Cinthya Araiza
Que ironía que la cura a todos nuestros males no tiene precio, no requiere de tratamientos ni un lapso determinado de tiempo para que haga efecto… todo ser humano cuenta con ella o al menos tiene acceso a ella. Se trata de la felicidad. Así es, el reír o sonreír es vivir; está científicamente comprobado que los seres humanos que son felices, pueden vivir hasta 10 años más que aquellos que se creen y se sienten desdichados. No por nada se ha propuesto que la felicidad es un trastorno psiquiátrico, además de que se debería de incluir en los manuales de diagnóstico bajo el nombre de Trastorno afectivo mayor, tipo agradable. Esto fue propuesto a principios de los años 90s por el psiquiatra Richard Bentall y fue publicado en el Journal of Medical Ethics. Sin embargo, es evidente que la dichosa felicidad es, estadísticamente hablando anormal del sistema nervioso central.
Médicamente, la felicidad es considerada como un conjunto de pequeños síntomas asociados a una serie de alteraciones cognitivas que muy probablemente reflejen un funcionamiento anormal del sistema nervioso central. Dr. Ricardo Garnica, psiquiatra
La principal objeción a la que se enfrenta dicha propuesta para que sea considerada una dolencia, es que paradójicamente, la felicidad no se valora no se considera algo malo, algo que para nuestra propia paz, podemos considerar como algo normal. Las personas que gozan de una vida con poco o casi nada de estrés, quienes tienen una vida más relajada, y los niños cuya vida está marcada por el juego y la constante convivencia con amistades, además de tener un agradable ambiente familiar, son aquellos seres humanos clasificados como los más felices del mundo.
Quizás lo importante recae en que para llegar a ese sentimiento de felicidad, es necesario buscarlo en una combinación de múltiples factores y no sólo en uno mismo. Es verdad que nadie, ni los más expertos investigadores pueden responder preguntas como ¿en qué radica la felicidad? ó ¿qué es y de qué se compone la felicidad? …pero si se puede tener una propuesta, una pista para poder encontrarla si es que se cree que se carece de ella. Ni Confucio, ni Buda ni Paulo Cohelo tiene claro qué es la felicidad; nosotros no pretendemos tener la clave, sólo damos pistas, las personas que disfrutan más de los contactos sociales de calidad, son las más felices y cuanto más feliz, mayor la expectativa de vida. (Garnica, R.)
Lo que sí está comprobado científicamente, es que el estrés crónico debilita al sistema inmunológico y provoca un importante aumento de la presión sanguínea, lo que causa un impacto directo en la esperanza de vida de un ser humano. Preocuparse por un pasado que ya pasó y que no hay nada que se pueda hacer para volver, ó preocuparse por un futuro en el que no sabemos qué nos traerá, nos desconecta de la vida; dichas preocupaciones nada trascendentales sólo logran quitarnos años.
Entonces es un hecho que si se quiere edificar un país más sano, mejor y productivo, los gobiernos deben poner manos a la obra para potenciar la felicidad de sus ciudadanos…viéndolo desde un punto de vista egoísta y más realista, se ahorrarían millones de pesos- y hasta dólares- en gastos médicos del seguro social, lo cual valdría mucho la pena.
