Ismael Vidales
Durante el último tercio del siglo XIX los cancioneros alcanzaron una popularidad singular especialmente a partir de la época del Presidente Sebastián Lerdo de Tejada (1872-1876).
En ese tiempo circulaban canciones impresas en hojas sueltas y en pequeños folletos, como es el caso de La historia cantante que se publicó en 1878 y que criticaba fuertemente al presidente Lerdo de Tejada, a Don Porfirio Díaz y a otros políticos.
Se valían de un truco muy simple, cambiaban la letra de canciones muy conocidas pero conservaban la música o tonada, así el pueblo desahogaba sus críticas al gobierno.
El negocio de las editoriales era bastante próspero y había trabajo para dibujantes y grabadores como José Guadalupe Posada que ilustraba las publicaciones que hacía Antonio Vanegas Arroyo.
De estos cancioneros se surtieron las primeras casas de música que grabaron en México, como es el caso de Columbia, Edison y RCA Víctor.
Cuando los fonógrafos y los cilindros ganaron terreno a los cancioneros hubo mercado para los dos: es decir los cancioneros itinerantes y la nueva tecnología, rudimentaria a más, pero tecnología.
Entre 1870 y 1935 fueron súper famosas las «Hojas de papel volando» que llevaban los cancioneros con canciones impresas. Estas hojas eran de vivos colores y las tendían en el suelo con una piedra encima para que no las volara el aire, en tanto los cancioneros, guitarra en mano, no dejaban de cantar en tanto la gente compraba y compraba las hojas.
De este época es la frase utilizada en un viejo son abajeño del siglo XIX que dice «Negrita del alma mía, hojas de papel volando…» que alguien cambió por «ojos de papel volando» que realmente no tiene ningún sentido.
Personajes como Samuel M. Lozano fueron cancioneros muy famosos, éste en particular recorrió prácticamente todo el país y fue el «corridero» oficial de Pancho Villa, por eso los estudiosos del corrido lo llaman «El padre del corrido». De este cantautor, son: La rielera, Mi gusto es, Noche serena y oscura… entre otras.
En 1905, surgió en Yucatán un cancionero muy famoso con el nombre de «El ruiseñor Yucateco», y en 1909 se publicó el Cancionero de Chan Cil; en San Antonio, tex., se editó «El ruiseñor mexicano» en 1925.
Sin lugar a dudas, el cancionero más famoso, fue el Cancionero Picot que surgió en 1924, que contenía las canciones nuevas y anuncios de los Laboratorios Picot que vendía tónicos reconstituyentes, jarabes y por supuesto la famosísima «Sal de uvas Picot» para combatir la acidez estomacal.
Los cancioneros Picot se repartían por miles de puerta en puerta, y muy especialmente en las boticas y droguerías. Además tenía un tremenda publicidad entre 1931 y 1962 en las estaciones de radio de alcance nacional e internacional XEB y XEW.
El Cancionero Picot tenía como emblema a dos personajes dibujados muy a la mexicana: un charro muy tragón que siempre vivía con acidez estomacal llamado Chema tamales y su dama, una hermosa china mexicana llamada Juana. Por supuesto, los problemas estomacales de Chema, siempre los resolvía la Sal de Uvas Picot.
Cuando dejó de publicarse el Cancionero Picot, surgieron otros con regular éxito, como el Cancionero Mejoral, y otros que imprimieron: Refrescos Orange Alea, RCA Víctor, Peerles, Tequila Sauza, Jarabe Wampole, sinfonolas Wurlitzer.
De 1948 a 1964 el periodista Roberto Ayala fundó la editorial Selecciones Musicales que se encargó de publicar diversos cancioneros, entre ellos: Álbum de oro de la canción; Cancionero mexicano; Cancionero del recuerdo; y Cancionero ranchero.
Así desaparecieron prácticamente los cancioneros, una veta editorial y de diversión muy importante en la cultura nacional.
Si usted tiene por ahí alguno de estos cancioneros, tal vez deshojado e incompleto, seguramente encontrará compradores en la Internet, porque los cancioneros, no han muerto del todo.

