones obvias de este trastorno se ejemplifican con ofensores y quebrantadores de la ley, cuyos actos a la luz pública han denotado crueldad, planeación y falta de remordimiento. Me refiero a los casos de Juana Barraza Samperio, “La Mataviejitas”; José Luis Calva Zepeda, “El Caníbal de la Guerrero”, y Daniel Arizmendi López, “El Mochaorejas”.
En noviembre del año 2008, la distinguida académica de la UNAM, Feggy Ostrosky, señalo que cerca del uno por ciento de la población mexicana (aproximadamente 900 mil personas), muestran características psicopatológicas que podrían vincularse con el comportamiento antisocial.
LA PSICOPATÍA, DIFÍCIL DE RECONOCER
Estos datos han incrementado el interés por el estudio de la psicopatía, la cual, a diferencia de otros trastornos mentales, no es fácil de reconocer, debido a que quién la padece puede llevar una vida escolar, laboral y familiar aparentemente normal.
De esta forma, la mayoría de los pacientes a quienes se les ha diagnosticado Trastorno Antisocial de la Personalidad, son cautivos una vez que han cometido una acción de tipo ilegal o criminal, pero difícilmente se les puede identificar durante su vida cotidiana.
Debido a la dificultad para reconocer síntomas psicopáticos y, por tanto, aislar una muestra numerosa de estos pacientes, gran parte de los estudios académicos dirigidos a investigar sus bases biológicas no solamente han utilizado poblaciones a las que se les ha diagnosticado psicopatía, sino manifestaciones antisociales similares, tales como la criminalidad o la violencia.
A continuación se describen algunos de estos hallazgos en el ámbito cognitivo y del comportamiento.
COGNICIÓN Y COMPORTAMIENTO DE LOS PSICÓPATAS
Por cognición se entiende la manera en que nuestros sistemas mental y nervioso procesan la información proveniente del medio exterior; por ejemplo, el espacio físico o las acciones de otros, y de nuestro medio interno; es decir, nuestra memoria, experiencia emocional y señales que provienen de nuestro cuerpo. En este ámbito, los pacientes psicópatas manifiestan reducida ansiedad y reacciones psicofisiológicas atenuadas ante estímulos que normalmente causan aversión o rechazo en los humanos.
Por ejemplo, en comparación con poblaciones sanas, se ha reportado que los criminales varones no exhiben el reflejo de cerrar los ojos o mover la cabeza cuando observan escenas de victimización y de amenaza; tampoco muestran un incremento en el latido cardiaco frente a estas situaciones. También se ha reportado que tienen deficiencias para identificar expresiones faciales de otros, en particular cuando se expresa ira o enojo.
Es curioso, sin embargo, constatar que no presentan dificultad en la habilidad de la teoría de la mente, necesaria para inferir los estados psicológicos otros. Es decir, conservan intacta la habilidad para suponer cuando otra persona se encuentra triste, alegre, enojada; o, bien, suponer sus intenciones y pensamientos.
Para estudiar la cognición en la psicopatía, también se ha aplicado el paradigma Stroop. Éste consiste en una prueba computarizada, durante la cual se proyectan en una pantalla varias palabras que denominan colores. El individuo debe indicar el color en el que está escrita la palabra. Sin embargo, el color de la tinta y el color que denomina pueden ser diferentes. Por ejemplo, la palabra AZUL, puede estar escrita en tinta roja.
Esta incongruencia provoca una interferencia cognitiva que lleva al sujeto a discriminar o seleccionar entre ambos tipos de estímulos. Los pacientes con psicopatía manifiestan una inadecuada ejecución de esta tarea, similar a la que manifiestan los pacientes a quienes se les ha diagnosticado con el Trastorno por Déficit de Atención (TDA).
TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN
Esto es relevante, si se considera que un alto porcentaje de los pacientes con TDA también manifiestan conductas violentas y agresivas, así como falta de activación de la corteza anterior del cíngulo cuando ejecutan esta tarea. De esta forma, la atención puede constituir un proceso alterado en la psicopatía, ya que permite controlar la conducta y los impulsos emocionales, a partir de proyecciones neuronales entre el cíngulo, el sistema límbico y la corteza frontal.
A partir de los datos mencionados arriba, es posible suponer que en la psicopatía se identifican alteraciones relacionadas con el control de impulsos y con el sistema afectivo, el cual permite experimentar emociones y reconocerlas en otros. Estos datos, sin embargo, son insuficientes para entender las bases biológicas de la psicopatía; es necesario vincular las funciones cognitivas con sus correlatos cerebrales normales, y posteriormente detectar alteraciones en las estructuras cerebrales y en sus funciones. Esto último es precisamente una de los objetivos de la neuroimagen, cuya descripción se plantea en los siguientes párrafos.
IMÁGENES DEL CEREBRO ANTISOCIAL
La neuroimagen se refiere a un conjunto de técnicas que permiten observar la forma y estructura del cerebro de un individuo, así como identificar la activación de algunos de sus grupos de neuronas durante la ejecución de alguna tarea; por ejemplo, la evocación del algún recuerdo o la resolución de tareas de memoria, de atención, de aprendizaje o de experiencias emocionales.
Dos de las técnicas de neuroimagen más utilizadas en la actualidad son el análisis de morfometría por voxel y la resonancia magnética funcional. En el primero, se introduce al sujeto en un equipo de resonancia magnética, se obtiene una imagen anatómica de alta resolución de su cerebro y se comparan las medidas de algunas de sus regiones con las que presentan poblaciones sanas.
A partir de la técnica de morfometría por voxel, se ha reportado que los pacientes que manifiestan criterios de psicopatía presentan un volumen reducido de la amígdala y del hipocampo, dos estructuras localizadas en el centro del cerebro, cuya función cognitiva permite una adecuada experiencia de emociones y memoria de eventos aversivos.
También presentan disminución en el volumen de la materia gris de la corteza cerebral en su región prefrontal y temporal. La corteza cerebral se refiere a la capa más superficial del cerebro, con un espesor de entre dos y tres milímetros. Las diferencias en el volumen de la corteza cerebral en los psicópatas es un dato de gran interés, ya que la región prefrontal ha sido relacionada con el aprendizaje de tipo social, ético y moral.
De hecho, los individuos que presentan lesiones o alteraciones en esta zona, debidas a accidentes cardiovasculares o golpes severos, manifiestan conductas antisociales posteriores a la aparición de la lesión. Esta región mantiene proyecciones neuronales con la amígdala, con la corteza anterior del cíngulo, con el hipocampo y con la corteza temporal, lo cual permite controlar impulsos e integrar la información emocional a la de tipo moral; es decir, a la capacidad de valorar un acto como correcto o incorrecto, o bien, bueno o malo.
Dicho de otra forma, la acción de la corteza prefrontal permite inhibir comportamientos que pueden causar daño a otros.
Por otro lado, a partir de la resonancia magnética funcional, se detectan las regiones de actividad cerebral con base en los requerimientos de oxígeno de las neuronas para mantenerse activas. En comparación con sujetos normales, los pacientes con psicopatía presentan menor actividad en la amígdala durante la ejecución de tareas que consisten en memorizar palabras que denotan significados o valoraciones negativas, tales como crimen, muerte o asesinato. También con el uso de esta técnica, se ha observado que los criminales violentos tienen una actividad cerebral disminuida en la corteza pre frontal.
NEURONAS ESPEJO
Un hallazgo de gran interés es el que muestra el sistema de neuronas espejo. Este sistema constituye una propuesta neurobiológica reciente, que se refiere a una red de regiones cerebrales formadas por diversos grupos de neuronas. Estas neuronas responden, o se activan, cuando la persona realiza un movimiento o experimenta una sensación corporal; por ejemplo, dolor. Pero también se activan cuando se observa que alguien más está realizando un movimiento o teniendo una sensación en su cuerpo.
De esta forma, el sistema de neuronas espejo se ha propuesto como las bases neuronales de la empatía; es decir, la capacidad de entender (y en ocasiones contagiarse de) las emociones y sensaciones de otros. Para realizar experimentos bajo el sistema de neuronas espejo, las personas son colocadas en un equipo de resonancia magnética funcional, para registrar su actividad cerebral mientras observan videos con escenas que causan dolor. Por ejemplo, el video puede mostrar una aguja introduciéndose severamente en el brazo de una persona.
Contrariamente a lo que podría esperarse, cuando los pacientes psicópatas observan este tipo de escenas, manifiestan una actividad cerebral normal de las neuronas espejo. Este hallazgo nos indica que los individuos psicópatas muestran un adecuado funcionamiento neuronal que les posibilita entender los sentimientos de los otros, de tal forma que la disfunción puede deberse no a la carencia de empatía en sí misma, sino a la integración de la experiencia empática con los juicios morales.
Otra región cerebral que se ha observado afectada en la psicopatía es el núcleo caudado, que constituye un grupo de neuronas localizadas en el centro del cerebro, cuyas funciones se han vinculado principalmente con el control de movimientos, la empatía y la experiencia emocional de amor, en particular amor maternal.
DEMENCIA FRONTO-TEMPORAL
Finalmente, una fuente para entender el comportamiento antisocial proviene de análisis clínicos neurológicos en pacientes con demencia fronto-temporal. En términos generales, este tipo de demencia indica cambios en las actitudes y en el comportamiento de los pacientes, a partir de la disfunción de la dinámica cerebral en la corteza prefrontal, orbitofrontal y temporal.
Las actitudes que manifiestan los pacientes son de tipo antisocial, y se caracterizan por la pérdida de empatía, de inhibición de normas sociales e inadecuados juicios de tipo moral.
INTERPRETACIÓN DE HALLAZGOS Y SUS CONSECUENCIA SOCIALES
Las regiones cerebrales representan funciones cognitivas relacionadas con procesos emocionales y de empatía, que permiten entender los sentimientos y sufrimiento de otros, así como memorizar situaciones aversivas o dañinas. También participan en el aprendizaje de normas y códigos sociales que posibilitan la ejecución de juicios de tipo moral y legal.
La interpretación de estos hallazgos no es fácil, ya que en ocasiones la disfunción de una región cerebral no implica necesariamente una alteración en su correlato cognitivo o en el comportamiento del individuo. Por ejemplo, aunque algunas de las regiones cerebrales se vinculan con el proceso de teoría de la mente y planeación a fututo, éstos son dos procesos que parecen estar intactos en los pacientes psicópatas.
Entonces, aunque la “locura moral” se caracteriza por una distorsión en la interpretación o aplicación de los valores morales socialmente aprendidos, tal distorsión podría estar relacionada con una alteración de los vínculos entre el sistema afectivo y la valoración moral, más que cOn una disfunción en los procesos cognitivos que subyacen al aprendizaje social y moral en sí mismos.
El debate de los mecanismos neuronales que subyacen a la psicopatía es álgido, y no se ha llegado a un consenso al respecto. Sin embargo, independientemente de su explicación neurobiológica, los hallazgos indican alteraciones en el sistema mental y neuronal de los individuos psicópatas. Esto último conlleva discusiones que abarcan niveles legales, morales, criminológicos e incluso bioéticos. Las discusiones se centran en la manera en que el sistema institucional de justicia debe juzgar y tratar a estos pacientes.
Es decir, si la psicopatía conforma un síndrome caracterizado por alteraciones neurológicas, ¿es viable atribuir culpabilidad a los ofensores, aun cuando éstos son conscientes de sus actos? Si bien la neurobiología ha aportado hallazgos referentes al comportamiento y bases biológicas de la psicopatía y el comportamiento antisocial, la decisión de la acción para identificar a estos individuos y la manera de actuar hacia ellos recaen en la sociedad en su conjunto y en la integración del pensamiento procedente de diversas áreas del conocimiento.

