Doctor Felipe Arturo Morales Martínez
Profesor del Departamento de Ginecología y Obstetricia Hospital Universitario / UANL
Coordinador de Reproducción Asistida / Centro Universitario de Medicina Reproductiva UANL
Coordinador de la Clínica de Infertilidad / Doctors Hospital
drfamm@yahoo.com.mx
De todos es conocida la gran aportación que hicieron a la humanidad los doctores Patrick Steptoe y Robert G. Edwards, en 1978, al lograr el primer nacimiento de un producto conseguido por fertilización in vitro o “bebé de probeta”, como se le llamó en los medios de comunicación de la época. Su éxito fue conseguido después de muchos años de investigación e intentos infructuosos. Pero no claudicaron, a pesar de las críticas de la comunidad científica de ese entonces, y a la oposición de ciertos grupos conservadores.
Inicialmente, entre 1965 y 1970, el ginecólogo británico Robert Edwards aplicó un proceso para obtener embriones, teniendo en cuenta el momento óptimo de maduración de las dos células germinales humanas (óvulo y espermatozoide). Asimismo, presentó ante los investigadores, la posibilidad de fertilizar ovocitos humanos en probeta. Y en 1970 se obtuvo el desarrollo de óvulos fertilizados in vitro.
A principios de 1971, el investigador comunicó haber conseguido un estadio más avanzado de desarrollo, y anunció la posibilidad de transferir embriones al útero materno, para que allí se desarrollen y den lugar a un embarazo normal. Y fue finalmente en 1978 cuando se produjo el nacimiento de Louise Brown, concebida por la técnica de fecundación in vitro y transferencia del embrión al útero. Para los padres, un matrimonio de clase media de Bristol (Inglaterra), Louise significó el final feliz tras muchos años de búsqueda de un hijo.
POCOS ACIERTOS, MUCHAS FRUSTRACIONES
Lesley Brown (su madre) había quedado desahuciada para concebir, a causa de una obstrucción de las trompas de Falopio, condición que en ese entonces se consideraba incorregible. Para los médicos que hicieron posible el nacimiento de Louise, fue la culminación de un trabajo de catorce años, con «pocos aciertos y muchas frustraciones».
El 10 de noviembre de 1977, Lesley Brown recibió un embrión de ocho células, resultado de la fecundación in vitro de un óvulo suyo y del espermatozoide de su marido. Los médicos habían comenzado suministrándole hormonas para que produjera el óvulo en el momento preciso; el mismo fue succionado con una aguja hueca por medio de una laparoscopia (a través del abdomen; actualmente se obtienen de manera más sencilla, puncionado los ovarios vía vaginal, por aspiración guiada por ecografía), retirado de su cuerpo y mantenido vivo durante 12 horas, hasta que se unió el espermatozoide.
Como habitualmente transcurren seis días entre la ovulación y la implantación del óvulo en la matriz, Edwards debió mantener el embrión en un medio que reprodujera las condiciones que se presentan en las trompas. Luego, el biólogo Steptoe lo colocó en el útero, mediante un tubo muy fino (catéter) introducido a través de la vagina. Exitosamente, el 25 de julio de 1978, los médicos decidieron realizar una cesárea, y así nació una niña de 2.608 Kg. El anuncio del suceso fue noticia de primera plana en diarios de todo el mundo.
Yo mismo recuerdo la noticia (tenía 10 años entonces) publicada en la porción inferior de la primera plana del periódico El Norte. Se anunciaba como el nacimiento de un “bebé de probeta”. Me imaginaba un ser humano pequeñito, en un tubo de ensayo, y me maravillaba e intrigaba lo que la ciencia podía conseguir.
MÁS AVANCES CIENTÍFICOS
El procedimiento se fue repitiendo a velocidad vertiginosa, y poco a poco todos los países comenzaron a implementar esta técnica. Los nacimientos por medio de la FIV, ascendían en 1984 a tres niños por día. Después, el mundo perdió la cuenta. Y surgieron más avances científicos, como el advenimiento del ICSI (Inyección Intracitoplasmática de Espermatozoides) por Palermo, en 1992, que resolvió de manera exitosa las causas de infertildad por factor masculino severo, que no podía resolver la FIV-TE.
Desde el punto de vista científico-técnico, la FIV ha permitido obtener embarazos en parejas cuya esterilidad parecía definitiva, y es una esperanza para millones de parejas en el mundo que presentan dificultades para conseguir el embarazo.
ESTERILIDAD Y REPRODUCCIÓN ASISTIDA. CONCEPTOS BÁSICOS
La esterilidad se define como la incapacidad de lograr un embarazo clínico, después de doce meses o más de relaciones sexuales no protegidas (OMS, 2010). Es una enfermedad del sistema reproductivo, y aunque no pone en peligro la vida, representa una de las crisis existenciales más severas que una persona o pareja ha experimentado. Incluye, además de una tremenda carga física, emocional y financiera, sentimientos de culpa y cólera. Debido al aislamiento al que ellos mismos se someten, las parejas con este tipo de problemas experimentan cambios en sus relaciones personales, con amigos y familiares.
En términos generales, la reproducción humana es un proceso ineficiente, pues aun bajo circunstancias ideales, la probabilidad de que una mujer se embarace en un ciclo menstrual es de sólo el 25-30 por ciento. Si la concepción ocurriera, sólo el 50 – 60 por ciento de los embarazos avanzará más allá de la semana 20.
Más de 70 millones de parejas en el mundo sufren de esterilidad. Se ha estimado que este trastorno afecta a entre el 13 y el 15 por ciento de las parejas, con una prevalencia muy variable entre los países, y son los países más desarrollados los que presentan una menor prevalencia.
Las causas de esterilidad en las parejas son muy variadas. Se ha estimado que la infertilidad masculina contribuye aproximadamente en un 30 por ciento, mientras que la infertilidad femenina en un 41 por ciento.
FÁRMACOS Y TÉCNICAS NOVEDOSOS
Dos importantes logros en los últimos 50 años han proporcionado grandes esperanzas a las parejas estériles. Primero, se han desarrollado fármacos que pueden inducir la ovulación en casi todas las mujeres anovulatorias que todavía tienen ovocitos viables, incluso en las que padecen del síndrome de ovario poliquístico y amenorrea hipotalámica. Segundo, como lo describimos al inicio de este artículo, se han desarrollado técnicas de reproducción asistida (TRA) que brindan a las parejas estériles la oportunidad de realizar su potencial reproductivo, aun si la mujer tiene trompas de Falopio obstruidas o ausentes, o si el hombre tiene espermatozoides virtualmente inmóviles o en escasa cantidad.
Entendemos por técnicas de reproducción asistida (TRA) el conjunto de métodos biomédicos que conducen a facilitar o sustituir los procesos biológicos naturales que se desarrollan durante la procreación humana, como la deposición del semen en la vagina, la inseminación intrauterina (IIU), la fertilización in-vitro (FIV-TE) y la inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI).
Independientemente de la causa de la esterilidad, el tratamiento que ha logrado la tasa más alta de embarazos es la fertilización in vitro (FIV-TE). Como ya lo comentamos, desde su aparición en 1978, ha ocurrido un incremento notable en el número de ciclos de FIV-TE en todo el mundo. Aproximadamente 1 en 50 nacimientos en Suecia, 1 en 60 nacimientos en Australia y 1 en 80-100 nacimientos en los Estados Unidos son resultado de esta técnica de reproducción asistida. Con el paso del tiempo, se han incrementado las tasas de embarazo, debido principalmente a la mejora de los medios de cultivo y al perfeccionamiento de los protocolos de estimulación ovárica, así como a la simplificación del procedimiento.
INDICACIONES PARA FIV-TE O PARA ICSI
Las indicaciones para FIV-TE son daño de las trompas de Falopio, salpingectomía bilateral (ausencia de las trompas de Falopio por alguna cirugía), endometriosis, infertilidad masculina e infertilidad idiopática (inexplicable). Indicaciones para ICSI son anormalidades espermáticas (factor masculino alterado), fracaso de FIV-TE, desórdenes eyaculatorios y diagnóstico preimplantatorio (PGD).
Este tipo de tratamiento no está exento de efectos adversos. Se ha asociado con el síndrome de hiperestimulación ovárica y con embarazos múltiples. La variabilidad en las características de las pacientes, así como también la respuesta a las técnicas de reproducción asistida, impone la necesidad de un enfoque diagnóstico y terapéutico personalizado, para optimizar la eficacia y seguridad de los resultado.
En el Centro Universitario de Medicina Reproductiva de la UANL, hemos procurado reunir un equipo de profesores altamente especializados, con título universitario en biología de la reproducción, la mitad de ellos con doctorado en instituciones de otros países, y con amplia experiencia en infertilidad, microcirugía, laparoscopía, laboratorio y endocrinología reproductiva. También es necesario y justo decir que, gracias al apoyo de nuestras autoridades universitarias, que creyeron en el proyecto: el rector, doctor Jesús Áncer; el entonces director y actual jefe del Departamento de Ginecología y Obstetricia, doctor Donato Saldívar, y el entonces subdirector de pregrado y actual director de la Facultad de Medicina y Hospital Universitario, doctor Santos Guzmán, se consiguió equipar el centro con tecnología de punta, para ofrecer las técnicas más avanzadas en Reproducción Asistida a la población en general y con un costo más accesible, sin menoscabo en la calidad.
En la actualidad, podemos decir con orgullo que el programa es un éxito, autofinanciable, y que hemos contribuido en la atención de un número importante de parejas infértiles que ahora tienen una familia. También hemos formado biólogos de la reproducción, que se han convertido en líderes al retornar a sus ciudades de origen, y contribuido con nuestra actividad en protocolos de investigación al desarrollo científico en esta rama de la medicina.
Pero sabemos que el camino nunca termina, y falta mucho por perfeccionar y descubrir; mientras tanto, estaremos día con día, a partir de las 7 de la mañana en nuestro centro, trabajando y contribuyendo a conseguir que una pareja infértil por fin consiga lo que tanto anhela: su pequeño milagro, su hijo, su familia.
