Artículo original en inglés, por Ed Struzik, deYale Environment 360
(Tomado de Courrier International. Traducción de Félix Ramos Gamiño)
Una noche de noviembre de 2011, cuando dormía profundamente, Jerry Cowley fue despertado por alguien que golpeaba violentamente a la puerta de su casa, situada en la aldea de Churchill. Creyendo que su hijo estaba de regreso después de haber pasado la noche en el bar, se levantó, al tiempo que pensaba en sermonearlo severamente por haber olvidado sus llaves.
Cuando abrió la puerta, se encontró frente a frente no con su hijo, sino con un oso polar impresionante, dispuesto a entrar en la sala. “Le dije que se largara”, recordaba Jerry Cowley a la mañana siguiente. “Era la primera vez que alguien me obedecía después de recibir tal orden”. A final de cuentas, el oso no causó daños mayores. Sin embargo, desde ese momento, Jerry Cowley se prometió a sí mismo jamás volver a abrir la puerta sin antes asegurarse quién está del otro lado.
Desde hace décadas, los osos polares forman parte del paisaje en esta aldea, llamada “la capital mundial de los osos polares”.
Cada año, varios cientos de animales vienen a refugiarse aquí, en el mes de julio, debido al derretimiento de los hielos polares. Por lo general, se pasan unos cuatro meses en tierra firme, hasta que el hielo se vuelve a formar y ellos pueden regresar a cazar focas, su principal fuente de alimento.
Sin embargo, desde hace unos diez años, los hielos polares se derriten más rápidamente al acercarse el verano, y son numerosos los osos que se ven obligados a trasladarse más pronto a la costa oeste de la Bahía del Hudson, y a permanecer ahí más largo tiempo.
En Churchill, el equipo de intervención de Manitoba, encargado de proteger a estos animales, se ha visto desbordado, sobre todo en el otoño, como he podido darme cuenta cuando pasé algunos días con ellos, en el mes de noviembre anterior.
El verano y el otoño de 2011 se revelaron como representativos de la situación a la que se tiene que enfrentar la población de Churchill: como los hielos se derriten en junio, un mes antes que hace 30 años, más de 300 osos polares llegaron antes a la aldea de Churchill y a sus alrededores. Y como se asientan en tierra firme más largamente que de costumbre, su presencia es cada día más problemática para los cerca de mil habitantes de Churchill.
En noviembre eran tantos los que habían llegado a la ciudad, que el centro preparado para recibir hasta 28 bestias durante el tiempo que el hielo tarda en volverse a formar, estaba lleno ya, como lo pudo constatar Andrew Derocher. Esta “prisión” para osos está instalada en un viejo hangar para aviones refrigerador, en las afueras del poblado. Una vez que todos los lugares están ocupados, el equipo de intervención debe narcotizar a cierto número de osos, y regresarlos por avión a zonas más alejadas.
Los habitantes de Churchill adoran detestar a los osos polares, que han escogido la localidad después de que el ejército canadiense abandonó progresivamente su base entre los años 60 y 70. (La presencia del ejército, algunos de cuyos miembros mataban a tiros a los osos, impedía que las bestias se acercaran más).
En la actualidad, la llegada de los osos atrae anualmente a más de diez mil turistas. Si, de cualquier forma, los osos se convierten en una molestia, los habitantes saben perfectamente qué número deben ser. Durante el otoño de 2011, Bob Windsor y sus colegas, responsables de la protección de la naturaleza en la provincia de Manitoba, se vieron rebasados durante meses.
Desde hace unos 30 años, los biólogos y los agentes como Bob Windsor han puesto en práctica técnicas eficaces para encontrar y alejar a los osos antes de que sea necesario narcotizarlos o matarlos. En tiempos pasados, cada año se daba muerte hasta a 29 osos peligrosos. Sin embargo, desde 1981, el programa de intervención creado para ocuparse de los osos busca promover la protección de estos animales, así como de las personas y sus bienes. Se debe destacar el hecho de que, desde el lanzamiento del programa, solamente se ha dado un caso en que una persona haya sido muerta por un oso.
Las misiones del equipo de intervención tienen por objeto reducir el número de confrontaciones entre hombres y osos; limitar, los daños causados a las casas habitación y a las empresas, y bajar hasta el mínimo posible el número de osos a los que haya que narcotizar o practicar la eutanasia. Se han logrado progresos importantes, pero el derretimiento del hielo polar sigue siendo el gran desafío.
Dado que los osos polares atraen turistas, el gobierno de Manitoba se opone a la caza deportiva y de subsistencia, contrariamente a los de los territorios de Nunavut y del Noroeste. Sin embargo, buen número de los animales que arriban a Churchill para pasar el verano y el otoño, al llegar el invierno migran hacia estas regiones, donde los inuits y los cazadores reciben autorización para abatir a determinado número.
