Indira Kempis
Si pudiéramos describir los territorios que habitamos, ¿qué palabras usaríamos para hacer un recuento detallado de cómo es nuestro entorno? La mayoría de las ciudades en América Latina padecen los mismos problemas. Además de la distribución de servicios, pensamos en aquellos que tienen que ver con la pobreza, el transporte público, la vivienda, el crecimiento poblacional, entre otros problemas.
Medellín vista desde quienes llegaron a la función pública, hace más de 10 años, debido a un movimiento cívico de ciudadanos convencidos que podían mediante la política transformar su ciudad, ha pasado por un proceso en donde intervinieron técnicos o especialistas que se enfocaron en resolver, como en un ejercicio de acupuntura urbana, los problemas prioritarios de la ciudad con un enfoque participativo.
De ahí se dieron cuenta, como afirma el ingeniero César Hernández que las ciudades del mundo se pueden dividir, en un primer diagnóstico, en dos: las que están planificadas y las que no. El gran reto de los urbanistas, sociólogos, comunicadores entre otros expertos es cómo unir a esas dos partes y romper los “ghettos” que se han creado por la desigualdad y la violencia.
Por eso fue muy importante para los funcionarios colombianos poder hacer diversas lecturas sobre el territorio que consideraran, principalmente, la pobreza entendida en 4 aspectos básicos: densidad de la población, la planificación sobre la zona, las periferias y el número de habitantes. A esta radiografía habría que agregar otros dos ingredientes: la posición geopolítica de los barrios (relaciones de actores, conflictos, procesos sociohistóricos, etc.), tanto como la movilidad y conectividad con el resto de la ciudad (transporte público, superficie, puntos de conexión con otros barrios, etc.)
Estos diagnósticos fueron la base técnica para crear una metodología de intervención social con proyectos específicos para innovar. Pasar de los puntos críticos a resolver con ejercicios prácticos la planificación territorial. Entonces, la construcción de ciudad se convierte en darle características que pongan en primer lugar a los seres humanos. Proyectos de escala humana con principios de sustentabilidad que sean expresiones urbanas de la política educativa del gobierno local. Reconocer a la ciudad significa, entonces, recuperar la confianza en lo público, la unión de los “mundos” divididos por la pobreza y la violencia. Un mismo plano cartesiano interconectado para la comunidad, en donde ésta no sólo es beneficiada de una ciudad amable, sino que contribuye a que se sostenga así en el tiempo. Eso, después de años de trabajo, intenta ser Medellín.
