Interacción entre organismos: parásitos, biotecnología e invocación a las interéticas

Spread the love

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

fishinteractionLa interacción entre los organismos se ha estudiado en el área que en los años 1980 se definía como “biología de sistemas”, donde se ha movido la parasitología tradicional. Se ha presupuesto que los parásitos toman del huésped lo que necesitan, le causan daños y no dan nada a cambio. La aplicación a la parasitología de las técnicas y aproximaciones estratégicas de la biología molecular, de la biología celular y de la inmunología ha supuesto una revisión de lo que se define como parásito.

Varios casos sirven para ilustrar este cambio. Uno de ellos, presentado en la revista Science in School (M. Kaplan, “Healthy horrors: the benefits of parasites”, issue 20, autumn 2011, como ejemplo de ciencia de frontera para jóvenes escolares en los 13-14 años), relata que dos especies de gusanos platelmintos (tenias) de los géneros Anthobothrium Paraorigmatobothrium que parasitan a los tiburones, acumulan concentraciones muy altas de metales tóxicos como cadmio y plomo (entre 300 y 450 veces más elevadas que las que acumulan los tiburones). Este trabajo, publicado en 2007 por un investigador iraní, Masoumeh Malek en la revista Parasitology, ha planteado dudas acerca de si los gusanos que así interaccionan con los tiburones merecen el calificativo de parásitos o si mas bien juegan otro papel, todavía no bien definido.

Esta situación borrosa se dio también en el caso de los humanos cuando un investigador del británico Medical Research Council, John Turton, que padecía una alergia crónica de importancia, decidió infectarse con anquilostomas de la especieNecator americanus. Tras esta aparentemente loca decisión, estaban las hipotéticas ventajas derivadas de un sistema inmunitario que cambiaría su comportamiento al acostumbrarle a actuar contra parásitos; en su presencia corregiría su agresivo mal funcionamiento contra los componentes de su propio cuerpo. Este auto-experimento condujo a la disminución de sus alergias y se publicó en la prestigiosa revista The Lancet.

Pero se trataba de un solo caso y la correcta investigación biomédica requiere realizar estudios con un número significativo de sujetos participantes. Esta necesidad ha puesto de manifiesto que se debía acudir a estrategias más razonables y menos arriesgadas, por lo que ha sido preciso buscar la molécula o moléculas que pudieran ser responsables del proceso. Un equipo de investigadores de la Universidad Strathclyde en Glasgow, dirigido por William Harnett, está experimentando con una proteína compleja, procedente de un gusano, Acanthocheilonema viteae, que parasita a roedores y que muestra la capacidad de reducir las respuestas alérgicas.

El segundo caso, que está suscitando mucho interés y notable repercusión mediática, es el uso de la ingeniería genética para modificar mosquitos de la especie Aedes aegypti, responsables de la transmisión del virus del dengue.

En una franja de países tropicales y subtropicales, cuatro tipos de virus infectan esta enfermedad a unos 700 millones de personas cada año, para cuya patología, con un amplio espectro de trastornos que pueden llegar hasta la muerte, no hay curas ni vacunas. El riesgo de su expansión aumenta con la globalización y el calentamiento (véase “ El virus del Nilo se hace global” enEl País, 1 de septiembre de 2012,pág. 30). Una periodista, Bijal P. Trivedi, cualificada en biología (Investigación y Ciencia, número de enero de 2012, págs. 60-67) y dos investigadores de la Universidad de Florida, Jorge R. Rey y L. Philip Lounibos (ibid., págs. 13-14), han puesto de manifiesto que la estrategia para reducir la enfermedad es la lucha contra el mosquito vector.

Trivedi describe la ofensiva del equipo del biólogo molecular Anthony James, de la Universidad de California en Irving, con la introducción de genes que bloquean el desarrollo de los músculos del vuelo en las hembras de la especie. Cuando un macho modificado genéticamente se aparea con una hembra silvestre transmite a la descendencia sus genes modificados. En esta descendencia, las hembras sobreviven muy poco tiempo: cuando salen del estado de pupa permanecen en el agua, inmóviles, incapaces de volar, de aparearse y, por ello, de propagar la enfermedad. Sin embargo, la progenie masculina vivirá para diseminar su dotación genética, capaz de llevar al exterminio de la población. James ha trabajado en condiciones confinadas, experimentando en su laboratorio con jaulas de mosquitos y ha seguido un proceso, ajustado a la responsabilidad ética de la investigación, con un equipo multidisciplinar en el que se incluyeron antropólogos y expertos en ética.

Otro investigador, Alphey, de la Universidad de Oxford, a diferencia de James, con el que colaboró en un principio, ha seguido una estrategia mucho más agresiva al liberar los mosquitos transgénicos en la isla caribeña de Gran Caimán a lo largo de varios años. En el año 2012 ha realizado otro experimento de liberación intencional en Brasil con apoyo oficial, que es el que ha tenido eco en los medios.

Esta estrategia impetuosa ha suscitado intensas reacciones socio políticas con riesgo de repetir los problemas que ha experimentado la agricultura biotecnológica. La consiguiente reflexión me lleva a insistir sobre la necesidad de aplicar dimensiones éticas, basadas en la responsabilidad y en el análisis consecuencialista. En los procesos complejos se implican diversos agentes, lo que conduce al concepto de interéticas para gestionar la diversidad de intereses y obligaciones con el fin de alcanzar una adecuada gobernanza, es decir, contar con su legitimación ética.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back To Top
Spread the love