El estado de ánimo influye en el sistema inmunológico

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MEC Gisela Aguilar Martínez

Aunque no lo creamos, nuestro estado de ánimo está muy relacionado con nuestro bienestar físico y con ciertas enfermedades y  puede llegar a ser determinante para mejorar la calidad de vida.

El estrés, la falta de afecto y el desánimo alteran a las hormonas que modulan el sistema inmune, y, en consecuencia, predisponen a las enfermedades infecciosas, dificultan el cicatrizado de las heridas y pueden agravar el curso de algunos cánceres y de otras enfermedades.

Las evidencias provisionales apuntan a que las emociones negativas estimulan la producción de hormonas (cortisol, catecolaminas, citoquinas) que tienen amplios efectos sobre las células de la sangre (linfocitos), que normalmente se ocupan de neutralizar y destruir los agentes infecciosos y las células cancerígenas.

Se ha podido demostrar, por ejemplo, que el estrés y la ansiedad provocados por los exámenes de fin de curso se asocian a una débil, o retrasada producción de anticuerpos. En esos mismos estudiantes ansiosos por los exámenes, la cicatrización de heridas, que también tiene mucha relación con el sistema inmune, es un 40% más lenta que en las vacaciones de verano (en los mismos individuos). La interleuquina-1 (IL-1), un importante modulador inmunológico, mostró una clara reducción.

Otros factores estresantes para los que se ha podido demostrar un efecto perjudicial sobre el sistema inmune, son: estar a cargo de un cónyuge con Alzheimer, el estrés laboral sostenido, el aislamiento social, el desempleo y las relaciones personales tensas. En una serie de experimentos pudo demostrarse que incluso el desánimo leve y transitorio se asocia a una baja producción de anticuerpos contra una sustancia inocua ingerida por los voluntarios.

El sistema endocrino sirve como una puerta central para las influencias psicológicas en la salud; el estrés y la depresión pueden provocar la segregación de hormonas por las glándulas pituitarias y suprarrenales que tienen múltiples efectos sobre la función del sistema inmune.

Los individuos estresados duermen mal, se alimentan peor, hacen menos ejercicio y tienden a abusar del alcohol y de las drogas, y todo ello tiene consecuencias sobre el funcionamiento del sistema inmune. Por ejemplo, el sueño profundo es uno de los principales estimulantes de la segregación de la hormona del crecimiento, que es a su vez un estimulador del sistema inmune. El estrés, por lo tanto, puede empeorar la salud también por esta vía indirecta.

Todos hemos sido testigos del increíble poder que puede tener una carcajada. La risa es altamente contagiosa y, sobre todo, crea una atmósfera llena de “buena energía”. Cuando reímos, estamos liberando endorfinas, lo cual es beneficioso para nuestra salud y bienestar. Además, al reír estimulamos alrededor de 14 músculos faciales, tórax y abdomen.

El buen humor  no solo te beneficia, sino que también se transmite, puede traspasar cualquier barrera y lograr una respuesta positiva en las demás personas. Manteniendo  esta “sintonía” se estará contribuyendo a que el entorno sea más feliz y saludable.

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